Los secretos del nuevo aulario de Industriales de la Universidad de Valladolid

Los secretos del nuevo aulario de Industriales de la Universidad de Valladolid

Tras las incidencias iniciales, empieza a mostrar su potencial real

RUBÉN V. JUSTO

Rehabilitar una sede de 30.000 metros cuadrados y añadirle una torre con aulas de otros 6.000 metros no es algo que se haga del tirón. De hecho, la Universidad de Valladolid lo va a hacer en unos seis años. Los dos que ha invertido en construir la torre y los cuatro que costará rehabilitar Mergelina. Eso hace que el nuevo aulario haya comenzado a andar con algunas carencias aún presentes que según el director del centro, Jesús Pisano, se solucionarán durante las próximas semanas.

Los llamados baños 'vip' encabezan el listado de las críticas más comunes. Los estudiantes reinvindican más baños al considerar insuficientes los seis servicios –uno por planta– que se ponen a disposición de los cerca de 2.000 alumnos que visitan diariamente el centro. Lo que ocurre es que en la planta baja, en un recóndito escondite –al que se accede por el nuevo aulario– pueden encontrarse once retretes en el servicio de mujeres y once en el de hombres. Los denominados baños 'vip' son de uso exclusivo para personas discapacitadas.

Ante la falta de un espacio común, la sala anexa al vestíbulo, diáfana, cumple varias funciones. Por una parte, es un espacio para la concentración en el que los alumnos desarrollan sus tareas. También es un punto de paso a los servicios de la planta baja de la Universidad y a la reprografía, que se encuentra dentro. Pese a que respetar el silencio es una norma no escrita, algunos alumnos ven allí un lugar idóneo para socializar.

Iniciativas con sello de calidad

Con el comienzo del curso, pudieron leerse mensajes en redes sociales como Twitter que señalaban un detalle al que algunos etiquetaron como #UsabilidadIdiota. En la pared, junto a las puertas de las clases, puede verse una lámina de madera con un símbolo en braille de gran tamaño y sin el relieve que permite que las personas sin visibilidad puedan leer correctamente. Lejos de ser un ejemplo de 'usabilidad idiota', es una idea desarrollada en el TFG del exalumno de la carrera de Diseño, Gabriel Morales. Con ello Morales pretendía dar a conocer un lenguaje desconocido para la mayoría, con el infortunio de que las placas de mecratilato que se pegan encima del dibujo llegaron tarde.

Junto a las mismas placas –emplazadas en el lateral de las 34 aulas operativas– puede leerse el nombre y apellido de 17 científicas y 17 científicos que han pasado a la historia. Según comentó para este periódico la secretaria académica de Industriales, Esperanza Alarcia, «el objetivo es que la gente investigue». Además de la breve descripción que se puede leer en la tablilla, los interesados pueden visitar la página web del centro y completar la información con los datos que recaben en una especie de wiki colaborativa que estará gestionada exclusivamente por la dirección del centro.

La salud cierra esta lista de ideas con sello de calidad. La Universidad abrirá próximamente nuevas máquinas de venta que suprimirán las bebidas y alimentos azucarados. María Varela, exalumna del centro, ilustrará y recordará con carteles los beneficios que tiene una buena alimentación y una vida activa. Algunos de esos carteles recomendarán, por ejemplo, subir por las escaleras.

La Universidad ha querido que su nuevo edificio sea un ejemplo de sostenibilidad y eficiencia. Así, una vez cerradas las puertas de las aulas los decibelios que llegan de los pasillos son tan escasos que rebasan por mucho lo que la normativa actual considera sostenible desde el punto de vista del confort. La luz natural y la temperatura, que se regula con un sistema único en la UVA, persiguen la máxima comodidad con el mínimo gasto.