Un paseo por el Valladolid de México

El majestuoso cenote Zací, ubicado en pleno centro de Valladolid. / Arturo Posada

La ciudad yucateca, que comparte nombre con la capital castellana desde 1543, encierra lugares de gran belleza como el cenote Zací

Arturo Posada
ARTURO POSADAValladolid

Enclavado en un lugar estratégico de la península de Yucatán, luce majestuoso el Valladolid mexicano. Pasear por sus coloridas calles supone toda una experiencia, especialmente para el vallisoletano de España que aquí se mezcla con otros vallisoletanos (aunque no compatriotas) de herencia maya. A diferencia de Morelia, la capital del estado de Michoacán, que perdió la denominación de Valladolid en 1828, este Valladolid yucateco mantiene el nombre desde su fundación en 1543.

Nada más llegar nos aborda en pleno centro Roberto, empleado de un restaurante, para preguntarnos de qué lugar venimos. Cuando le respondemos que «de Valladolid, España», sonríe entusiasmado. Él coincidió una vez en Mérida (capital del estado de Yucatán) con emeritenses españoles y le hizo una gracia bárbara, pero este encuentro le resulta aún mejor, así que se prodiga en todo tipo de indicaciones y recomendaciones.

Roberto nos guía hasta un local municipal cedido a una cooperativa que vende directamente la artesanía de 3.600 familias mayas. Aquí trabaja Héctor, el vendedor a cargo, que nos expone las virtudes del jipijapa, el sombrero tradicional de la zona, elaborado en cuevas a seis metros bajo tierra con tiras tan flexibles que puede doblarse y guardarse en un bolsillo sin peligro de dañarlo. «También puedes comprar hamacas y algo que encanta a las mujeres es la joyería de plata. Por cierto que aquí no se dice mujer, se dice 'comandanta'», desliza el bienhumorado Roberto para referirse al poder de las esposas en el matrimonio.

Un policía vigila el tráfico, la catedral de Valladolid (iglesia de San Servacio) y el escudo de la 'ciudad heroica'. / Arturo Posada

El Valladolid mexicano luce orgulloso la denominación de «pueblo mágico». «Es por la seguridad, lo colonial que es, el carácter de la gente. En Yucatán tenemos solo dos pueblos mágicos: Valladolid e Izamal», subraya Roberto.

Como el húmedo calor tropical aprieta de lo lindo, nos dirigimos al cenote Zací, ubicado en pleno centro de la ciudad, al que se accede por 30 pesos (1,38 euros al cambio). Zací es el antiguo nombre de la ciudad maya donde ahora se asienta Valladolid, fundada inicialmente por el conquistador español Francisco de Montejo 'El Sobrino' el 28 de mayo de 1543 en el sitio de Chouac-há. Por su parte, los cenotes son una maravilla geológica, creados por el suelo calizo de Yucatán, que al hundirse deja al descubierto balsas subterráneas de agua dulce. El meteorito que se estrelló en Chixchulub hace 65 millones de años y que causó la extinción de los dinosaurios facilitó su formación. Actualmente, se consignan más de 10.000 cenotes en toda la península de Yucatán.

Los cenotes cuentan con seis morfologías diferentes y el Zací (gavilán blanco, en maya) corresponde a los que presentan una bóveda desplomada por la mitad, lo que permite que los rayos de sol penetren con fuerza para iluminar el bello recinto. Cuenta la leyenda que los mayas, bajo el mando de Zací Hual, se escondieron en este 'dzonot' ante el avance de los conquistadores españoles e invocaron la ayuda del dios Chaac para la batalla en curso. Chaac mandó un poderoso rayo que impactó sobre la bóveda y la lluvia de piedras mató a todos los que se encontraban dentro, españoles y mayas. Hoy, los turistas y lugareños más avezados se zambullen desde las alturas mientras grandes peces negros con bigotes nadan en círculo. El agua está fría y pocas cosas se agradecen más en un día tan caluroso. Los cenotes franqueaban la entrada al inframundo de los mayas y el Zací despliega toda su majestuosa belleza.

Letras de Valladolid frente al Convento de San Bernardino de Siena y calles de Valladolid / Arturo Posada

Después del reparador baño, toca reponer fuerzas. Elegimos el Mesón del Marqués, ubicado en el patio de una coqueta casa colonial construida a principios del siglo XVII y que también cuenta con un hotel. Se anuncian como «una empresa 100% vallisoletana». Aquí probamos los famosos «lomitos de Valladolid» (cerdo frito con tomate y chile seco) y los panuchos de cochinita pibil (tortillas de maíz, con frijoles, cebolla y falda de cerdo), así como un refrescante gazpacho de aguacate. El pavo de monte en Sak-kol y el digestivo licor maya Xtabentún (elaborado con la flor del mismo nombre, anís y miel de abeja) se quedan para otra ocasión.

La visita continúa en la catedral de Valladolid (¡tiene las dos torres intactas!), también llamada de San Servacio, cuya fachada miraba al oeste, según la tradición, pero que fue reorientada al norte como desagravio por un crimen cometido en el siglo XVIII. En Valladolid sucedieron también dos grandes pasajes de la historia mexicana: la guerra de Castas (1847) y la 'Chispa' que inició la Revolución Mexicana en 1910.

Paseamos por la antigua Plaza de Armas, actual parque Francisco Cantón Rosado, donde en tiempos de esplendor maya se erigió una pirámide que fue demolida por los conquistadores españoles y cuyas piedras se emplearon para edificar la iglesia, el palacio municipal y viviendas de postín. Nos detenemos en la fuente de 'La Mestiza', homenaje a la mujer yucateca «producto de la fusión de la cultura española y maya», que luce el máximo atuendo de la zona, el terno, según detalla un panel informativo. Los turistas se deleitan con las danzas que un grupo de 'guerreros' mayas ataviados para la ocasión ejecutan sin desmayo.

A media tarde nos dirigimos a la Calzada de los Frailes, entre viviendas coloridas y un tráfico incesante. Esta calle, construida en el siglo XVI para unir la villa de Valladolid con el pueblo indio de Sisal (hoy un barrio más de la ciudad), está repleta de tiendas de artesanía y moda local. Frente al convento de San Bernardino de Siena (templo franciscano de una sola nave con retablos de madera de estilo barroco) juegan los colegiales en una gran explanada que permite contemplar un precioso crepúsculo. Mientras, unos operarios se afanan en reparar las alegres letras gigantes con el nombre de Valladolid, un lugar perfecto para inmortalizar la visita. A su lado, los setos con las siglas VA que tenemos junto a la Cúpula del Milenio en nuestra Valladolid natal nos resultan algo deslucidos...

«Tanto Mérida como Valladolid son las ciudades blancas de Yucatán», nos explica Jonathan, un vendedor de artesanía. «Cero asaltos, cero robos. Pueden caminar seguros, no les va a pasar nada». En efecto, la experiencia personal lo corrobora. Al caer la noche, Valladolid recupera el pulso local, ya sin el bullicio de turistas que desembarcan para un contacto rápido con la ciudad tras visitar las imponentes ruinas de Chichén Itzá.

La Valladolid española (nuestra Pucela) está hermanada con Morelia, pero no con esta 'linda hermosa' localidad con la que comparte nombre desde 1543. Sin embargo, cuando un vallisoletano-pucelano se encuentra con un vallisoletano-yucateco surgen curiosos vínculos identitarios. Así que una pregunta nos ronda antes de abandonar este 'pueblo mágico' mexicano: ¿por qué no profundizar en esos lazos desde los gobiernos municipales de Valladolid y Valladolid?