Obituario

Quirino Blanco: Comprometido por vocación y con la cultura de calidad

Quirino Blanco: Comprometido por vocación y con la cultura de calidad

Falleció a los 97 años, 77 de ellos dedicados a la Compañía de Jesús

JOSÉ MARÍA EIROS BOUZA

Nos dejaba en la mañana del lunes el Padre Quirino Blanco Martínez S.J. Discretamente, fiel y entregado a Jesucristo, como fue su vida. Han sido 92 años, 77 de ellos en la Compañía de Jesús y 63 como sacerdote. Ejemplo de fidelidad en su misión de servicio absoluto a cuantos nos hemos acercado a él. Le conocí en septiembre de 1969 cuando mis padres confiaron mi educación a la Compañía en Comillas. Desde entonces no he dejado de tratarle y comprobar, a lo largo de medio siglo, su exquisito tono humano, y su recio compromiso con su vocación.

Había nacido en Santillán de la Vega (Palencia) en 1926. Ingresó en la Compañía de Jesús en Salamanca en 1941, a los quince años. Desde entonces realizó su labor también en Vigo, Salamanca, Gijón y desde 1972 en Valladolid. En nuestra ciudad atendió, entre otras, la labor espiritual en Cristo Rey, en el Colegio Mayor Loyola, en el Colegio Grial y en la Residencia de los Jesuitas. Desde 1991 ha sido director del Apostolado de la Oración y ha desarrollado una gigantesca tarea de dirección espiritual.

Conservo en mi recuerdo en el plano humano su amor por imbuirnos desde niños una formación cultural de calidad. A los que hemos sido sus alumnos de Literatura nos introdujo en la lectura de los Premios Nobeles; de él escuchábamos en los últimos diez minutos de clase la narración exquisita de 'La Perla' de John Steinbeck y de otros clásicos en aquellos inviernos cántabros. Nos impresionaba verle jugar a pala corta en el frontón, al tiempo que, como atento y fino observador de la naturaleza, despertaba nuestro interés por el entorno natural. En Celorio, a donde le gustaba acudir para realizar sus propios Ejercicios Espirituales, disfrutaba recolectando hierbas con propiedades medicinales. Pero lo esencial y donde mostraba su paternal acogida era como director espiritual y como confesor. Precisamente, hasta el último día fue fiel a su confesionario de la Iglesia de la Compañía en la calle Ruiz Hernández de nuestra ciudad, donde, en mi modesta opinión, su actividad pastoral ha sido comparable a la del Santo Cura de Ars. Horas y horas de atención, consejo, escucha, palabra y ministerio del sacramento de la Reconciliación a miles de personas que acudían a él.

En una época convulsa como la nuestra, la vida del Padre Quirino representa el testimonio de un jesuita sacerdote, que como tantos otros pasan haciendo el bien sin pedir nada a cambio, fiados en Jesucristo y en su Madre, a la que nos enseñó a amar.