Segunda oportunidad con 90 kilos menos

Antes de después del vallisoletano Antonio Calvo tras perder 90 kilos. / Rodrigo Ucero

El vallisoletano Antonio Calvo, que ha perdido la mitad de su peso corporal, se prepara para la media maratón de Barcelona

N. LUENGO

«Prohibido rendirse. Toma aire y sigue». Es la máxima que ha acompañado todos los días del último año a Antonio Calvo y que ha minimizado sus malos hábitos, sus frustraciones y sus complejos. Demasiado complejos. Este vallisoletano de 44 años ha trabajado duro para deshacerse de la mitad de su peso corporal. La suya es una historia inspiradora, que muestra sus ganas de vivir, de buscar la felicidad, la salud y de ayudar a los demás.

Cuenta que siempre tuvo cierta tendencia al sobrepeso, pero que el deporte le ayudaba a controlar los kilos de más. Jugó en primera división de honor en balonmano y llevaba una vida activa, por lo que el desfase en la báscula nunca fue un problema. Pero hace diez años se rompió el talón de Aquiles, comenzó a refugiarse en la comida y encontró consuelo en los hidratos, lo que derivó en obesidad.

«Trabajaba en horario nocturno y eso complicaba mis comidas. Además, estaba la ansiedad. Todos los problemas los combatía comiendo. La última vez que me pesé la báscula marcaba 177 kilogramos, pero seguro que llegué a pesar algunos más. Los médicos me decían que si seguía así, mi corazón no aguantaría mucho», reconoce Antonio. Su pasión por el deporte se mantenía intacta, pero como no lo podía practicar comenzó a entrenar a equipos infantiles. «Me veía fuera de lugar, pero yo no era consciente de todo lo que comía. En el momento que metía algo en la boca se borraba de mi memoria y seguía comiendo sin parar», añade.

«Sigo teniendo miedo a la báscula, por eso trato de tener siempre la mente ocupada»

En varias ocasiones había intentado adelgazar, llegando a bajar hasta 50 kilos a base de sacrificio, kilos que al final acababa recuperando. Llegó un momento que quiso dar un cambio radical a su vida. El principal motivo fue su hijo Raúl, de 5 años. «Estaba muy limitado a la hora de jugar con él. No podía seguir el ritmo de los demás padres», explica. También estaban su familia y sus amigos, que le animaban a llevar una vida más saludable y, por si fuera poco, los problemas de peso derivaron en una apnea de sueño que le impedía respirar bien y por lo tanto descansar.

«No podía vivir. Llegué a estar una semana entera sin dormir, solo comía. Me lastraba tanto mi vida, que decidí operarme», cuenta. En mayo de 2017 se sometió a una cirugía bariátrica en la que se le implantó una banda gástrica que redujo la capacidad de su estómago y con la que se siente saciado con menos comida. «Es una intervención idónea para perder peso, siempre que te comprometas a llevar una nutrición adecuada. Me operaron los doctores Pinto y Pacheco. Ellos me dieron una segunda oportunidad para vivir», dice emocionado.

Lenta recuperación

La recuperación fue lenta y le costó habituarse a una menor ingesta de alimentos. «Al principio tomaba medio yogur en todo el día y me sentía lleno», recuerda. Ahora come de todo, evitando los picantes, las bebidas gaseosas y alimentos de difícil digestión. Una vez recuperado de la operación, quiso probar con el deporte. «Al principio estaba asustado porque no sabía cómo reaccionaría mi cuerpo. Siempre he sido deportista y creo que el cuerpo tiene memoria, así que me sentí estupendamente. El primer día corrí cuatro kilómetros que finalicé llorando de alegría. Me di cuenta de que estaba volviendo a la vida».

Aquella fue la primera carrera de su nueva vida y ahora corre con otro objetivo, prepararse para la media maratón de Barcelona, que tendrá lugar el próximo 10 de febrero. Para ello, corre a diario y acude regularmente al gimnasio Asensio, un mítico de Valladolid, donde ha creado una nueva familia que le ha visto sudar cada día y transformar su cuerpo a golpe de abdominal. Su gerente, Carlos, destaca de Antonio su fuerza de voluntad.

En las paredes de este gimnasio es donde Antonio lee a diario esa frase que tanto le ha inspirado: 'Prohibido rendirse. Toma aire y sigue'. «A mí nunca me gustó correr y ahora no puedo dejarlo. Mis compañeros de 'running' me han ayudado muchísimo. Me ponían series y retos que poco a poco iba superando. La primera carrera no la terminas, la segunda llegas a la mitad, pero cuando completas una... es la gloria», afirma convencido mientras muestra unas fotos del antes y el después que impresionan. Especialmente la última, que se tomó en la playa con 177 kilos mientras jugaba con su hijo.

El dibujo de su hijo muestra cómo veía y cómo ve a su padre.
El dibujo de su hijo muestra cómo veía y cómo ve a su padre. / El Norte

En su nuevo reto deportivo, que apunta a Barcelona, Antonio cuenta con un importante mecenas, la marca deportiva Saucony, que se ha propuesto ayudar a un grupo de corredores a completar su primer medio maratón. Para ello, provee a los seis elegidos a nivel nacional, de material técnico, de asesoramiento y de un plan de entrenamiento que les permitirá cumplir el objetivo el próximo 2019. «Buscaban personas con una motivación especial para hacer deporte. Yo les envié un vídeo con mi historia y me eligieron. Todas las semanas me marcan las pautas de lo que tengo que correr. Me están preparando al máximo», explica satisfecho. Su entrenador mas especial es su hijo, que cada vez que sale a correr, él va delante con su bicicleta. «Él ha vivido también todo este proceso. Antes me dibujaba gordo y bajo. Ahora me representa estilizado y con músculos», dice entre risas.

«Esto ha sido como una ley de segunda oportunidad, como a aquellos a los que les quitan las deudas y empiezan de nuevo. A mí me quitaron las deudas de obesidad. He vuelto a ser yo mismo y con 44 años estoy viviendo mi segunda juventud». Su historia ya está ayudando a mucha gente. Sus doctores tienen fotografías suyas del antes y de ahora, que muestran a sus pacientes, «Si eso les ayuda, yo encantado», dice. «Debería haber mayor seguimiento y habría que enseñar hábitos de vida saludable a los pacientes. Habría que crear una unidad médica que se llame «unidad estilo de vida», eso enseñaría a mucha gente a vivir», afirma convencido.

Antonio ha logrado cambiar sus hábitos, ha mejorado su dieta y su estilo de vida, pero confiesa que todavía hay fantasmas rondando en su cabeza. «Sigo teniendo miedo a la báscula, por eso trato de tener siempre la mente ocupada. Hay que aprender a ser egoísta y a pensar en uno mismo. Hay que dedicarse tiempo para estar sano y a gusto», reconoce este corredor, que quiere cruzar la línea de meta.

 

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