Valladolid
El sector del piñón ibérico, en peligro de extinción por la chinche americanaLos productores aseguran que «la situación es insostenible» y vaticinan que «en un máximo de cinco años desaparecerán el 90% de los trabajadores»
Considerado un superalimento por sus múltiples propiedades es una de las joyas de la gastronomía. Capaz de cambiar por completo el sabor de un plato, ... este pequeño fruto seco tan característico de nuestra zona de pinares atraviesa uno de sus peores momentos. Su producción está en peligro y su futuro es cada vez más incierto. El oro blanco de Castilla, el piñón ibérico, atraviesa una de las peores campañas en medio siglo debido en gran parte al impacto de la plaga de chinche americana -que desde su expansión en 2013 afecta a la piña en todas sus fases- tampoco ayuda la presencia de mercados competidores como el chino, ruso o pakistaní que ofrecen algo parecido a un precio mucho más bajo.
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«Ha habido momentos malos, pero como esta campaña no recordamos ninguno», coinciden desde el sector. Es tal la situación de este año que la campaña de subasta de hectáreas para recoger este fruto seco en montes de utilidad pública ni siquiera ha salido adelante en Valladolid, tierra piñonera por excelencia en España. Con más de 84.000 hectáreas en la provincia -de las 125.700 con las que cuenta Castilla y León- el sector ve un difícil futuro por los efectos del insecto que afecta a la variedad al pino piñonero (Pinus pinea) de toda España, donde se estiman unas 490.000 hectáreas.
Antes de la llegada de este dañino insecto (que ha salido de su ecosistema natural en las Montañas Rocosas de Estados Unidos) la cantidad de piña sana que se obtenía por árbol era de unos 2,7 kilos aproximadamente, pero después de la propagación de la chinche en 2013 la merma se situaba en unos 700 gramos de piña sana por árbol. Datos alarmantes que ponen de manifiesto la suma de años de malas campañas, ya que el desarrollo total de la piña (desde la floración, a la recolección y su apertura) supone tres anualidades completas. Si en 2024 apenas tuvo producción, este año y el que viene será igual de nefasto.
«Hemos pasado de 50 trabajadores en campaña a cinco que somos ahora en plantilla»
Javier Román
Piñones Román
«Los pinos pinae son árboles veceros, es decir, que un año pueden dar mucho fruto y lo siguientes poco o ninguno, pero esta plaga ha provocado de forma más continua campañas de muy poca recogida en las más de 100.000 hectáreas de pinares que tenemos en la región», explica Amelia Pastor, gerente de Piñonsol.
La cooperativa, que nació en 2003, fue una de las primeras en alertar de la situación y las consecuencias de este insecto en nuestros pinares. «Empezamos a ver daños que no habíamos visto nunca, el piñón no terminada de crecer correctamente y lo pusimos en conocimiento de la administración». Lamentablemente, las soluciones avanzan muy despacio y no disipan los graves problemas que atraviesa el sector. «Los tratamientos aéreos están prohibidos y no son suficientes, se necesitan más estudios para hacer frente a esta plaga foránea que no tiene enemigos naturales», explica.
«El problema es que el pino muestra la piña pero la aborta y si esto sigue así, en un máximo de cinco años desaparecerán el 90% de los trabajadores que se dedican a esto. Es insostenible, imposible aguantar», lamenta Javier Román, tercera de generación de una empresa familiar dedicada al piñón. Asegura que el panorama industrial en la provincia es muy desfavorable y las pequeñas empresas dedicadas a este fruto seco han pasado de casi 60 empresas en los años 2.000, a unas 15 que sobreviven hasta la fecha. Ellos aguantan pero lo hacen con una plantilla muy mermada. «Hemos pasado de 50 trabajadores en campaña a cinco que somos ahora en plantilla», dicen desde piñones Román Lorenzo, en Matapozuelos.
Los efectos que provoca la chinche americana: Se ha pasado de recoger unas 300 piñas por árbol sano a menos de diez en cada ejemplar
«Estamos viendo cómo se está produciendo un abandono progresivo de la actividad porque hemos pasado de recoger unas 3.000 toneladas en años buenos a menos de 25, pero como lo de ahora no lo conocemos». El problema es que la chinche americana se alimenta de la piña en todas sus fases durante los tres años en los que permanece en el árbol y las consecuencias no pueden ser más desastrosas. «Han reducido el rendimiento normal por piña de un 4% a no llegar al 2%», apunta Román.
Los efectos que provoca el 'Leptoglossus occidentalis' es que haya pasado de recoger unas 300 piñas por árbol sano a menos de diez en cada ejemplar. Esta enfermedad en el fruto ha provocado que «en los últimos cinco años ha desaparecido la mitad de los pequeños autónomos dedicados a este sector y hay actualmente menos de diez empresas que sobreviven en la provincia, cuando antes se contaban por decenas», explica Pastor.
«Nunca habíamos visto que atacara de esta forma a los pinares, que te puede llegar a reducir hasta el 80% de piñón que se saca en la campaña», añaden desde la Asociación Forestal de Valladolid (Asfova), entidad que gestiona los pinares, incluyendo la subasta de piñas para su aprovechamiento. «Al igual que el año pasado, este año no presentaremos subasta», comenta Elena Lara, técnico de Asfova. Así, se ha pasado las 1.332 hectáreas en la subasta de 2021 o las 725 de 2023 a directamente una campaña desierta. La merma masiva de este superalimento se nota también en ingresos de pueblos en los que la producción de piñón ha sido una constante durante décadas. «En Portillo ha habido años en los que las subastas han llegado al millón de euros y otros que ni siquiera han alcanzado los 50.000 euros», apunta Román.
Principal competidor
A una delicada situación del sector, que afecta de pleno a la producción de los pinares piñoneros de Valladolid, se le suma además la competencia de gigantes productores como China. Debido a la gran superficie que explotan de forma masiva, un menor control en la trazabilidad y la mezcla de variantes con el fin de aumentar la producción, pueden ofrecer al cliente un rango de precios con los que directamente no se puede competir. Eso sí, hay que tener muy claro que no se trata del mismo producto ni tiene los mismos beneficios para el consumidor.
El aspecto del asiático es más globular, más seco y crujiente en paladar, con más cantidad de grasa y menos proteína que el ibérico, además enrancia mucho antes. El piñón ibérico es más ovalado y cremoso, de sabor más intenso y mantecoso y un color más marfil. «Además, duplica el contenido en magnesio y potasio respecto al piñón chino y es muy rico en proteínas, entre un 33 y un 39% frente al 17% de proteína presente en las variedades asiáticas. Su uso en cocina ofrece infinitas posibilidades porque su potencia de sabor puede cambiar cualquier plato usando tan solo una pequeña cantidad», expone Amelia Pastor, gerente de la Cooperativa Piñonsol.
Estas diferencias entre «dos productos que nada tienen que ver entre sí» llegan también a la hora de pagar por ellos. En el caso del piñón recogido de los pinares de territorio español puede venderse al consumidor a un precio final que se aproxima a los 100 euros por kilo, una cifra muy lejana a los 40 euros de media por la misma cantidad de la variante asiática. «A veces mezclan semillas de distintas especies para sacar más producción», explica Pastor.
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