Valladolid se erige en receptora privilegiada de inversiones en un contexto de brusca caída

Instalación de fibra óptica en una calle de Valladolid. /Henar Sastre
Instalación de fibra óptica en una calle de Valladolid. / Henar Sastre

Solo Teruel y Huesca la superan en capacidad de captación de capital para infraestructuras y servicios entre 1995 y 2015

Ángel Blanco Escalona
ÁNGEL BLANCO ESCALONA

En medio de un panorama casi desolador, Valladolid puede sentirse un poco menos afligida. La caída de la inversión del sector público durante la última década ha reducido a niveles negativos la inversión neta en carreteras, ferrocarriles, infraestructuras urbanas o hidráulicas, puertos y aeropuertos. La inversión de reposición resulta insuficiente y muchos de estos activos están envejeciendo, lo que provoca que el 'stock' de capital en servicios públicos retrocedan el conjunto de España desde al año 2012. Según un estudio realizado por la Fun­dación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), en 2016 el 24,2% de las infraestructuras públicas ­tenían más de 20 años de antigüedad frente al 14,2% en 2007. Las hidráulicas, portuarias y viarias son las más envejecidas.

El dato

36
puestos ha escalado Valladolid en el 'ranking' de comunidades autónomas frente al resultado del periodo 1964-1995, según el análisis realizado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.

Si la comparación se realiza con lo que ha sucedido desde 1995, todos los territorios registran incrementos importantes de sus dotaciones de capital por habitante, aunque a ritmos distintos. No obstante, si las dotaciones actuales se comparan con las de 2007, se observan retrocesos. Los territorios del nordeste y Madrid presentan mayores dotaciones per cápita, mientras que las comunidades del sur tienden a tener valores bastante más bajos.

El informe utiliza el término 'esfuerzo inversor' como ratio inversión/PIB para analizar la capacidad de cada provincia para lograr que los capitales (tanto públicos como privados) se localicen allí, «algo que resulta determinante de las posibilidades de crecimiento de cualquier economía», explican. En este sentido, en el periodo 1964-1995, Valladolid ocupaba el puesto número 40 en la lista de provincias, con un resultado de 22,1%, frente al 24,3% de media nacional. En Castilla y León, Burgos ocupaba el puesto 41 y Palencia, el 42 (ambas con el 22%), mientras que la más favorecida era Salamanca, en el noveno puesto con el 27,8% de ratio de inversiones con respecto a su PIB. La primera de la lista era Cáceres, con el 44,5%.

Esta clasificación presenta un aspecto bien distinto en el periodo más reciente, el que abarca de 1995 a 2015. En este decenio, Valladolid figura en la tercera posición de la tabla nacional con el 30,5%, solo por detrás de Teruel (32,4%) y Huesca (30,8%) y empatada con Guadalajara. La media nacional es del 24,6% y por debajo de esta se sitúan Soria (24,4%) y Burgos (23,6%).

«Los datos –señalan los autores– muestran una capacidad de los territorios de atraer inversiones muy heterogénea y cambiante en el tiempo.Este hecho es relevante ya que en el atractivo inversor se encuentra una clave fundamental para explicar el dinamismo económico y demográfico de los territorios». Con todo, mientras entre 1964 y 1995 la distancia entre provincias alcanzaba un máximo de 33 puntos, en 1995-2015 la distancia máxima fue de 14.

Cambio de composición

Según señala la Fundación BBVA y el Ivie, a nivel nacional «antes de la crisis, las viviendas y el resto de construcciones representaban las dos terceras partes de la inversión y ahora no pasan del 50%; en cambio, han ganado casi 20 puntos porcentuales la maquinaria, las TIC y los equipos de transporte. También ha reforzado su importancia la inversión en activos inmateriales (software e I+D, fundamentalmente) hasta representar el 14% de la inversión agregada. Pese a estas mejoras, la inversión inmaterial sigue siendo menor que en los países más avanzados».

Mientras en los años anteriores a la crisis, los capitales públicos y privados aumentaron su capacidad productiva a ritmos similares, a tasas entre el 4% y el 5% anual, sus trayectorias en la última década han divergido de forma sustancial. El capital privado ha mantenido ritmos modestos pero positivos de crecimiento, impulsado principalmente por la industria y los servicios, pero las tasas de variación del capital público son negativas desde 2012.

En el caso de las infraestructuras públicas, el retroceso acumulado del stock desde ese año supera el 5%. Esta trayectoria del capital público se debe a que los ajustes de la inversión han sido tan fuertes que no se cubre la depreciación que experimentan unos stocks de infraestructuras públicas muy cuantiosos. Esa práctica supone un claro riesgo de deterioro del capital acumulado que se acentúa si parte de la nueva inversión pública no se destina a mantener las infraestructuras existentes sino a nuevos proyectos.