La trashumancia reclama su espacio «histórico» por las calles de Valladolid

El rebaño de ovejas a su paso por el Puente de la Hispanidad. / Rodrigo Ucero

Un rebaño de 1.800 ovejas y 100 cabras cruza Valladolid en su tradicional peregrinación de 400 kilómetros desde León a Madrid

J. Sanz
J. SANZValladolid

«Vamos al sur de retirada de las montañas», explicaba a primera hora de la tarde, Jesús Garzón, cuando su rebaño de 1.800 ovejas y un centenar de cabras enfilaba la entrada de la ciudad (por Parquesol) para atravesar el puente de Hispanoamérica (con corte incluido del cruce de la avenida de Salamanca en plena hora punta) y tomar la Cañada Real camino de Puente Duero, donde acamparon anoche los seis pastores que guían este rebaño, cuyo ya tradicional paso por la ciudad, rumbo a Madrid, reivindicó un año más la «importancia histórica de la trashumancia» y, sobre todo, «la necesidad de recuperar y mantener las vías pecuarias de nuestro país, que los pastores venían utilizando desde hacía 7.500 años hasta la llegada del siglo XX, con la irrupción del tren, que cortó de raíz la trashumancia tradicional y que causó estragos en la regeneración de nuestros pastos y bosques».

El rebaño partió días atrás de las montañas de la vertiente leonesa de los Picos de Europa, donde pasó el verano en la Boca de Huérgano, para iniciar su tradicional ruta de cuatrocientos kilómetros camino de la capital madrileña, que atravesarán por su corazón el 20 de octubre, antes de alcanzar su destino final, en Fresnedillas de la Oliva, donde el ganado pasará los rigores del invierno en una de sus dehesas.

«Es una tradición milenaria que se perdió en el siglo XXcon la llegada del tren», recuerda Jesús Garzón

El responsable de esta iniciativa, que cumple 28 años, es Jesús Garzón, quien descubrió «el papel de la trashumancia tanto en la recuperación de las vías pecuarias, con 125.000 kilómetros de caminos ganaderos que unían todo el país, como en la regeneración de los bosques». Entonces era director general de Medio Ambiente en Extremadura. «Es una tradición milenaria que se perdió con la llegada del tren, que hizo que los rebaños se trasladaran en un día desde Extremadura a las montañas, cuando antes esta ruta se recorría entre los meses de abril y junio», recuerda el responsable del rebaño leonés, con 'pasto' habitual en Babia, quien incide en los «beneficios demostrados de la trashumancia como regeneradora de la flora gracias a la dispersión de las semillas» durante su trasiego entre pastos.

La comitiva, guiada por el cayado del pastor Juan Díez, durmió en Puente Duero para retomar su ruta por tierras vallisoletanas, que les llevará a Valdestillas y Alcazarén antes de adentrarse en Segovia por Coca camino de Madrid. «Somos seis personas las que acompañamos al rebaño, además de muchos amigos que se unen por el camino», aclara Jesús, quien explica que por las noches colocan un cercado portátil de redes eléctricas para encerrar al ganado y sus tiendas de campaña alrededor.