Pastelería ecológica árabe contra la despoblación rural

María José Celemín en el interior de su establecimiento de Castronuño./LAURA NEGRO
María José Celemín en el interior de su establecimiento de Castronuño. / LAURA NEGRO
María José Celemín Díez Ecotienda Al-Kauthar
Laura Negro
LAURA NEGRO

Valladolid. Su filosofía de vida se asienta sobre tres pilares fundamentales: la búsqueda constante de la excelencia, el afán de superación y el perfeccionismo. Aparte de esto, María José Celemín, escritora, investigadora y emprendedora comprometida con lo ecológico, se considera una mujer creativa y apasionada. Valores y cualidades que le han llevado ahora a emprender un nuevo negocio, Al-Kauthar, un obrador y pastelería árabe ecológica. Lo ha abierto en el pueblo donde están sus raíces, Castronuño.

María José trabajó en el sector de la banca, también como asesora fiscal y con 28 años quiso buscar nuevas experiencias vitales en Nueva York, ciudad donde cumplió muchos de sus sueños. Allí estudió Arte Dramático en el Lee Strasberg Institute y trabajó como profesora de español, cuidadora, camarera, guía turística, administrativa y traductora. «En Estados Unidos conseguí eliminar mi mentalidad funcionarial y todos mis prejuicios. Aprendí a desenvolverme en oficios que nunca había pensado e incluso puse en marcha mi propia empresa de traducción y enseñanza de español. También allí conocí a fondo el mundo de la bioconstrucción y de la ecología más profunda y espiritual. Mi idea siempre ha sido buscarme la vida de forma autónoma y hasta ahora me ha ido bien», dice. Adoraba aquel país y su forma de vida, y aunque intentó obtener la nacionalidad estadounidense, no lo logró. Tuvo que regresar a España. A Castronuño.

Aprovechando el enclave único de la reserva natural de Castronuño, decidió arreglar la vieja casa de su abuela Vale y convertirla en una casa rural. En ella ha logrado crear un espacio único y de fantasía, que refleja su arrolladora personalidad y alta sensibilidad. De esa época es también su novela 'El Dios de las praderas verdes'. «Empecé a construir la casa rural en 2004 y en 2006 ya estaba en funcionamiento. Todos estos años ha sido mi única fuente de ingresos. En ella puse toda mi pasión, tratando de agradar al viajero, siendo excelente, honrada y trabajando mucho. La intuición y la perseverancia siempre me han ayudado a salir adelante», cuenta.

La idea de montar una ecotienda surgió a raíz de organizar el festival Tres Culturas Castronuño, que consta de una apretada agenda de conciertos veraniegos, de los que algunos se celebran en el porche de su casa rural. Después de cada encuentro María José solía compartir con los asistentes un té con menta y pastelitos árabes, que a todo el mundo le encantaban. «Yo buscaba otra línea más de negocio, para generar nuevos ingresos, y pensé que vender pastelitos árabes ecológicos era una excelente idea», recuerda.

El lugar idóneo para poner en marcha el nuevo negocio lo encontró a pocos metros de su casa rural. Un espacio que había ido construyendo poco a poco, para su propio deleite, y que estaba inspirado en la Alhambra. «Lo llamé Al-Kauthar, que en árabe significa 'la abundancia'. Es un espacio de bioconstrucción. Todos los materiales son ecológicos. En noviembre conseguí el registro sanitario, después la licencia de apertura y, más tarde, la certificación ecológica del CAECYL; para ello tuve que pasar varias auditorías. El proceso ha sido laborioso y ha requerido grandes dosis de paciencia y resistencia», explica María José, que ha solicitado ayudas como la del LEADER que gestiona la Asociación para el Desarrollo Rural Ruta del Mudéjar, a la modernización de las infraestructuras del turismo, y la de la Junta de Castilla y León dirigida al pequeño comercio. Está pendiente de su resolución.

de cerca

Emprendedora
María José Celemín Díez (48), licenciada en Derecho y máster en Administración de Empresas
Inicio de la actividad
1 de junio de 2019
Contacto:
C/ Travesía San Lázaro, 4 de Castronuño. www.mariajosecelemin.com Tlf: 638 087 774

Tenía las recetas marroquíes que deseaba hacer realidad, pero le faltaba quien las llevara a cabo. A través del Ecyl conoció a Teresa Pérez Colás, una pastelera de Toro (Zamora) que enseguida creyó en su proyecto. «Ella tiene un gran sentido de la perfección y entre las dos hemos logrado un producto delicioso, gourmet, con un sabor sutil y refinado y un aroma totalmente evocador. Su análisis nutricional lo sitúa como un producto de alta calidad, que nos quitan de las manos. La materia prima es totalmente natural, y además lo empaquetamos muy bonito en una bolsa de cartón y celulosa biodegradable», dice esta emprendedora, que utiliza su nombre como marca, María José Celemín Bio.

De momento ha puesto a la venta cuatro tipos de pastelitos clásicos marroquíes: 'baklava' ecológico de cacahuetes, pastitas de limón y almendra, delicias de almendra y albaricoque y bollitos rellenos de dátiles. Para su elaboración se ha basado en recetas tradicionales de la pastelería marroquí, adaptándolas a sus gustos y utilizando únicamente ingredientes ecológicos. «El resultado son unos dulces irresistibles y con alma», recalca. Próximamente sacará a la venta magdalenas de arándanos, pastelitos de canela, tartaletas de cerezas con crema y pan.

También venta 'on-line'

Le gusta mimar cada detalle y ha convertido el que era su jardín Al-Kauthar en una preciosa tiendecita y obrador, una suerte de colmado rural que atrapa al visitante. No solo vende de forma presencial, también ha lanzado una tienda 'on-line' (www.mariajosecelemin.com) y se da a conocer en los ecomercados.

«El emprendimiento es apasionamiento y yo soy creativa y apasionada. Voy contra las reglas de la sociedad y el statu quo. La sociedad estrangula la creatividad y he logrado construir mi Nueva York, que para mí era el paraíso, en Castronuño. Quería demostrar que, con trabajo y esfuerzo, lo más difícil se puede lograr. Cuando la gente entra en la ecotienda se queda maravillada, ya que está rodeada de un jardín de deleites y placeres. Uno de mis lemas es la revolución rural ecológica. Yo soy eso. Castronuño apenas tiene 800 habitantes y he logrado crear un proyecto de turismo rural sostenible y de pastelería ecológica precioso y digno de difundir que, además, puede frenar la despoblación. Los pueblos tienen muchísimas ventajas y he sabido aprovecharlas. Conmigo la despoblación no tiene nada que hacer», dice convencida.