El último encierro de Medina se complica con uno de los astados, que huyó y fue inmovilizado

Un momento del encierro en su tramo urbano. /P. G.
Un momento del encierro en su tramo urbano. / P. G.

Los seis toros salieron de manera veloz y la manada quedó desmembrada, pero fue reconducida por los caballistas

Patricia González
PATRICIA GONZÁLEZ

La localidad de Medina del Campo puso hoy el punto final a los ocho días de fiestas patronales con la celebración del cuarto y último encierro tradicional, festejos de carácter popular declarados hace varios años como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

La suelta arrancó a las nueve de la mañana de los corrales portátiles ubicados en el término municipal de El Campillo. Desde este punto, la novillada, perteneciente a la ganadería de José Luis Pereda, planteó dificultades a la hora de parar la novillada, ya que varios animales emprendieron su camino por separado. No obstante, una vez más la labor realizada por los caballistas posibilitó que los medinenses pudieran disfrutar de un buen encierro. El tramo campero se complicó, en comparación con otras sueltas, ya que los morlacos salieron de manera veloz, tal es así que la mandada quedó desmembrada y no fue hasta pasado el túnel del AVE cuando consiguió compactarse. La llegada de los astados a la zona del embudo, que es una de las más complicadas y la que mayor número de asistentes congrega, fue escalonada.

Uno de los seis novillos desencajonados en los corrales no pudo ser reconducido y al precipitarse a la zona del mirador del Embudo fue necesario inmovilizarlo para que no causara momentos de peligro.

El toro inmovilizado emprendió su huida hacía la carretera de Peñaranda y el Ayuntamiento avisó al Hospital Comarcal para que cerraran las puertas ante la posibilidad de que el animal pudiera entrar dentro del recinto hospitalario. Hasta este punto se trasladó el equipo de coordinación de los encierros que pudo por fin inmovilizar al animal, que fue trasladado a los corrales del coso del Arrabal.

El resto de las reses estuvieron durante algo más de 30 minutos en el descansadero de la calle Ciudad Real para poder realizar el tramo urbano de algo más de un kilómetro de manera correcta.

Al igual que en ocasiones anteriores, las calles colgaron el cartel de completo y el ambiente festivo se dejó notar en el coso del Arrabal. La suelta finalizó sin incidente alguno. Desde el Ayuntamiento se realizó una balance positivo de los encierros. «De los 24 toros desencajonados han entrado un total de 23, por lo que el balance es muy positivo y este es el camino que debemos seguir en los encierros para que vuelvan a tener la repercusión que siempre tuvieron», resumió el alcalde del municipio, Guzmán Gómez Alonso.