'Valladolid, Plaza Mayor del Vino' cierra con una gran fiesta con miles de asistentes y 28.000 vinos vendidos

Ambiente, esta mañana en 'Valladolid, Plaza Mayor del Vino'. /Rodrigo Jiménez
Ambiente, esta mañana en 'Valladolid, Plaza Mayor del Vino'. / Rodrigo Jiménez

La jornada matutina se alargó con los acordes de Cañoneros y con muchos y muy ruidosos aficionados del Athletic Club, que se mezclaron con los vallisoletanos entre caldo y caldo

Jesús Domínguez
JESÚS DOMÍNGUEZ

Los acordes de muchas canciones icónicas de los años 80 fueron oídos este domingo por miles de vallisoletanos y visitantes a 'Valladolid, Plaza Mayor del Vino', que echó el cierre de sus tres días de actividades y difusión vinícola con una gran fiesta. Vino anticipada por la intención de los Cañoneros, que arrancaron el concierto final cantando «vamos a cantar un rock and roll en la plaza del pueblo; vamos a cantar un rock and roll en la Plaza Mayor». Y Valladolid vibró, y con los vallisoletanos lo hicieron muchísimos aficionados del Athletic Club, que desde primera hora hacían ruido (siempre respetuoso) y calentaban motores para el duelo de Zorrilla a las 18 horas frente al Real Valladolid.

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Fueron el maridaje perfecto para un magnífico colofón a la hora del llamado vermut, que en esta ocasión, más que nunca, fue la del buen vino. Hasta 28.000 se despacharon durante todo el fin de semana en 'Valladolid, Plaza Mayor del Vino', superando con holgura los 20.000 vendidos en la primera edición del año pasado. A pesar de tratarse aún de su segunda celebración, el evento se ha consolidado ya como el canal perfecto que conecta dos vasos comunicantes como son el consumidor final y las bodegas, pertenecientes a las cinco Denominaciones de Origen presentes en la provincia y acompañadas también durante todo el fin de semana de firmas de alimentación que saciaban las ganas de acompañar con más productos de calidad esos buenos caldos, ya que bien sabido es que el vino es mejor en compañía.

Por eso también predominaban los grupos, más o menos numerosos, o las parejas que elevaron el número de visitantes durante el fin de semana a miles y miles. Aprovechando el buen tiempo y la relativa flexibilidad a la hora de echar el cierre, esta mañana de domingo muchos se dejaron atraer por la música y por los sentidos. Ya de paso, alguno trató de negociar tres puntos para el Real Valladolid, aunque dicen que quien es magia no necesita trucos ni el deporte trueques; en buena lid es como se han de ganar. En la misma en la que esta feria se ha convertido tan pronto en un referente que aspira a significar al vino en el calendario de la ciudad como lo hacen otros eventos en otros contextos como el cine, el teatro o el vino. Así lo reconoció Ana Redondo, la concejala de Cultura y Turismo del Ayuntamiento de Valladolid: «Es quedarse con una única cosa que identifique a Valladolid; Valladolid es la Seminci, es el TAC, es tapas y pinchos y también es vino. Valladolid se escribe con uve de vino, pero faltaba una fiesta en torno a él, y con esta feria se ha venido a colmar ese vacío».

La edil se congratula de que el público valide el éxito del evento, puesto que «indiscutiblemente avala que se siga mejorando el año que viene» de cara a continuar ponderando la calidad de los productos vinícolas propios. «Tenemos las mejores bodegas del mundo, indiscutiblemente, y cada vez más ciudadanos entran en la cultura del vino y la saben apreciar», recordaba, aunque sin olvidar a los profanos que han podido aprovechar para hacerlo este fin de semana a través, también, de las Rutas del Vino. «Han sido un éxito y no ha quedado ni una sola plaza», agregaba antes de brindar por la cultura del disfrute que aparejan los caldos, puesto que son eso, disfrute «en compañía de familia y amigos y en itinerancia para encontrar el mejor maridaje». Uno que a lo largo del todo fin de semana estuvo siempre, y con permiso de esas rutas, en la Plaza Mayor.