La víctima de Medina del Campo señala al padre de los dos acusados como autor del disparo

Los dos jóvenes, con sus respectivos abogados defensores, al inicio de la vista. /Rodrigo Jiménez
Los dos jóvenes, con sus respectivos abogados defensores, al inicio de la vista. / Rodrigo Jiménez

Los jóvenes juzgados por tentativa de asesinato se dicen víctimas de la pelea que terminó a tiros

M. J. Pascual
M. J. PASCUALMedina del Campo

No estaba sentado en el banquillo, pero Francisco B. fue el protagonista del juicio en el que sus dos hijos están acusados de intento de asesinato. Los hermanos Ricardo y Juan Manuel B. G., que se acogieron a su derecho a no declarar sobre su progenitor (en paradero desconocido y en busca y captura desde la reyerta), se presentaron ante el tribunal como las verdaderas víctimas de la pelea que precipitó la tragedia. «Si fue así, ¿por qué huyeron ustedes?», les preguntó el fiscal. «Por miedo a represalias», le respondieron. Pero no fueron ellos los peor parados de la riña que comenzó sobre las doce de la noche del 5 de septiembre de 2013 en los coches de choque de la feria de Medina. Dos horas más tarde, el enfrentamiento entre los miembros de dos familias gitanas terminó a tiros y con un hombre, Diego F., que se ha quedado casi ciego por el disparo que recibió en pleno rostro.

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En medio de importantes medidas de seguridad (cacheos incluidos) para impedir que los integrantes de ambos clanes entraran en contacto antes de entrar en la sala, comenzó el juicio en la Audiencia de Valladolid. El primero en declarar fue Ricardo B. G., el mayor de los hermanos, quien realizó un relato bastante alejado de la tesis del fiscal. Relató que se encontraba en la atracción de los coches de choque y salió en defensa de su hermano Juan Manuel, «a quien estaban golpeando Rodrigo y Sansón», hermano y sobrino de Diego F. Este, según la declaración del acusado, llegó con una cachaba. «Nos dieron golpes y sacaron las navajas», precisó. «La gente se metió a separar, nos sacaron fuera de la feria y salimos corriendo».

Ambos hermanos, «ensangrentados», declaró, fueron a casa de su abuela y de allí a la de su tío Manuel. Allí les curó y estuvieron toda la noche. Por la mañana, un familiar les llevó en coche hasta Palencia, después a Madrid, donde se quedó el pequeño, y el mayor siguió hasta Valencia. Les atendieron en la Paz y en un hospital valenciano, respectivamente. Ricardo B. G. negó, a preguntas de la acusación, que hubieran ido a casa de su padre para luego ir al domicilio de Diego F. con una escopeta de caza y navajas para acabar con su vida. También rechazó que el incidente obedeciera a una mala relación entre las familias.

Los acusados se acogieron a su derecho a no declarar contra su progenitor, en paradero desconocido

Su hermano Juan Manuel B. G., que padece sordera, señaló que como consecuencia de los golpes que le dieron ha pasado de tener una discapacidad del 40% al 48%, e insistió en que fue el hermano y el sobrino de Diego F. quienes empezaron la pelea, chocando con fuerza el coche contra el suyo mientras le insultaban. Dijo que él «jamás en la vida» llevaba cuchillo o navaja y negó que hubiera ido con su hermano y su padre al domicilio de Diego F. con una escopeta y una navaja. «Me dieron un golpe en la ceja, perdí el audífono y el conocimiento y todo, sangraba muchísimo. Mi hermano me sacó de allí», declaró.

Ricardo y Juan Manuel B. G. escucharon sin inmutarse a Diego F. cuando contó que él, en realidad, lo que hizo fue separarles en la feria y «terminar bien, porque era una cosa de chicos». Pero cuando la familia regresó a su domicilio y estaban a punto de irse a dormir, cerca de las dos de la mañana, oyeron el claxon de un coche y salió por las puertas traseras de su casa, seguido de cerca por su mujer y vio a dos hombres que le apuntaban con una escopeta. El primer tiro lo recibió de lleno en plena cara. Entonces, ya cuando huían, la mujer les increpó, se volvieron y hubo, al menos, un segundo disparo.

Ambos testigos coinciden en que Francisco B. fue quien lo hizo. La mujer de la víctima, Rosalía L. B., además, asegura que el hijo que le acompañaba, Ricardo, llevaba en su mano izquierda un corquete de cortar racimos de uva.

Este martes continúa el juicio en la Audiencia de Valladolid. El fiscal pide penas de diez años de prisión para cada uno de los acusados.

«Señoría, ¿esto es legal?»

Las contradicciones en las que incurrieron ayer los testigos respecto de sus primeras declaraciones ante la policía y el instructor obligaron al presidente del tribunal, Feliciano Trebolle, a puntualizar en numerosas ocasiones para evitar la confusión y cierta desesperación en los abogados y la acusación. El surrealismo llegó a extremos tales como durante la declaración de la esposa de Diego F. , a quien el fiscal solicitó que le dijera los nombres de sus cinco hijos para comprobar quién era quién en las declaraciones. «Esto es legal?», se molestó la testigo. Al final, aclaró que la hija que testificó ayer se llama Yaiza pero que a ella le gusta llamarle Yerai y por eso no aparece su nombre en los autos.

 

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