La Universidad de Valladolid premia a sus alumnos con mayor espíritu inventor

El rector, Antonio Largo, y el vicerrector Óscar Martínez escuchan a David Tristán./C. BARRENA-UVA
El rector, Antonio Largo, y el vicerrector Óscar Martínez escuchan a David Tristán. / C. BARRENA-UVA

Las becas Prometeo muestran la vertiente social de los estudiantes en productos innovadores que ahora se intentarán patentar

Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

El rector, Antonio Largo, observaba un molino de viento a escala con una forma un tanto peculiar. En su parte baja aparecía, entreabierto, una especie de paraguas de loneta. A su lado, David Tristán, recién terminado su máster de Ingeniería Industrial, le explicaba que «el sistema permite desplegar un abanico colector ante la presencia de lluvia y almacena ese agua». Un agua que el propio sistema transforma en energía –«creamos hidrógeno con una celda electrolítica y almacenaríamos esa energía»– o bien destina al riego por goteo, por ejemplo.

Su compañera Myriam Marcos, al lado, participó junto a él en este proyecto y en el de una planta desalinizadora. «El prototipo de molino es real, solo que de pequeña potencia, y podría ser para uso doméstico o en zonas rurales. Y luego los molinos eólicos podrían acoplar el sistema de recogida de agua», señalaba ella. Han presentado la solicitud de patente, que ahora debe resolverse, y han cumplido con el objetivo de los Premios Prometeo, que se entregaron este martes en el Palacio de Congresos Conde Ansúrez.

Prototipos factibles

Unos galardones que buscan apoyar e incentivar «el desarrollo de prototipos orientados hacia el mercado» y que organiza la Universidad de Valladolid a través de su Fundación General. Resulta curiosa la vocación social de muchos de los inventos propuestos por los estudiantes de la UVA. El propio David Tristán señalaba respecto a su artefacto:«Pensemos en una ONG que lleva un molino eólico a un poblado de África. Solo tendrían luz cuando haya viento.De esta forma tendrían luz continua, porque almacenas el excedente y lo puedes reutilizar después, y suministro de agua adicional, porque se puede llegar a almacenar mucha cantidad».

No era el único. Una aplicación para el móvil busca ayudar a los pacientes con anomia –dificultades para encontrar las palabras que se refieren a algo, especialmente en casos de daño cerebral adquirido–; otra quiere ayudar a denunciar los casos de acoso escolar; otro sistema intenta mejorar las propiedades de panificación en las harinas sin gluten. Hasta la cuna multifuncional, que incluye la posibilidad de convertirla en trona, se presenta con una apostilla: «Orientado a su utilización en ocasiones especiales, viajes, crisis humanitarias...».

«Primero se presenta una idea un poco abstracta y luego hay que hacer una memoria de patente y un estudio de mercado, así que hay que ver su posible distribución y luego la parte técnica», explica Myriam Marcos. «Yo estaba deseando hacer el prototipo», se ríe David Tristán.

El requisito imprescindible de estos premios es que los prototipos deberán «ser funcionales, de tal manera que posibiliten la realización de pruebas concepto y demostraciones prácticas a terceros interesados». Porque la intención es conseguir que alguno de estos proyectos pueda derivar, en un futuro, en la creación de una empresa, de un producto. La décima edición, por cierto, ya se ha lanzado en pos de nuevos inventores. El plazo de inscripción está abierto.

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