Valladolid registró en dos años 98 casos de discriminación racial

Jornada sobre el servicio de orientación a víctimas de discriminación, en el Patio Herreriano. /ALBERTO MINGUEZA
Jornada sobre el servicio de orientación a víctimas de discriminación, en el Patio Herreriano. / ALBERTO MINGUEZA

Un servicio gestionado por ocho ONG atiende y asesora a las personas excluidas por su origen, etnia o color de piel

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«Busco inquilinos solventes dispuestos a pagar entre 300 y 400 euros al mes, con tres meses de fianza». Hasta ahí sin problema. Pero el anuncio, publicado en una web de clasificados, continuaba así: «Gitanos y rentas garantizadas ciudadanas no serán tenidas en cuenta». Carmen Jiménez, abogada de la FundaciónSecretariado Gitano, hizo un pantallazo del anuncio, apuntó el número de teléfono y llamó. «Le dije que quería alquilar el piso, le conté mis ingresos, que no tenía problemas con la fianza... pero cuando añadí que era gitana, entonces el propietario cambió por completo, con una actitud totalmente xenófoba», explica la abogada, para el que, asegura, es uno de los casos de discriminación que todavía hoy se viven en Valladolid.  

El servicio de asistencia y orientación a víctimas de discriminación racial o étnica (que gestionan ocho ONG) registró en dos años 98 casos en Valladolid, que es donde se encuentra la oficina regional para recoger este tipo de reclamaciones. Fueron 1.214 en toda España, según las cifras presentadas ayer durante una jornada celebrada en el Patio Herreriano, que reunió a abogados, psicólogos, trabajadores sociales, agentes de igualdad y responsables de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Todos ellos constataron un incremento de las denuncias por discriminación, desvelaron que la mayor parte de las situaciones vejatorias no se denuncian (el porcentaje puede llegar al 90%, según Movimiento contra la Intolerancia) y subrayaron que cada vez es mayor el volumen de casos ocurridos a través de las redes sociales y de Internet.

La mayoría (el 19,5%) ocurre a la hora de buscar un puesto de trabajo, cuando el empleador recurre a todo tipo de excusas para no contratar a determinados colectivos. «A veces se inventan que el puesto ya está cubierto, pero en ocasiones no hay rubor a la hora de decir que no».

Le ocurrió a F. B., un cocinero italiano de 53 años que fue despedido de un local hostelero de Valladolid donde apenas trabajó un mes. «Tuve un accidente laboral, me quemé con aceite la mano derecha y pedí ayuda para acudir a las curas y al médico. Todo fueron problemas. Así que empecé a mostrar mi descontento, porque además estaba contratado por ocho horas pero hacía muchas más. Al final, la jefa me despidió». «No eres español, no sabes hablar castellano, no conoces la gastronomía española y quiero a alguien más joven», le dijeron. F. B. planteó su situación ante el servicio de asistencia a víctimas de discriminación.

Allí le orientan.Se ofrecen para tareas de mediación o negociación y, llegado el caso, acompañan para presentar una denuncia ante la Justicia. Siempre, eso sí, después de comprobar que la discriminación existe. «Hablamos de percepciones, por eso es importante constatar las evidencias discriminatorias», asegura Mari Carmen Cortés, abogada y coordinadora estatal del servicio, quien ayer insistió en que la mayor parte de los casos de discriminación nunca cristalizan en queja. «Puede ser porque desconocen sus derechos, porque tienen miedo a represalias (del jefe, por ejemplo), porque no confían en el sistema jurídico o porque han normalizado la situación, porque si de forma cotidiana recibes insultos o ves que no te contratan... lo percibes como algo normal y no lo denuncias». Después del empleo se sitúan los casos de discriminación en el acceso a la vivienda, a la compra de bienes y servicios, también en educación o sanidad.

«El grupo de población que más incidentes sufre es el de los gitanos», comenta Cortés. Le siguen los llegados del África subsahariana y los magrebíes. Entre el público que asiste a estas jornadas en el Patio Herreriano hay varias personas llegadas desde Marruecos. Relatan su experiencia. Han sentido en ocasiones la discriminación, pero ninguna de ellas ha presentado una queja formal en el servicio. «Han llegado a escupir cuando pasaban a mi lado», cuenta F., una mujer que lleva ocho años en Valladolid y que vio cómo las madres del cole pidieron a los niños que no jugaran con su hija. «A veces te empujan adrede, ves que cogen más fuerte el bolso cuando pasas cerca, que ponen la mochila en el autobús para que no te sientes a su lado». Y han recibido también el no en alguna entrevista de trabajo: «Era para empleada del hogar. Me pidieron que me quitara el pañuelo. Dije que no y no me contrataron», cuenta F., una de las asistentes a la jornada. Los ponentes invitaron a que aquellas personas que sufran una situación de este tipo la denuncien en el servicio (900 20 30 41) y, en la sede de Procomar-Red Acoge, en la calle Fray Luis de León.

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