Los vecinos se mojan en espuma para despedir las fiestas en Villamuriel

La fiesta de la espuma fue el mejor antídoto contra el calor./M. G. M.
La fiesta de la espuma fue el mejor antídoto contra el calor. / M. G. M.

Un chocolate con churros para todos los vecinos y visitantes cerró seis días de festejos en honor a San Pelayo, patrón de la localidad

Miguel García Marbán
MIGUEL GARCÍA MARBÁNVillamuriel de Campos

Una multitudinaria fiesta de la espuma despidió ayer las fiestas de Villamuriel de Campos en honor a San Pelayo. Tanto mayores como pequeños pudieron combatir las altas temperaturas con enormes montañas de espuma. Previamente, por la mañana, un tren callejero turista hizo las delicias de los vecinos con sus paseos por las calles del municipio vallisoletano. El final a seis días de fiesta llegó de la forma más dulce: con un sabroso chocolate con churros.

El alcalde de la localidad, Anacleto Pascual, atribuyó al buen tiempo que hacía la gran afluencia a los festejos, tanto de vecinos de otros pueblos como de amigos y familiares de Valladolid. En este sentido, señaló que en la verbena del sábado hubo más de 200 personas, en un pueblo de poco más de medio centenar de censados. Asimismo, el regidor destacó que «las actividades programadas han tenido gran calidad». El veterano alcalde quiso recordar también las fiestas de tiempos anteriores en las que, junto a los actos religiosos, eran habituales tres sesiones de baile –a la hora del vermú, por la tarde y por la noche–, cada uno de los tres días de las fiestas.

Entonces era costumbre que el segundo día, por la tarde, se celebrarse el baile del desengaño, en el que «los jóvenes que se estaban ennoviando, si no bailaban juntos era que la relación no prosperaba», aseveró. En aquellos festejos, además, ya había limonadas, que es como se llamaba antes a las peñas, a las que Pascual quiso agradecer el que dieran «tanto ambiente festivo». En lo relativo al patrón, San Pelayo, el pueblo conserva una reliquia que un párroco llevó en el siglo XX.