«Se los ha tragado la tierra al ceder el suelo y han vuelto a nacer los tres»

Bomberos, sanitarios y guardias, durante el rescate de los heridos en la vivienda de La Seca./M. Á. R.
Bomberos, sanitarios y guardias, durante el rescate de los heridos en la vivienda de La Seca. / M. Á. R.

Un hombre y sus dos hijos salen ilesos después de caer dos y cuatro metros, uno de ellos, a una bodega en su casa de La Seca

M. Á. ROCHAS Y J. SANZValladolid

«Han tenido suerte, mucha suerte, y los tres han vuelto a nacer después de que cediera el suelo de una habitación de su casa y se les tragara literalmente la tierra», ha resumido este lunes Juan, el enfermero del centro de salud de La Seca, poco después de protagonizar el inicio del rescate de un hombre y de sus dos hijos, que «tan solo sufrieron unas magulladuras leves» después de derrumbarse el suelo de una habitación de su vivienda del número 3 de la calle El Parchel y colarse los tres a una antigua bodega de la propia casa molinera construida debajo. Los tres han sido finalmente rescatados por el propio enfermero y los Bomberos después de colarse hasta una profundidad de hasta cuatro metros, en el caso de uno de ellos.

«Era imposible sacarles, así que fui a por una escalera y pudieron salir dos», relata el enfermero que les ayudó

Los hechos han tenido lugar al filo de las once y media de la mañana de este lunes, cuando los tres miembros de la familia acababan de llegar de Madrid, donde residen, para «echar un vistazo» al domicilio que utilizaban habitualmente de veraneo. El padre y un hijo estaban en una de las habitaciones cuando cedió el suelo y se colaron «a unos dos metros de profundidad por un socavón en forma de cono» mientras el segundo hijo veía la escena desde el pasillo. Este último intentó rescatarle, se lanzó al boquete y quedó también atrapado entre el barro. «Uno de los chicos, además, acabó colándose por una gatera que bajaba unos dos metros más abajo», recuerda Juan, el enfermero que acudió junto a la médico del centro de salud y que acabó ayudando a salir a las dos víctimas que estaban en el primer nivel del agujero.

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«Era imposible sacarles a mano, así que fui a por una escalera y por ella pudieron salir los dos; aunque al chico que estaba más abajo no había manera de llegar hasta él por el riesgo de que le cayera aún más barro encima», lamenta el enfermero. Así que esperaron la llegada de los Bomberos y estos lograron llegar hasta él unos minutos después. «Le tuvieron que sacar sujeto a una camilla rígida para evitar riesgos», añade el testigo del rescate.

Precinto de los Bomberos en la vivienda de la calle El Parchel.
Precinto de los Bomberos en la vivienda de la calle El Parchel. / J. Sanz

Los tres, pese a todo, solo sufrieron pequeñas magulladuras y «simplemente fueron trasladados al Hospital de Medina del Campo para examinarles». Después regresaron a la localidad para cerrar con un candado la vivienda , que quedó precintada, a la espera de que el arquitecto municipal examine el miércoles el interior para determinar «si existe algún tipo de riesgo de derrumbe», anticipan fuentes municipales antes de confirmar que «Mariano –el padre, de unos sesenta años– y sus hijos –de entre veinte y treinta– están bien más allá del susto».

Gracias al teléfono móvil

La casa, al parecer, tenía en su día la entrada a la bodega desde la habitación en la que se produjo ayer el derrumbe –muchas viviendas de LaSeca cuentan con este tipo de subterráneos– y sufría humedades evidentes. «Tuvieron la suerte de que solo se coló un colchón cuando cayeron y no un armario que quedó casi en el aire», suspira el enfermero, quien reconoce que «lo mejor es que los tres hayan podido contarlo».

«Te colabas por el barro y, al final, los Bomberos pudieron sacar al chico que estaba más abajo»

Uno de los hijos fue el que pudo avisar desde el agujero con el móvil. «Era el único que tenía teléfono y así pudieron avisar al 112, que nos llamó a nosotros y vinimos corriendo», recuerda el enfermero y artífice del inicio del rescate: «La verdad es que te colabas con el barro y era imposible sacar al segundo chico sin ponerle en riesgo y, al final, decidimos esperar a los bomberos y que ellos le sacaran con garantías».

Solo el padre presentaban magulladuras en la cabeza y los hijos, nada. «Ha sido un milagro», concluye Juan.