Piñel de Abajo celebra su primera feria de la cereza con medio centenar de variedades

Degustación de las diferentes clases de cerezas expuestas en la feria de Piñel de Abajo./A. O.
Degustación de las diferentes clases de cerezas expuestas en la feria de Piñel de Abajo. / A. O.

La localidad rescata tras once años de laboreo fruta muy tradicional de árboles viejos

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROPiñel de Abajo

Una vez más Piñel de Abajo demuestra su poder de convocatoria con las distintas jornadas que desarrolla a lo largo del año en torno a sus productos locales y tradicionales, en esta ocasión con la celebración de la I Feria de la Cereza que organiza. El buen ambiente y la animada participación se pudo comprobar desde el momento de su apertura, ayer al mediodía, cuando vecinos de la localidad y de la comarca, principalmente, se acercaron hasta el parque situado junto a las piscinas municipales donde se desarrolló esta primera edición.

Además de la exposición de medio centenar de variedades de cereza, y de la venta de las recogidas en los cerezos del término municipal, el programa confeccionado por la organización, la Asociación Prao de Luyas –que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento y la Diputación vallisoletana–, ofreció diversas propuestas más que, de forma paralela y dirigidas para todos los púbicos, se desarrollaron hasta por la tarde.

Apenas arrancó la feria comenzaron a venderse las pequeñas recolecciones de los doce productores locales que han aportado su cosecha de cerezas, las cuales recolectaron un día antes.

¿Por qué organizar una feria de estas características en este municipio de la comarca de Peñafiel? Eduardo Perote, responsable de la organización de la feria, explicó ayer que con esta propuesta se persigue «poner en valor los recursos propios de los pueblos con el objetivo de que estos perduren y que puedan ser transmitidos a los más jóvenes», para que a su vez estos «no pierdan el arraigo con sus municipios».

Perote indicó que Piñel de Abajo «tiene una tradición frutícola inmemorial», exponiendo que en «el catastro del marqués de la Ensenada se cita a nuestro pueblo como el de los mil almendros, mil cerezos y los mil ciruelos. Y toda esa impronta de cerezas ha llegado hasta nosotros hasta hace relativamente bien poco, hasta la concentración parcelaria, que fue cuando estos pequeños cultivos tradicionales desaparecieron» o quedaron reducidos a su mínima expresión.

A pesar de esa coyuntura que apostó por otro tipo de agricultura, la extensiva, «han quedado ciertos cerezos con variedades tradicionales muy interesantes, como la guinda garrafal, la tomatillo, corazón de pichón, monzón…», variedades que tras once años de laboreo han conseguido rescatar. «Son árboles muy viejos que hemos trabajado durante las jornadas de fruticultura que hacemos todos los años. Fruto de esa constancia es esta feria que el año pasado no pudo realizarse por las heladas tardías que arrasó con la cosecha. Esta es una manera más de poner en valor un producto exclusivo, tradicional, apegado a la tierra y al pueblo y así mostrar a los jóvenes y a los agricultores que pueden aprovechar aquellas parcelas que por distintas circunstancias no son rentables para otros cultivos, pero sí son buenas para el cerezo, «porque en esta zona se da bien este frutal, y así también diversifican la explotación y aparte ofreces un producto muy vinculado con la propia persona» que lo hace posible.

Respecto a las otras actividades que acompañaron a la cita con la cereza piñelana, desde la organización pusieron a disposición de los numerosos asistentes actividades para todas las edades. Entre otras, se celebró un taller infantil de elaboración de galletas con el producto estrella del día –entre otras propuestas para los niños–, y, para los adultos, se organizó un grupo para la recogida de trufas de verano, se desarrolló un taller de botánica y otro de pomadas y ungüentos con plantas silvestres, también se realizó una visita a la plantación de pistachos ubicada en el municipio –la más veterana de la provincia–, y además se celebró un pequeño mercado con distintos productos, como los ecológicos que se elaboran en el propio municipio, entre los que se encuentran legumbres, harinas y vino. Con el parque de las piscinas como centro neurálgico, «se trata de hacer un collar de iniciativas», reflejó Perote, quien también explicó que se trata de dar a conocer todo aquello que les rodea, aprovechando ahora el esplendor del campo tras una primavera muy lluviosa. Se «tiene en cuenta todo; porque todo cuenta, todo vale por más pequeño y raro que parezca».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos