El primer chúndara descose las costuras de las calles de Peñafiel

Participantes en el 'chúndara'. /G. Villamil
Participantes en el 'chúndara'. / G. Villamil

Miles de personas cubren en recorrido desde la Plaza de España a la del Coso pidiendo agua

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZARO

Larga, apretada y condensada fue la riada humana que este jueves se dio cita en Peñafiel para disfrutar del primer chúndara de sus fiestas patronales de Nuestra Señora de la Asunción y San Roque, una oleada de asistentes a este singular pasacalles. 'Made in Peñafiel', vaya. Es el evento que da entidad propia a los festejos peñafielenses, donde nació.

Las mejores previsiones se hicieron realidad. Como es habitual, más en estos últimos años, el primer chúndara arrancó este jueves a las cinco de la tarde arrastrando a miles de personas. De nuevo este pasacalles sacó músculo demostrando su poder de convocatoria. Se sacó pecho en la salida, en el arranque de la calle Derecha al Coso, unión con la Plaza de España, donde, como es costumbre, se escribió con tiza unas palabras. Este año en el suelo se plasmó el propósito de que «ahora es la segunda, pero pronto seremos la primera». La primera fiesta popular del país después de que este año ocupase el segundo puesto en la lista elaborada por un medio de tirada nacional, si de su edición de papel hablamos, por supuesto.

Con este sólido propósito sobre el firme adoquinado comenzó la cuenta atrás, también ya costumbre, de los participantes del chúndara que lo realizan justo delante de la Banda Municipal de Música de la localidad. Este grupo, el cuerpo de élite del pasacalles que abre camino a los músicos, está compuesto principalmente por vecinos o por personas muy vinculadas al municipio.

A partir de ese momento, desde la explosión del cohete que anuncia la salida del chúndara, cuenta atrás , comenzó a sonar La Entrada, en bucle, hasta que dos horas después se llegó a la plaza del Coso. Ciento veinte minutos para recorrer una distancia que equivale a una pista de atletismo, 400 metros, y para los que hay que estar entrenado y saber dosificarse.

Como es habitual la vanguardia del chúndara, la punta de lanza, está formada por los más jóvenes del cortejo musical y danzante, y de ahí hacia los músicos –detrás de los cuales van las autoridades- la edad de los participantes va en aumento. Durante el recorrido los 'chundareros' más cercanos a la banda van pendientes de las notas que en su día compuso Quintín Esquembre, los de la proa de lo que están más atentos es de recibir buenas dosis de agua dispensadas por los vecinos. Especialmente agradecida pues la tarde era calurosa. Y se notaba. Ese calor de la multitud era apreciable, potenciado por la humedad del suelo al evaporarse.

El agua se agradecía, y la diversión que ella aporta, circunstancia aprovechada por los que desde los balcones lanzaban el líquido elemento, enzarzándose –amistosamente, claro- en lanzarse agua de balcón a balcón, algo de lo que también se beneficiaban los de abajo.

El poder de convocatoria de esta fiesta original y exclusiva ha hecho, un año más, que se hayan organizado viajes en autobús desde la propia provincia vallisoletana y desde la contigua de Segovia.

Bastante antes de que arrancase el chúndara el centro de la villa del Duratón era ya un maremágnum de gente, con el arranque de una calle completamente colapsada como es la Derecha al Salvador, mientras que la Derecha al Coso era barrida y baldeada para el paso del chúndara. Todavía conservaba ese aspecto cuando empezó el pasacalles, por lo que no pudo evitarse pisar lo fregado. Pasado el chúndara se dio otra pasada con la barredora y como si por allí no hubiese pasado la multitud que acababa de hacerlo.

Despacito y buena letra, entonando el estribillo del `viva el pijo del tío Bernardo´, llegó la comitiva a la plaza del Coso para que diesen comienzo los festejos taurinos de la tarde, no sin antes dar la preceptiva vuelta al ruedo, merecida vuelta pues el chúndara de este jueves fue de puerta grande.

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