Salieron pronto del instituto... ahora despegan en hostelería

Alumnos, en el curso Despega y Emplea-te de la Fundación JuanSoñador. /ALBERTO MINGUEZA
Alumnos, en el curso Despega y Emplea-te de la Fundación JuanSoñador. / ALBERTO MINGUEZA

El Ayuntamiento financia el 80% de un programa de inserción laboral promovido por la fundación JuanSoñador

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

«¿Me arrepiento? Sí, podría decir que sí, pero yo no tenía entonces mente para acabarlo, era más inmaduro, tal vez no lo pensé, pero el instituto no era para mí», dice José Luis Sánchez, hoy 18 años. Abandonó los estudios en tercero de la ESO (los quiere recuperar más adelante), se quedó descolgado del sistema educativo en plena adolescencia, ha intentado abrirse paso luego en el complicado mundo laboral y, desde que esquivó los libros, ha aliñado su futuro con varios cursos de formación, primero con uno cocina de Cruz Roja, luego con otro de operario auxiliar de industria alimentaria; desde hace unos días, participa en Despega y Emplea-te, un programa de inserción laboral para jóvenes en situación de vulnerabilidad que promueve la Fundación JuanSoñador y que financia, con 36.000 euros, la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico del Ayuntamiento.

El objetivo es ofrecerles formación teórica y práctica sobre hostelería, concertar acuerdos con empresas del sector y, llegado el momento, auspiciar la contratación. El año pasado participaron 121 jóvenes; 48 han logrado un empleo remunerado. Este año se espera que, por las diversas fases del proyecto, pasen cien personas. José Luis es una de ellas, uno de los asistentes al primer curso de formación, que comenzó el pasado 18 de enero y que ya ha cubierto la parte del temario dedicada a las bebidas calientes:cómo preparar el café, cómo servir infusiones, el chocolate. «Al principio la máquina te asusta un poco, por la falta de experiencia, pero luego se domina muy fácil», dice José Luis, seguro de que la hostelería es aquello a lo que se quiere dedicar.

Lo cuenta en un receso de la clase que David Castro, tutor del curso, imparte en la sede que la Fundación JuanSoñador tiene en la calle Pajarillos.Allí, en un aula enorme que parece un bar (con su barra, sus mesas, la vajilla y las bandejas), los alumnos se reparten en unos veladores montados para la ocasión:con mantel, tacitas, cubiertos, todo en orden.Escuchan y toman notas. Hoy toca el vino. Sus tipos. Sus características. «Ofrecemos formación sobre todo aquello que se pueden encontrar en el día a día, pero también les enseñamos destrezas y habilidades para atender al cliente», explica Castro, quien recuerda que el contenido se ha adaptado este año a las necesidades que han demandado las empresas con las que colaboran.

«Nos han pedido más formación en comanda electrónica (porque las nuevas tecnologías son cada vez más importantes) y también de camarero de sala, pues hay una importante demanda para atender eventos especiales, bodas o banquetes entre marzo y octubre», explica Vanessa López, coordinadora del proyecto Despega.

El concejal de Hacienda, Antonio Gato, recuerda que esta iniciativa del Plan Municipal de Empleo incide de forma directa en un colectivo (el de jóvenes que abandonaron sus estudios) sobre el que pesa una importante tasa de desempleo. «Hemos detectado que la formación en hostelería es una buena vía de empleabilidad, pues se trata de un sector con buenas perspectivas en Valladolid, gracias al crecimiento de los datos de turismo y el referente gastronómico y enológico de la ciudad», dice Gato.

El perfil de los beneficiarios de esta edición se ha rejuvenecido, con chavales de 16 años. Como mucho, hasta los 25. «Que sean tan jóvenes es un reto, pero también una buena oportunidad, ya que muchos empresarios piden gente muy joven que tengan buena disposición y ganas de aprender las características de cada negocio», dice Óscar Castro, director social de JuanSoñador, quien recuerda que, también durante el proceso de contratación, los jóvenes reciben atención personalizada y el acompañamiento de los profesores y tutores del programa. El primer paso suele ser la empresa solidaria Tierra Viva, donde adquieren su primer contacto a la hora de preparar cáterings o pinchos para eventos.

Dice Ramón Jiménez, 17 años, que para él la hostelería siempre ha sido un «anhelo». Dejó el instituto en segundo de Secundaria. «Se me hacía difícil y no rendía. Los profesores tampoco me entendían. No veía futuro en el instituto», explica un joven que asegura haber encontrado aquí lo que buscaba. «Me gusta el trato con la gente, creo que puedo ofrecer simpatía, alegría, que es muy importante para dar confianza al cliente», asegura, orgulloso de haber superado con nota la primera práctica junto a sus compañeros: servir un desayuno de trabajo para más de cincuenta personas. «Pensé que iba a ser más complicado, pero soy un fiera», dice entre bromas con Óscar Jiménez, compañero suyo, quien también  se despidió del instituto en segundo de Secundaria para «formarme en un empleo y buscar trabajo».

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