Valladolid acogerá de forma permanente un Belén Goyesco con escenas inspiradas en las obras del pintor aragonés
La profesora de Historia del Arte Carmen Alonso-Pimentel es la impulsora del proyecto, con más de doscientas piezas y ambientado en escenarios vallisoletanos, como Fuente Dorada y la Plaza Mayor
Son cuatro hombres y cinco mujeres. Con las manos unidas. Con sombreros y redecillas en el pelo. Con casacas de terciopelo y corsés. Vestidos de ... majos y con una sonrisa en el rostro. Con unas ganas locas de pasárselo bien. Forman un corro en cuyo interior hay un hombre más, con los ojos vendados y una gran cuchara en la mano. Francisco de Goya alumbró esta estampa en 1789 como base para un tapiz que tenía como destino el palacio de Carlos IV. Lo llamó 'La gallina ciega'. Y ahora, 236 años después, esta escena sirve de inspiración para una de los pasajes que formarán parte del futuro Belén Goyesco de Valladolid.
Se podrá ver dentro de unos meses en el Museo de San Joaquín y Santa Ana, monasterio que mantiene una estrecha vinculación con el pintor aragonés, ya que aquí se conservan tres obras del genial artista aragonés. «Así que, ¿qué mejor lugar para albergar un belén goyesco?», se preguntó Carmen Alonso-Pimentel, la promotora de esta iniciativa.
Nacida en Valladolid en 1942, trabajó como profesora de Historia del Arte en la universidad de esta ciudad hasta que, en 1968, se mudó a San Sebastián, donde ejerció como docente en Deusto. Allí reside todavía y allí, una vez jubilada a los 66 años, dio rienda suelta a dos de sus grandes pasiones: la cerámica y los belenes.
«Recuerdo cómo, de pequeña, hacíamos una ruta por las iglesias y colegios de Valladolid, para ver los belenes. Nosotros también teníamos montado uno en casa, muy grande, en unade las habitaciones», recuerda Carmen, quien con el paso de los años dejó dormir esa afición por los montajes navideños. «Hasta que me jubilé». Una vez que se vio con tiempo libre, se apuntó a un taller de cerámica. «En lugar de hacer cacharros, que es lo que solían hacer casi todos, empecé a moldear figuras». Y, de este modo, a diseñar un belén. Durante una primera etapa, preparó más de doscientos piezas para un Belén Napolitano que cedió y puede verse en el museo diocesano de San Sebastián.
Una vez rematado ese proyecto, Paula Alonso-Pimentel, sobrina de Carmen, le propuso un nuevo reto: ¿por qué no preparas ahora uno goyesco? Y así, hace seis años, empezó a modelar escenas como esa de 'La galina ciega'. La cabeza, manos y pies son de barro. El cuerpo, de estopa, para que las figuras pueden ser articuladas. Y todas ellas están primorosamente vestidas con retales y piezas de telas obtenidas de los desvanes familiares.
«Son tejidos que saco de camisas, de ajuares, incluso de vestidos de novia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. No se pueden usar telas actuales porque los tejidos sintéticos se notan mucho y no caen bien en las figuras», cuenta Carmen, quien subraya la necesidad, además, de contar con todo tipo de piezas, ya que hay que vestir tanto a las figuras que forman parte de la aristocracia (con sus plumas, sombreros y abanicos), como a las que proceden del pueblo llano. Su conocimiento de las pinturas de Goya («y de otros autores, como Bayeu») es clave para el diseño del vestuario, de las figuras y del hilo narrativo de la composición belenista.
«Los nacimientos goyescos, como los napolitanos, no tienen mucho de religioso. Sí que está el misterio, están los ángeles y los Reyes Magos, pero lo más importante es el enfoque costumbrista», explica Alonso-Pimentel. Y eso implica que gran parte de las escenas del belén recurran a pasajes sacados de los cuadros de Goya o de relatos de la época. Uno de los más conocidos, indica su autora, es 'La gallina ciega'.
«En la Ilustración, se promovían muchos juegos al aire libre, porque las ideas de los ilustrados iban en consonancia con el disfrute de la naturaleza». También están 'Los zancos', donde varios hombres, acompañados con música, calzan esas alzas de madera en una suerte de juego que servía para cortejar a sus novias. Y también hay ciegos con los pliegos de cordel, hombres que juegan a las cartas (y hacen trampas para desplumar a un joven aristócrata), niños que roban fruta, infantes montados en un balancín, mujeres que van a la fuente con cántaros, majas en el balcón…
Mayor realismo
«La labor de documentación ha sido muy importante para alcanzar el mayor grado de realismo posible», indica la impulsora de esta idea. Así, por ejemplo, los arrieros están vestidos de maragatos, ya que muchos de ellos procedían de esta comarca. Y el cacharrero, por la misma razón, viste alpargatas y barretinas típicas de Valencia. Y junto a los personajes cotidianos, otros representativos de la época, como las duquesas de Alba y de Osuna, Carlos III o El Empecinado.
Todas estas figuras estarán enmarcadas en un escenario ambientado en Valladolid, cuya escenografía correrá por cuenta de Paula, la sobrina de Carmen. Durante los próximos meses buscarán fondos y trabajarán en la elaboración de estos rincones, que reproducirán los soportales de la Plaza Mayor y Fuente Dorada o la fachada de la iglesia de la Pasión.
El montaje se llevará a cabo en la primera planta del Museo de San Joaquín y Santa Ana, donde el belén permanecerá instalado de forma permanente, «como colofón de la visita». «No se trata, por lo tanto, de un nacimiento navideño», explica. Su objetivo es que esté inaugurado antes de 2028, cuando se cumplen los doscientos años de la muerte del pintor. Parece mucho tiempo, pero es que la tarea que tienen por delante es ambiciosa. Así lo explica Jesús del Río, director del museo de San Joaquín y Santa Ana, quien entiende que para la institución es «un lujo y un honor» contar con este proyecto. «La vinculación es clara, porque aquí están las tres únicas obras de Goya en Castilla y León». La idea es que el montaje esté acompañado de un proyecto educativo donde se muestren las obras de Goya que están representadas en el Belén y que se informe, de una forma didáctica, sobre las características sociales, económicas, de tradiciones o indumentaria de la época. «El objetivo es que el resultado final trascienda al propio belén para enriquecer la visita al museo».
Las figuras (cerca de 220) ya están en Valladolid y el proyecto será presentado el próximo 26 de noviembre, a mediodía, en la iglesia de San Joaquín y Santa Ana, junto a los cuadros de Goya que se custodian en Valladolid.
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