DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

Así se pueden desdibujar las fronteras entre locura y cordura

Ocho de las personas participantes en el proyecto fotográfico de Fundación Intras. /ALBERTO MINGUEZA
Ocho de las personas participantes en el proyecto fotográfico de Fundación Intras. / ALBERTO MINGUEZA

Más de 800 personas colaboran en un proyecto fotográfico para luchar contra el tabú y estigma de las enfermedades mentales

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Hablan de tabú. Explican que todavía estigma. Que es algo que o bien se oculta o no es tratado con normalidad. «Si vas a la consulta del traumatólogo, lo cuentas sin problema: ayer estuve en el médico. Pero casi nadie dice que ha visitado al psiquiatra», explican desde Intras y El Puente, entidades que desde hace más de veinte años trabajan en Valladolid para mejorar la calidad de vida de las personas con malestar psíquico.

Este miércoles se celebra el Día Mundial de la Salud Mental. El martes participaron en el acto institucional en el Ayuntamiento. Todavía queda camino para «normalizar» la situación, para que «seamos conscientes de que es algo que está ahí, que nos afecta a todos», que cuando se habla de enfermedad mental no hay que limitarse al diagnóstico extremo de la esquizofrenia, del trastorno bipolar, sino que hay que mil grados. Está el estrés, la angustia, la depresión, brotes psicóticos. Está ese agujero que se genera con la ruptura de pareja, con el fallecimiento de un familiar, con el trabajo que absorbe demasiado.

«En algún momento, todos podemos pasar por un episodio así», asegura Eva Galán, psicóloga y coordinadora del centro de día de Fundación Intras. Por eso, defienden desde estas entidades, «si se conoce a las personas, las fronteras se desdibujan, las etiquetas sobran». También los prejuicios.

«A todos se nos puede ir la pelota», dice Eva Iglesias, promotora, junto a DaniRojo, de Locuras/Corduras, una iniciativa que nació hace cinco años para «borrar límites» y que ha conseguido reunir ya cuatro mil retratos, las fotografías de 837 personas que sobre fondo negro, con camiseta de luto, miran a cámara y sonríen. Flash. Una foto con los brazos cruzados. Flash. Una foto sentados en una silla. Flash. Una foto con una pelota azul en las manos (porque a todos se nos puede ir...). Flash. Una foto con una regadera (porque a quién no le han dicho que está como). Entre los modelos voluntarios hay quien ha sido diagnosticado por un problema de salud mental. «Al principio el espectador puede buscar, este sí, este no, pero a los dos minutos la gente se olvida. Ya no te fijas en eso. Solo ves personas. Diferentes personas en un proyecto común», explica.

La cámara de fotos visitó este martes la Facultad de Educación, donde FundaciónIntras llevó a cabo una jornada de colaboración entre psicólogos, estudiantes de Magisterio, educadores sociales y usuarios habituales del centro de día de la entidad. Juntos colaboraron en talleres de arteterapia, una nueva vía de trabajo incorporada a los centros de día. «Desde hace unos años, los profesionales hemos dado un paso atrás. Nuestro trabajo ya no es uniforme, para todos igual, sino que el foco está en las personas. Si trabajas a partir de su voz, de su proyecto de vida, de lo que quieren y sienten, será mucho más sencillo», explica Galán.

Hace tres años, Intras incorporó talleres de arteterapia, una opción que va más allá de los clásicas clases de manualidades, con la misma labor para todos. «Con la arteterapia, trabajamos el proceso creativo para hacer notorias las capacidades y habilidades de cada uno», indica Oyuky Morán, quien impartió en la Facultad de Educación una sesión vinculada con la danza, con el movimiento. Psicólogos y sus pacientes, descalzos, bailaron al son de la misma música.

«Desde una experiencia subjetiva, se puede llegar mejor a una acción colectiva», añade Julia González, quien invitó a los participantes de su taller a seleccionar entre varios elementos naturales (hojas, ramas, semillas, piñas...) aquellos que mejor los definen. Yluego explicar a los demás la razón de su elección. Raquel Sesma animó a trabajar con luz, a plantear un problema (hay quien se reprochó no sonreír a diario, desatender a sus padres) y escuchar la alternativa que le ofrecen los otros. Todo, de nuevo, para desdibujar fronteras, romper tabús, para recordar que «los problemas mentales nos pueden afectar a cualquiera», que, de forma coloquial, como ellos lo dicen,«a todos se nos puede ir la pelota».

 

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