La UVA presume de Arquitectura

Espacio joven en el antiguo matadero. /Gabriel Villamil
Espacio joven en el antiguo matadero. / Gabriel Villamil

La universidad celebra los 50 años de la Escuela con una exposición de obras de sus ex alumnos que han resultado premiadas

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

Cuenta Eli Pariser, en el libro 'El filtro burbuja', que un urbanista con tintes elitistas decidió que los puentes que llevaban a la zona de playa de Jones Beach, en Long Island (Nueva York), fueran más bajos de lo normal. Algo que no representaba mayor obstáculo para la mayor parte de la gente que quería disfrutar de aquel entorno, en su mayoría blancos de clase de medio-alta. Sí, en cambio, para los negros que, con menos recursos, se veían obligados a utilizar los autobuses públicos, que no pasaban por debajo de aquellas pequeñeces.

Urbanistas y arquitectos tienen la misión de convertir los espacios en zonas habitables, confortables para el mayor número de personas y usos. Y Valladolid es uno de los núcleos que desde hace cinco décadas, cuando se creó la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, forma a esos arquitectos y urbanistas para ocuparse de esa misión. Ahora, cuando celebra las bodas de oro, la Escuela ha querido demostrar que sus egresados han cumplido el objetivo con bastante éxito. Para ello ha programado una exposición, que podrá verse a partir de mañana en el Museo de la Universidad de Valladolid (Plaza de Santa Cruz) con el título 'Tiempo y Arquitectura'.

El objetivo, destaca el director de la Escuela, Darío Álvarez, es otorgarle el valor que merece a la arquitectura y el urbanismo, y que los ciudadanos comiencen a ver con una mirada más profunda aquellos edificios y construcciones que tantas veces pasan inadvertidas. Por eso se han seleccionado obras realizadas por ex alumnos de la Escuela de Arquitectura que hayan recibido algún premio.

Edificio del gimnasio de la UVA, en el campus Miguel Delibes.
Edificio del gimnasio de la UVA, en el campus Miguel Delibes.

Son casi ochenta piezas, 79, cada una de un antiguo alumno, aunque algunos repiten porque han formado parte de equipos que han firmado de forma conjunta un trabajo. Algunas son obras de los años ochenta y otras son recientes. Así, el recorrido comienza con la restauración de la iglesia de San Cebrián de Mazote, que se llevó a cabo entre 1987 y 1990, y termina con el Microespacio Zarzamora, una obra pensada para el Paseo General Dávila, de Santander, que se llevó la mención de honor del XIV Premio de Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria en la categoría de Espacios Públicos y fue seleccionada en la XI Bienal de Arquitectura y Urbanismo Española.

En la presentación de la muestra, Darío Álvarez lleva con orgullo el buen hacer de la Escuela en su modo de «enseñar a hacer Arquitectura, con mayúsculas, buena arquitectura, entendida desde el orden, la lógica y la razón, atendiendo siempre a los tres principios básicos vitruvianos, 'utilitas', 'firmitas' y 'venustas' (utilidad, firmeza y belleza), adaptados al sentir de cada tiempo, pero manteniendo un carácter universal».

Los ámbitos en los que han destacado algunos de los «miles de alumnos» que han pasado por las aulas de la Escuela de Arquitectura son muy diversos, como se puede comprobar en el extenso catálogo de la exposición. Desde rehabilitación y restauración de monumentos -la propia iglesia de San Cebrián de Mazote, el teatro romano de Clunia, el atrio de la iglesia de la Magdalena en Matapozuelos- hasta las viviendas particulares, hoteles, edificios institucionales o infraestructuras.

Pabellón de Castilla y León en la exposición universal de Sevilla 1992.
Pabellón de Castilla y León en la exposición universal de Sevilla 1992.

Una de las más curiosas, por reciente y porque estuvo acompañada de una cierta polémica política fue el puente pasarela peatonal y ciclista que une el barrio de Villa de Prado con el parque del cerro de Las Contiendas. Los autores fueron Javier Arias y Susana Garrido y resultó finalista de los IX Premios de Arquitectura de Castilla y León en la modalidad de diseño de espacios urbanos, jardinería y paisajismo.

También resulta muy actual y accesible para el público la intervención que se realizó en la Librería La Otra, en la calle Juan Mambrilla, de Jesús de los Ojos y Jairo Rodríguez. Resultó finalista del X Premio de Arquitectura de Castilla y León, en diseño de espacios interiores. Maderas, palés y una división peculiar de los espacios para conjugar los usos de cafetería y librería.

El uso de los materiales en ese establecimiento lleva a reparar en otra curiosidad, la de comprobar, a través de las obras que se presentan en esta exposición del cincuentenario, cómo ha evolucionado la arquitectura en cuanto a la toma de conciencia de la sostenibilidad y otras cuestiones. El propio Darío Álvarez lo admite así. «Tiempo y memoria recreados a través de estos cincuenta años de Arquitectura, en los que se aprecia un importante cambio, una mayor preocupación por temas sociales, dejando a un lado la arquitectura como mero espectáculo y centrándose sobre todo en el habitante de la arquitectura y en su desarrollo social, cultural y emocional», explica en su presentación. Algo que sigue siendo, concluye, por encima de todo, «el objetivo de la Escuela de Arquitectura».

Teatro romano de Clunia, cuya rehabilitación corrió a cargo de arquitectos relacionados con la Escuela de Arquitectura.
Teatro romano de Clunia, cuya rehabilitación corrió a cargo de arquitectos relacionados con la Escuela de Arquitectura.

Algunos de los ejemplos que se muestran responden fielmente a esa concepción 'verde' de lo arquitectónico. Sorprenden, por ejemplo, la Casa Sant Juliá, de Alejandro Sáiz de Apellániz y Marianne Verdoux, mención especial en los II Premios Egurtek en la categoría de madera local. Es una edificación construida en Sant Cugat del Vallès. Los autores trataron, explican, de «respetar al máximo el arbolado» y «minimizar los movimientos de tierras» en un entorno de mucha vegetación y chalés aislados. O el hotel rural Caea Claveles, en Llanes, de Víctor Longo y Ester Roldán, primer premio en en los XXI Premio Asturias de Arquitectura, con una cubierta vegetal que abraza la estructura del edificio y lo integra en el paisaje.

Construcciones, proyectos y rehabilitaciones que permiten apreciar virtudes que en muchas ocasiones, sobre todo en edificios más contemporáneos, permanecen ocultas a plena vista a la mirada de los ciudadanos, incluso de los vecinos que los observan en su rutina diaria. Varias de esas joyas de las que presume la Escuela de Arquitectura se encuentran en Valladolid, dispuestas para quien quiera aprovechar la ocasión y redescubrirlas.

Algunos ejemplos