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La Piedad procesiona en noviembre para celebrar cuatro siglos de la hechura de la Virgen
La devota talla de Gregorio Fernández concebida originalmente para un altar del Convento de San Francisco fuer acompañada ayer por numerosos cofrades y devotos por los alrededores de la Parroquia de San Martín
«Una devoción que atraviesa los siglos». Tal cual se anunciaba esta extraordinaria y así se constata cada edición de Semana Santa. Pero este sábado ... también. La Parroquia de San Martín celebró al atardecer «un desfile popular y de barrio para honrar y dar gracias a Nuestra Señora de la Piedad», como apuntaron el párroco y el presidente de la cofradía titular, pero abierto a toda la ciudad porque esta imagen mariana cuenta con una devoción especial. Un arraigo constatado ayer ante la presencia de numerosos cofrades, devotos y otros muchos ciudadanos que desafiando las bajas temperaturas se encontraron a la también conocida como La Quinta Angustia por los alrededores de su templo.
Parroquia y penitencial celebraron el IV centenario de la hechura de la imagen que es, precisamente, una de las obras maestras de Gregorio Fernández. Es decir, un desfile donde especialmente participaron los cofrades de acera honrando públicamente la consecución en madera policromada de esta talla en 1625 por parte del afamado escultor aunque realmente fue concebida para un altorrelieve para un retablo y no para paso procesional. Su destino original fue el convento de San Francisco, situado antiguamente en la Plaza del Mercado -la actual Plaza Mayor-, pero con la desamortización de Mendizábal y reubicándose en la Parroquia de San Martín lo cierto es que comenzó a ser uno de los pasos más representativos de la Cofradía de la Piedad y también de la Semana Santa de Valladolid.
El arzobispo, Luis Argüello, presidió la eucaristía para celebrar esta efeméride ante una iglesia llena, una asamblea estrechamente sentida y unida en torno a esta imagen que presidió la misa desde su carroza procesional donde posteriormente fue alumbrada por el casco histórico.
Así, el prelado mostró su alegría ante el importante arraigo que esta talla ha tenido entre los vallisoletanos, una imagen que representa el sufrimiento de María con Jesús recién descendido de la cruz, una dramática circunstancia que en realidad también hoy está de actualidad ante la necesidad de paz, de menos polarización, controversia y tensiones, como coincidían en apuntar tanto el párroco, Manuel Fernández Narros, como algunos de los participantes en este acto popular que contó con emotivas paradas y actos en la Residencia de Mayores del Carmen, a su paso por la calle Chancillería, donde se rezó con y por los mayores; en el Hospital Clínico, por la calle Ramón y Cajal, donde se oró por los enfermos, sus familias y los sanitarios; o en la Residencia de Santa Rosa de Lima, en la calle Esgueva, donde se pidió por las vocaciones. Argüello habló en estos lugares de la importancia de que la sociedad valore el papel de los abuelos, de respeto, salud y acogida para alzar la voz al pedir al Señor «que no falten en la Iglesia numerosos y santos sacerdotes que lleven a todos los frutos de tu muerte y de tu resurrección» remarcando su «pasión y servicio incondicional».
El arzobispo estuvo acompañado por el párroco de San Martín, quien ha sido el impulsor de estos actos «ante lo que vino a significar el valor de la devoción popular pero que también está en un momento de crecimiento en la Iglesia». Nuestra Señora de la Piedad es, como apuntaban otros cofrades, «el mejor transmisor de que a través de la Virgen María se llega a Cristo y, en definitiva, se llega a los demás y a vivir una realidad lejos del egoísmo, la soberbia y de las injusticias». Fernández Narros, también deán de la Catedral, se mostró además orgulloso de los buenos sentimientos que propicia el arraigo a esta imagen.
Una fe pública que tuvo mucho respaldo tanto entre participantes dentro del cortejo procesional como de los espectadores. Precisamente la cruz y los ciriales de la parroquia que conecta el centro histórico con los barrios de Hospital, San Pedro y de La Rondilla abrieron esta procesión extraordinaria donde el primer gesto fue para las hermanas clarisas que hace pocas semanas abandonaron el Convento de las Descalzas Reales, contiguo a San Martín e incluso sede de la cofradía durante el tiempo en que se restauró entre 2004 y 2007, por cuestiones de logística de la propia comunidad religiosa ante el escaso numero de monjas residentes en este cenobio.
Las bandas de música de esta cofradía también integraron la planta procesional destacando los sonidos tan característicos de las gaitas que bien hacían reconocer la salida de la penitencial a las calles. También participó la banda de cornetas y tambores que interpretaron temas especialmente reconocidos en los días santos de Pasión. También destacó una agrupación de danzas y jotas con paloteo que bailaron ante la Virgen Piedad en sus diferentes paradas.
Los niños fueron otros de los grandes protagonistas de la procesión, como garantes de la devoción heredada, y que sumaron unos cuantos entre los propios cofrades de la hermandad como los que integran los diferentes grupos de catequesis de esta parroquia. Después, sin ningún indicativo ni bandera cofrade, los cofrades en fila. Entre medias, por su lado, el pueblo fiel que quiso acompañar el discurrir de La Quinta Angustia por algunos centros del dolor y la solidaridad vallisoletana. Representantes de cofradías se sumaron igualmente a esta entrañable celebración donde su carácter festivo llevó a las populares manolas a ataviarse con mantilla blanca.
El Cuerpo Nacional de Policía también estuvo muy presente en esta celebración que, como en las ocasiones en que procesiona la imagen, varios miembros escoltaron a esta talla barroca junto a un escuadrón de la Academia Nacional de la Policía de Ávila e incluso varios a caballo al inicio del desfile. Emocionados agentes y alumnos que, como comentaban al inicio, llevaban «muy a gala ser cofrades de honor de esta penitencial vallisoletana».
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