Ozo Ibeziako: «Trabajamos para que en los barrios más pobres, las jóvenes no pierdan sus sueños»

La doctora Ozo Ibeziako, en la sede vallisoletana de Harambee. /HENAR SASTRE
La doctora Ozo Ibeziako, en la sede vallisoletana de Harambee. / HENAR SASTRE

Esta doctora nigeriana, que trabaja como voluntaria de la ONG Komati Foundation en Alexandra, visita Valladolid para compartir su labor solidaria en Sudáfrica con estudiantes y colectivos de mujeres

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Se acuerda, por ejemplo, de Lerato, una joven que dice que le robó el corazón. «Creció con una madre que no existía, que nunca estaba, que se iba de casa y a saber cuándo iba a volver. Su madre era prostituta. Lerato tenía hermanos de otros padres y ningún referente en casa». O quizá sí. Había uno. Sabía Lerato lo que que no quería para su vida. Sabía que su madre no era el ejemplo que quería seguir. Por eso se empeñó en la educación. Por eso se acercó al proyecto 'Art of Living' (El arte de vivir). Por eso intenta mejorar sus notas para conseguir la beca que hoy le niegan. «Es, sin duda, una de las historias que más me ha tocado. Porque es un ejemplo claro de la razón de nuestro proyecto», cuenta Ozo Ibeziako, doctora nigeriana que trabaja como voluntaria de la ONG Komati Foundation en Alexandra, uno de los barrios más depauperados de Johannesburgo (Sudáfrica).

«Allí hay muchas chicas que ni siquiera aspiran a tener una vida mejor. Su existencia parece abocada a la prostitución, a la droga, al crimen. En el mejor de los casos, a no hacer nada. Y las que tienen aspiraciones, se encuentran con que tienen sueños que tal vez nunca puedan realizar. Y desde la ONG les invitamos a soñar, les ofrecemos ayuda para que sus objetivos se hagan posibles. Les damos herramientas para que empiecen a cambiar su modo de ver la vida».

–La sensibilización por los problemas sociales nació cuando estaba en Nigeria.Yo he tenido suerte. Mi padre, que ahora tiene 91 años, fue médico de familia. Mi madre (78) era profesora, directora de un colegio, trabajó en el Ministerio de Educación. Ellos me inculcaron el poder de la formación académica y la pasión por la medicina.

El 16 de diciembre de 1999, Ozo llegó a Sudáfrica. Hacía solo cinco años que Nelson Mandela ganó las elecciones. Cinco años en los que la profunda herida del 'apartheid' había empezado a cicatrizar. El barrio de Alexandra (con cerca de 700.000 habitantes) sufrió en sus calles las terribles consecuencias del racismo. «Está situado justo al lado de un barrio rico, de blancos, donde los negros no podían entrar durante la política del 'apartheid'. La gente que vive allí había llegado de los pueblos, de un medio rural en el que se les arrebataban las tierras. Eran forzados a emigrar. Ellos, para trabajar en las minas de oro. Ellas, en el servicio doméstico».Miles de personas llegaron a un asentamiento urbano «que no se completó con servicios, con infraestructuras. Allí no había agua, ni electricidad, ni sanidad. El 'apartheid' solo sembró miedo y desconfianza».

–Allí trabajan con su ONG.

–Durante estos años hemos trabajado con cerca de quinientas jóvenes. Todos los sábados, les ofrecemos un espacio de acompañamiento con refuerzo escolar, campamentos, trabajos en equipo, programas de voluntariado en asilos de ancianos. Suelen empezar cuando tienen nueve años. Están a mitad de camino en el colegio, a punto de entrar en la adolescencia. Es un momento crítico en el que se suele producir el abandono escolar. Y es importante acompañarlas para que no dejen de estudiar.

–¿Por qué?

–La educación es la herramienta más potente que existe para dignificar a la persona. Es la vía para salir de la marginalidad.Es cierto eso que se dice de que no hay que dar un pez, sino enseñar a pescar. La educación, la formación, es el mejor camino para escapar de la pobreza.

–¿Y por qué con niñas?

–Educar a una mujer es educar a toda la casa... y también a la nación. Las mujeres, las madres, están en el centro de la educación de sus hijos. Y una mujer consciente de ello tiene un gran impacto en el futuro de sus hijos. El 'apartheid' provocó, entre otros, graves daños en las estructuras familiares de Sudáfrica. Al ser expulsadas de sus tierras, al llegar sin nada a las ciudades, al ser recluidas en barrios gueto, muchas familias fueron destrozadas. Hubo muchos padres que tuvieron que abandonar a sus hijos y los menores se criaron con sus abuelas. Las niñas pequeñas no veían cerca modelos, no tenían referentes de mujeres que hubieran escapado de ese círculo para lograr convertirse en lo que querían ser.

–Habla de chicas inspiradoras como Lerato...

–O como Rithavile, que ha crecido con su abuela, en la más pura miseria. Cuando se metía en la cama por la noche tenía más hambre que sueño. Pero se empeñó en estudiar Medicina.Consiguió cuatro distinciones al final de la Secundaria. Obtuvo una beca del Gobierno. Es un caso fantástico de lo que se puede conseguir. O Silvia, que ha empezado a estudiar Empresariales. O Unati, que también ha llegado a la Universidad. Son casos de los que nos sentimos muy satisfechas.Ejemplos de que si se acompaña y se apoya a las chicas, pueden aspirar a más de lo que la vida parecía que les tenía reservado. Es la forma de que en unos barrios con delincuencia, droga y prostitución, muchas mujeres no pierdan su autoestima ni sus sueños.