La sordera del hijo del paciente que murió en la ambulancia accidentada en Valladolid protagonizó el juicio contra el conductor

El conductor de la ambulancia siniestrada, momentos antes de declarar. /Rodrigo Jiménez
El conductor de la ambulancia siniestrada, momentos antes de declarar. / Rodrigo Jiménez

Las partes presentaron informes médicos contradictorios y la sentencia tendrá que despejar la incógnita sobre si la pérdida grave de oído fue consecuencia del siniestro y debe ser indemnizada

M. J. Pascual
M. J. PASCUALValladolid

Tocar de oído a veces chirría y es lo que puso de manifiesto esta mañana el propio juez cuando le preguntó sin ambajes al otorrinolaringólogo contratado por la compañía de seguros si no vio conveniente examinar personalmente al paciente antes de emitir su informe. Un informe basado «en un par de audiometrías», como reconoció el propio doctor, quien concluye sin lugar a dudas que la considerable sordera que padece Félix R. S. no es achacable al impacto que sufrió en el accidente de la ambulancia en el que falleció su padre porque, entre otros, aspectos, en el parte médico de urgencias del día de autos, no se mencionan ni mareos, ni vómitos ni pitidos ni dolor de oídos que pudieran hacer pensar en traumatismo resultado del impacto. Y ello se traduce en que no tendría derecho a indemnización alguna por la pérdida de oído. La médico forense también estuvo de acuerdo (en su segundo informe) con el doctor Carlos Barajas en que la sordera no está relacionada con el siniestro, pero la acusación particular presentó a su vez otro informe, cuyo autor, el doctor Luis María Gil Carcedo, que examinó al paciente dos meses después del accidente, después de que este pasar por varios especialistas, manifestó que la lesión es perfectamente compatible «y puede deberse al accidente».

Los dimes y diretes médicos sobre el origen de la sordera del hijo del nonagenario que falleció en julio de 2016 en la ambulancia que se accidentó durante el traslado desde la residencia de Mayorga de Campos al complejo hospitalario de Valladolid protagonizaron buena parte del juicio contra el conductor del vehículo, que fue juzgado ayer por homicidio por imprudencia grave y lesiones. Según el fiscal y la acusación particular, el veterano chófer, Tarsicio M. F., incurrió en «todo un cúmulo» de infracciones durante el traslado del anciano que desembocaron en el desenlace fatal, desde superar al menos en 20 kilómetros por hora la velocidad permitida de 50 kilómetros por hora, hasta prescindir de la señal acústica para alertar al resto de los conductores de su presencia en la calzada, si bien sí llevaba los rotores luminosos, como constataron los agentes de la Guardia Civil de Tráfico en su informe.

El conductor, al volante de vehículos de emergencias desde hace 42 años, relató que ese recorrido de la zona de Mayorga era sobradamente conocido por él y lo hacía varias veces al mes y explicó que durante el traslado no llevaba la señal acústica porque solo la utilizaba dentro de casco urbano o cuando consideraba que el tráfico era muy intenso. Poco antes de llegar a la gasolinera de Rioseco, precisó, «yo había adelantado dos vehículos y al ir a adelantar el tercero, colisioné». Este coche azul con el que chocó estaba realizando la maniobra para entrar en la estación de servicio con el intermitente puesto cuando recibió el impacto del vehículo sanitario, que iba adelantando por toda la recta. El conductor de la ambulancia, en un intento de esquivar al turismo que ya tenía encima, impactó dos veces y dio un volantazo hacia las tierras y fue a chocar contra una estructura de hormigón. El paciente que trasladaba, con una insuficiencia respiratoria severa, falleció. Su hijo, que viajaba como acompañante en el asiento junto al conductor, sufrió un traumatismo leve. La técnico de la ambulancia, esposa del conductor, resultó ilesa, al igual que el chófer. Este, durante su declaración, ha insistido en que se trataba de una emergencia grave, que el anciano estaba muy mal y que por ello circulaba a mayor velocidad de la señalizada en ese tramo.

Imagen de la ambulancia accidentada el 8 de julio de 2016.
Imagen de la ambulancia accidentada el 8 de julio de 2016.

Pero el hijo del fallecido, que viajaba en el asiento del copiloto, ha subrayado que le dijeron en la residencia que lo que tenía su padre, de 91 años, no era tan grave, «una faringitis», y que le iban a hacer unas pruebas, lo que no justificaba que el conductor fuera pisando el acelerador, de tal manera, que le pidió «educadamente» que redujera la velocidad, pero que no le hizo caso. «Hubo muchos adelantamientos en zig zag y le dije al llegar a Rioseco, ¿no vamos muy deprisa?, a lo que me respondió: No, chaval, esto es así«. Después, cuando volcaron y pudieron salir de la ambulancia, le recriminó el exceso de velocidad con un «ya te lo advertí», pero el chófer le contestó: «No te pongas nervioso, chaval», ha relatado el testigo ante el tribunal. El shock fue tan fuerte, que se resistió a a subir a la otra ambulancia que llegó para socorrerlos tras el accidente. Estuvo siete meses de baja sin poder trabajar las tierras y dice que desde entonces sufre enormes dolores de cabeza, pitidos y ha perdido mucho oído.

Pisar la raya

La declaración que habría sido demoledora para el acusado fue la del empleado de la gasolinera que, en el momento de producirse el accidente, se estaba fumando un cigarro a la puerta de un chalé cercano a la estación de servicio. Con una gran seguridad y precisión, el testigo ha contado que la ambulancia venía adelantando desde el cruce, a unos 150 metros, por el lado izquierdo, «con los rotativos pero no con las sirenas» y «a la entrada de la gasolinera pegó al Ford Mondeo por detrás y, automáticamente, al venir coches de frente, intentó meterse por el camino y chocó contra el poste de hormigón. El coche tenía puesto el intermitente, se detuvo, y cuando tenía vía libre hacia León ha girado y en ese momento en que iba a completar la maniobra, le vino el golpe».

Desde el silo hay un cambio de rasante, kilómetro y medio a la gasolinera, calcula el testigo. Vio llegar la ambulancia desde el cruce de Tamariz. «La ambulancia venía por el lado izquierdo, todo seguido, cuando está todo de línea continua», ha asegurado el testigo. Sin embargo, el magistrado le ha mostrado el informe de la Guardia Civil y las fotografías para que indicara dónde estaba esa raya continua y el testigo tuvo que desdecirse, para satisfacción del acusado. Esa raya continua, como él dijo, se pintó después del accidente de la ambulancia.

El chófer encausado, que inicialmente se enfrentaba a penas de dos años y cuatro meses de cárcel, ha visto esta mañana como se reducían las peticiones de condena, pues las acusaciones modificaron sus conclusiones provisionales. El fiscal ha solicitado por el delito de homicidio imprudente y los tres delitos de lesiones un total de 24 meses de prisión y retirada del carné por cuatro años; la acusación particular ha solicitado que se le imponga una pena de tres meses de prisión por un delito de lesiones por imprudencia grave y un año sin permiso de conducir. La defensa pide la absolución de su patrocinado y, subsidiariamente por si se le condena por el homicidio, una multa de tres a dieciocho meses y la privación del permiso de conducir de tres a ocho meses.

Respecto de las indemnizaciones, ya han sido pactadas y abonadas, a excepción de la solicitada por la sordera del hijo, en la que discrepan las partes, pues la acusación particular pedía unos 70.000 euros. Una incógnita que será resuelta también en la sentencia del magistrado juez de lo Penal 3 de Valladolid, Miguel Ángel Martín Maestro.