Traspinedo rinde culto a su producto estrella

Traspinedo ha vivido una intensa jornada de disfrute del pincho de lechazo. /A. Mingueza
Traspinedo ha vivido una intensa jornada de disfrute del pincho de lechazo. / A. Mingueza

La localidad vallisoletana celebra este fin de semana la XII Feria de Gastronomía y Artesanía 'El Sabor de la Tierra', donde el pincho de lechazo es el gran protagonista

SOFÍA FERNÁNDEZTraspinedo

Como marca la tradición, Traspinedo encendió este sábado las brasas del sarmiento que sirven de cama al lechazo churro que tanta fama otorga a la localidad vallisoletana. Pero en esta ocasión era diferende; el pueblo desprendía un aroma especial, el que solo dan la calidad y la experiencia de una técnica trasmitida de generación en generación: el arte de preparar el auténtico pincho de lechazo a la brasa. Así, durante todo el fin de semana, la XII Feria de la Gastronomía y la Artesanía 'El Sabor de la Tierra' vuelve a dejar claro que este manjar está en alza y sirve como eje socioeconómico del pueblo, ya que dos carnicerías y seis mesones trabajan durante todo el año a pleno rendimiento en una localidad que apenas supera los mil habitantes.

Con un programa cargado de actividades para todos los públicos, la artesanía cuenta además con especial protagonismo gracias a los talleres demostrativos, de cometas, cerámica, títeres y juegos autóctonos en los que los más pequeños dejaron volar la imaginación. Además, como se ha venido haciendo en ediciones anteiores, la calle Mayor ha sido el escenario idóneo para ubicar el mercado de artesanía con un total de 29 puestos de venta de productos de alimentación, joyería, ornamentación o juguetes, que este año compartían espacio con majestuosos ejemplares de aves rapaces que dibujaban un panorama festivo donde el buen ambiente y una mayor afluencia de visitantes en comparación con ediciones anteriores se alargó durante toda la jornada.

Traspinedo ha vivido una intensa jornada de disfrute del pincho de lechazo. / A. Mingueza

En definitiva, tanto vecinos como visitantes han podido disfrutar de infinitas opciones de diversión para compartir con amigos y familia en un día que arrancó de forma oficial bajo el pregón de Juan Velicia Miranda, jefe de cocina de los restaurantes Corinto y Monsó Uno. En su discurso, Velicia habló de la propia elaboración del pincho de lechazo, del «regalo que supone crecer en un pueblo» y de los maravillosos recuerdos que conserva de su infancia en esta localidad.

Durante el acto, el anfitrión de estas jornadas, el alcalde de la localidad, Jesús Bazán, aprovechó para recordar la campaña contra el consumo de alcohol que han puesto en marcha la Asociación de Hosteleros y el propio Ayuntamiento para evitar cualquier hábito nocivo, sobre todo en edades tempranas. Así, el regidor estuvo acompañado de autoridades de pueblos vecinos, el diputado Luis Minguela o la subdelegada de Gobierno, Helena Caballero; fue ella precisamente quien dedicó unas palabras al pueblo y remarcó la relevancia que mantiene este producto en la zona, «convertida en referencia de Castilla y León».

Concurso de pinchos

Durante este día, toda la provincia mira hacia Traspinedo. Se convierte en epicentro de la buena mesa y como buena muestra de ello, los hosteleros del municipio amplían las opciones culinarias para todos los gustos, con las elaboraciones de suculentos pinchos que ofrecen a mayores los establecimientos participantes en el Concurso Popular de Tapas.

Terrazas, bares y restaurantes llenos bajo una sobremesa que dio paso a la tarde en la que actuaciones de flamenco, conciertos y novedades como una gran queimada con conjuro puso el broche de oro a una jornada en la que el pueblo de Traspinedo sacó pecho de su producto estrella.

Precisamente para conservarlo, nació hace cuatro años, la marca de garantía por parte de la Asociación de Asadores del Pincho de Lechazo, que avala la autenticidad y los orígenes de la elaboración de un producto que nació en esta zona. Fue a mediados del siglo XIX cuando los jornaleros del campo encontraron la necesidad de comer caliente fuera de casa. Así, de forma sencilla y sin tener que cargar con utensilios de cocina, troceaban las tajadas de lechazo, las sazonaban y las insertaban en una vara de mimbre para asarlas sobre las brasas de sarmiento que reposaban en la tierra. De aquella necesidad hace siglos nació el motor económico del pueblo de Traspinedo y su principal reclamo turístico, por el que hoy pasan miles de personas a degustar la exquisitez del trabajo bien hecho. La fiesta continúa el domingo con una amplia oferta gastronómica y cultural que promete ser el plato fuerte de una nueva jornada que se rinde ante este manjar al que pocos parecen resistirse.