La planta de escorias de la carretera de Santovenia deberá reducir las emisiones de amoniaco que inundan su entorno

Instalaciones de Befesa, en la carretera de Santovenia, con el cementerio de El Carmen y el casco urbano de la ciudad al fondo. /A. MINGUEZA
Instalaciones de Befesa, en la carretera de Santovenia, con el cementerio de El Carmen y el casco urbano de la ciudad al fondo. / A. MINGUEZA

La empresa Befesa, foco del olor al gas, tiene año y medio para adaptar su secadero al aire libre

J. Sanz
J. SANZValladolid

La empresa de tratamiento de escorias de aluminio que origina el fuerte olor a amoniaco que desde hace algunos años inunda con relativa frecuencia amplias zonas del norte de la capital –este viernes por la mañana volvió a ocurrir– y, con más asiduidad, el casco urbano de Santovenia de Pisuerga –el viernes se sufrió allí– dispone de un año y medio de plazo para modernizar el secadero al aire libre que genera esta nube de mal olor que, en principio, «no alcanza niveles nocivos para la salud, aunque sí resulta bastante molesta al tratarse de un gas con un olor muy fuerte», según reconocen fuentes del Servicio de Calidad Ambiental de la Junta, cuyos técnicos han realizado ya «numerosas inspecciones» en las instalaciones de Befesa Aluminio de Escorias Salinas, situada al borde de la carretera de Cabezón, frente al cementerio de El Carmen, dentro del término de la capital. «La planta cumple con la normativa vigente, si bien debe poner en marcha una serie de Mejores Técnicas Disponibles (MTD) para reducir sus emisiones antes del 30 de junio de 2020 conforme a una decisión de la Comisión Europea que obliga a este de tipo de empresas a mejorar sus instalaciones y reducir sus emisiones cada cuatro años», concretan.

El origen de estas nubes de olor a amoniaco se encuentra, según explican los propios técnicos, «en un secadero al aire libre de la planta en el que secan un material denominado paval, que contiene una gran carga de amoniaco que se libera durante este proceso por evaporación y que se disuelve en el aire –la dirección del viento en los días que esto ocurre genera el mal olor en las áreas afectadas–». Las mediciones de este gas realizadas hasta la fecha, aclaran las mismas fuentes, «han dado concentraciones muy alejadas de los umbrales máximos que recogen las normativas más estrictas».

La planta de Befesa se dedica al tratamiento de las escorias de aluminio para separar sus componente y obtener la sal que después se utiliza como fundente en las carreteras y calles en los días de heladas. «No todos los días se seca esta sustancia y por eso el fuerte olor a amoniaco llega solo en ocasiones a distintas áreas del entorno en función del viento», insisten las fuentes consultadas de la Consejería de Medio Ambiente, a la que el Ayuntamiento tanto de la capital como de Santovenia han pedido en numerosas ocasiones que adopte medidas para reducir las emisiones de este gas.

Tres soluciones a elegir

«La empresa no incumple la normativa, pero es cierto que al tratarse de un gas que provoca efecto invernadero está obligada a revisar sus protocolos y por eso tiene abierto un expediente de revisión (no sancionador) de oficio para que adopte mejoras en sus procedimientos», añaden desde el citado servicio autonómico, que concretan que Befesa cuenta con un año y medio para limitar sus emisiones «poniendo en marcha una, dos o las tres opciones recogidas en la normativa europea –inyectar carbón activo, instalar un dispositivo de postcombustión o habilitar un lavadero húmedo con solución de ácido sulfúrico–». La puesta en marcha de una o todas estas 'MTD', que así denominan, reducirá las emisiones y, en principio, las nubes de amoniaco que vienen generando las quejas tanto de los vecinos como de los ayuntamientos.

Los picos más altos de concentraciones de amoniaco en el ambiente registrados hasta ahora alcanzaron «1.300 microgramos por metro cúbico», cuando la normativa europea de protección de los trabajadores recoge picos de 14.000 como «nivel de riesgo para la salud» y la más restrictiva del mundo, en California, establece un valor de 2.100. «Sus emisiones, aunque puedan resultar muy molestas por el fuerte olor del amoniaco, no son tóxicas para la salud», insisten desde Medio Ambiente.