Instalan nuevos bolardos en el acceso a las rotondas de La Cistérniga para evitar la invasión de carriles
Los pivotes sirven para delimitar viales y evitar que los vehículos se cuelen en el tramo reservado para el sentido inverso de circulación
Operarios del servicio de conservación de carreteras han instalado este martes y miércoles unos pivotes para delimitar los carriles de circulación en los accesos a ... las rotondas de La Cistérniga con el objetivo de mejorar la seguridad vial en un punto conflictivo para el tráfico en la provincia. Los bolardos (de color verde) se han colocado entre los viales (tanto de acceso como de salida) que comunican las rotonda con la VA-30 (la ronda exterior) y en aquellos tramos en los que coinciden ambos sentidos de circulación para evitar, por lo tanto, la invasión del carril contrario.
De este modo, las balizas se han repartido, por un lado, en la rampa que desde la A-11 ingresa en la VA-30 (en dirección a Palencia y León) y que, en sentido contrario, conduce a los vehículos que vienen desde la ronda hacia esa rotonda que conecta con la Autovía del Duero y el acceso a La Cistérniga. Y además, se han colocado en la otra rampa, aquella que toman los vehículos que vienen desde la VA-30 (dirección Segovia) para dirigirse hacia Valladolid capital (en la rotonda más cercana al polígono de San Cristóbal) y los que desde ahí acceden a la ronda con sentido hacia Segovia y Salamanca.
La colocación de estos bolardos llega días después de que comenzaran los primeros trabajos para mejorar la seguridad vial en este tramo. Así, en un primer momento se picó el firme para generar unas bandas sonoras entre ambos carriles, que avisaban al conductor cuando invadía el vial contrario. Ahora, una vez repintadas las señales horizontales, llega esta instalación de pivotes para mejorar uno de los tramos más complicados del tráfico en Valladolid. No solo por intensidad del tráfico, sino también por su peligrosidad. Son habituales los choques y accidentes en la rotonda. En 2015, se identificó justo aquí, entre los puntos kilómetros 357,9 y 358,4, un tramo de concentración de accidentes.
Esta 'plantación' de balizas es una intervención más en unas rotondas que ya desde el primer día mostraron sus enormes problemas. Su inauguración tuvo lugar el 13 de octubre de 2010. Ese día ya hubo retenciones. Un «monumental atasco», como contaba al día siguiente El Norte de Castilla. El mapa de intensidad de tráfico de ese año recogía que por ese tramo de la A-11 circulaban a diario, de media, 20.879 vehículos. En 2023, el recuento habla de 18.764 vehículos (de los cuales, el 12,63% son pesados y el 5,59% de matrícula extranjera). Por la VA-30, justo antes del acceso a las rotondas, circulan 23.746 vehículos (aunque no es posible saber - a partir de esos mapas- cuántos continúan su camino por la ronda y cuántos cogen el desvío hacia estas rotondas).
El caso es que, en el verano de 2023, el Ministerio acometió obras por un importe de 338.225 euros para construir un carril adicional y segregado para que los conductores que salen de la VA-30 con dirección hacia Valladolid no tuvieran que ingresar en la primera de las rotondas (la más cercan a La Cistérniga) y pudieran incorporarse al tráfico en el vial que hay entre las dos glorietas antes de llegar a la segunda de ellas. Este carril ha conseguido paliar en parte los problemas, pero los atascos siguen siendo una constante en horas punta.
El Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible es consciente del embudo que, en determinados momentos del día, se genera en este cruce de rotondas. Es más, un informe de la Demarcación de Carreteras del Estado, fechado el 11 de septiembre de 2018, ya advertía de que esta inversión sería insuficiente. «El tráfico que soportan las glorietas (hay dos separadas por 230 metros) excede su capacidad, formándose de manera cotidiana colas de vehículos en los ramales que acceden a las glorietas», explicaban los técnicos. ¿Soluciones? Entre las previstas estaba ese carril segregado que, no obstante, ya advertían de que «aun siendo beneficioso, seguramente no bastará para acabar con los atascos» por lo que, lo «deseable» sería un enlace a diferente superficie. Algo que no se hizo en su día, cuando se planificó la ronda y la conexión con la autovía.
El pasado mes de marzo, el departamento que dirige Óscar Puente desveló que desde el año 2022 trabaja en un proyecto que contempla la construcción de un túnel para salvar el complicadísimo cruce a nivel en el que desembocan hasta doce carriles.
La idea -para solventar los problemas que los parches sucesivos no han conseguido erradicar- es soterrar 298 metros de la A-11 para que el tráfico que circula por la Autovía del Duero vaya directo, sin que le afecte ninguno de los cruces, ya que el resto de las intersecciones (con La Cistérniga o el acceso a la ronda) se haría a diferente nivel. La inversión prevista es de 30 millones de euros y, de llevarse a cabo, la obra estaría concluida en 2028.
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