El reto de vivir de las redes sociales en Valladolid

Marta García (@martagarzzia), en una foto de Mikel Taboada en su perfil de Instagram, con 861 'me gusta'. /
Marta García (@martagarzzia), en una foto de Mikel Taboada en su perfil de Instagram, con 861 'me gusta'.

El oficio de 'influencer' nació, crece, evoluciona y se modifica a una velocidad de vértigo, la que marca la tecnología

RUBÉN VEGA JUSTOValladolid

Los jóvenes que han crecido a la vera de las redes sociales ya han incluido en su vocabulario habitual el término 'influencer'. Todos lo son en cierta medida. Aunque tan solo algunos trabajan para empresas que les pagan a cambio de recomendar sus productos y servicios. Valladolid no es menos, cada vez es más habitual ver a zagales –y no tanto– posando frente a una cámara. Son fotos y vídeos que bombardean redes sociales como Instagram y You Tube y que tiene el objetivo de causar cierto impacto. Hace una semana dos empleados de la 'Guide Noir', la agencia de 'marketing de influencers' referencia en Europa, visitaron la facultad de Comercio de la UVA para explicar un fenómeno en auge. No hace mucho los números jerarquizaban quién era más importante y, por lo tanto, más digno de acceder a campañas publicitarias pagadas por «auténticas burradas que sumaban incluso los 50.000 dólares por acción», explicó Carlos Calvo, 'project manager' de la 'Guide Noir'.

Sin embargo, surgieron nuevas formas de hacer trampas. Con una simple compra, los seguidores podían subir como la espuma. Pero, ¿de qué sirven muchos seguidores si no saben quién eres? Las empresas terminaron por descubrir la respuesta a ese interrogante. Muchos –los españoles e italianos los que más– incurrían en este tipo de prácticas para que hubiera quien pagara unos servicios que realmente carecían de utilidad. La tecnología, siempre a un paso de la innovación, desarrolló nuevas herramientas para medir aspectos como el 'engagement' o interacción entre los creadores de contenidos y los usuarios. En resumen, que esas trampas de comprar público ahora ya no funcionan.

A día de hoy el 'engagement' es la base de la credibilidad –tan necesaria– de un 'influencer'. Según anotó Fátima Sánchez en la conferencia impartida en la UVA, «un 7% de interacción es un excelente porcentaje».

La multinacional utiliza herramientas que recaban información detallada que posteriormente venden a empresas. El sector que más contrata este tipo de servicio es el de la moda, seguido del de los viajes, del deporte y de la alimentación.

Las marcas van a tiro fijo. Con los datos sobre la mesa, escogen quién es la persona más adecuada para vender un producto. Analizan mecánicamente aspectos como el número de seguidores y el 'engagement'. Pero también el sexo de los seguidores, dónde viven y sus gustos. Las agencias de 'marketing' que venden datos a empresas son una cara de la moneda. La otra son los propios influenciadores. Detrás, no hay solo una foto o vídeo casual, sino un arduo trabajo multidisciplinar en el que la innovación y la creatividad son el pan de cada día.

«Las redes sociales son un mundo increíble para llegar a más público»

Teresa Torres no se define como una 'influencer' al uso. Su actividad se desarrolla en YouTube e Instagram. «En Instagram tienes que estar porque es mucho más fácil que las marcas te descubran pero mi favorita es YouTube. Con 9.387 seguidores en Instagram y 23.000 seguidores en YouTube, ha colaborado con empresas internacionales como L'Oreal, Lancome o Shiseido, con nacionales como El Corte Inglés y con locales como La Niña Bonita o Ibana Rue. Es autónoma y se gana la vida con la moda. Estudió Administración de Empresas y se especializó en 'marketing' de moda de lujo. Utiliza Instagram como una red social a través de la cual vende productos en una estrategia que define como 'marketing natural' y que considera su elemento diferenciador. Para ella las redes sociales son una forma de ser cercana y recomendar los productos en los que confía. Resume que su técnica –sobre la que ya ha impartido algún taller– consiste en ser natural y, sobre todo, sincera. La actividad de la vallisoletana no se resume exclusivamente en usar redes sociales, también participa en charlas y talleres sobre imagen personal y belleza y organiza eventos. «Las redes sociales son un mundo increíble, antes llegabas a un público muy reducido», concluye.

«Si se acaba el rendimiento deportivo, se acaba el resto»

Marta García es una de las joyas del atletismo español. Con la mínima del campeonato de Europa en el bolsillo y con un interminable palmarés, guarda un contrato de patrocinio con Nike. «Nunca me he considerado 'influencer' como tal, realmente creo que no lo soy». A día de hoy desarrolla su actividad fundamentalmente en Instagram, una red social en la que tiene 4.700 seguidores aproximados. «Subo contenidos sobre lo que hago en mi día a día. Me siguen por mi trayectoria deportiva, no por la popularidad», reflexiona.

«Cada uno tenemos nuestros puntos fuertes. Mostrar esa parte puede dar fuerza a otras persona», razona la atleta. García tuvo contratos con otras marcas –que prefiere dejar en el anonimato– que le exigían condiciones en las redes sociales, «pero actualmente no tengo ninguna». A pesar de ello, publica contenido en el que se le puede ver posar con ropa de la marca que le patrocina.

¿El éxito en las redes sociales y en los patrocionios depende del rendimiento deportivo? Ante la corta vida útil de los atletas, la atleta piensa que «depende hasta dónde llegues y de lo que hayas sido» pero que «en la mayoría de los casos si se acaba el rendimiento, se acaba el resto».

«En solo dos meses subí de 400 a 1.500 seguidores en Instagram»

Su vida deportiva comenzó en el césped de un campo de fútbol. Una lesión a los 18 años le hizo dejar ese deporte y probar suerte en el gimnasio mientras estudiaba Ingeniería Industrial. No le fue mal. «Por mi genética en un año creé bastante músculo y había gente que me preguntaba si me dedicaba a ello». Todavía no lo hacía pero esas preguntas generaron en él la confianza necesaria para probar suerte en competiciones en la categoría Mens Physique del deporte 'fitness'.

El joven comenzó a subir contenido a Instagram, una red social en la que, recuerda, tenía 400 seguidores. «En cosa de dos meses subí hasta los 1.500», reconoce. Actualmente tiene casi 3.000.

Según analiza, la razón del ascenso en número de seguidores fue subir contenido sobre un tema concreto dónde había un nicho de mercado. «Valladolid es una ciudad pequeña en la que el deporte todavía no era muy conocido», explica.

La marca para la que trabaja –Prozis– le aporta gratuitamente productos como avena, proteína en polvo o suplementos vitamínicos para que los publicite en Instagram con un código descuento. El número de ventas influye en sus ingresos, que de momento considera «una propina».

 

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