La mujer de Parquesol presentaba signos de muerte por asfixia horas antes de la confesión de su hijo

Los operarios del Servicio Forense acuden al domicilio de la fallecida, en la calle Federico Landrove Moiño, junto al centro cívico de Parquesol./J. Sanz
Los operarios del Servicio Forense acuden al domicilio de la fallecida, en la calle Federico Landrove Moiño, junto al centro cívico de Parquesol. / J. Sanz

El joven, de 38 años de edad, intentó quitarse la vida en un hotel de Benidorm, sufriendo una leve intoxicación

J. Sanz
J. SANZ

La Policía Nacional detuvo ayer en Benidorm a un hombre, que confesó a los agentes que había matado a su madre en Valladolid y que después intentó quitarse la vida sin conseguirlo.

Todo comenzó en la turística localidad alicantina de Benidorm, a 654 kilómetros de la capital, donde los agentes acudieron a auxiliar a un hombre de 38 años que acababa de intentar quitarse la vida en el más emblemático de sus hoteles, el Bali, a primera hora de la tarde de ayer. El inquilino, que sobrevivió, les confesó entonces que había matado a su madre y les condujo al domicilio familiar del número 15 de la calle Federico Landrove Moiño, en Parquesol. Así que unos minutos después llegaba la pertinente comprobación del domicilio. Y allí, en el cuarto piso, yacía, en efecto, la mujer, de algo más de setenta años, con signos aparentes de haber muerto por asfixia horas antes de la confesión.

La víctima, Sacramento M., residía en el cuarto piso del número 15 de la calle Federico Landrove Moiño, situada junto a la parte posterior del centro cívico de Parquesol, era madre de tres hijos y había perdido a su marido hacía ocho meses. «Vivía sola, aunque sus hijos venían con frecuencia –el nombre de uno de ellos aún figura en el buzón–, y parecía que su estado de salud era un tanto delicado», apuntaron los residentes después de aclarar que «nunca habían visto nada raro ni oído nada extraño» en las horas previas al hallazgo del cadáver por parte de los agentes de la Policía Nacional, acompañados por un juez y una forense, pasadas las dos de la tarde de ayer.

Los investigadores, al margen de confirmar a su entrada a la vivienda, en compañía de los familiares, que la mujer había fallecido –conforme a la confesión de uno de sus hijos–, tampoco encontraron signos aparentes de violencia en el domicilio, restos de sangre, armas homicidas o indicios de nada raro. Todo apunta, en principio, a una posible muerte por asfixia, un extremo que intentarán confirmar los forenses durante la autopsia, que realizarán en el Instituto de Medicina Legal, al que fue trasladado el cuerpo al filo de las cinco de la tarde de ayer, una vez concluida la inspección ocular del escenario por parte de los agentes de Homicidios y de la Policía Científica, todos ellos de paisano. La vivienda, en el cuarto H, quedó después precintada temporalmente.

«No sabemos nada», lamentaban los propios familiares de la víctima, que facilitaron la entrada de los agentes al domicilio de Sacramento menos de una hora después de que uno de sus hijos confesara a más de seiscientos kilómetros de distancia, en una de las habitaciones de la enorme torre del hotel Bali (53 plantas), que había matado a su progenitora.

Fuera de peligro

El sospechoso, que solo sufrió una intoxicación leve, fue evacuado al hospital de la cercana localidad de Villajoyosa, donde recibió atención psiquiátrica. Después fue conducido a los calabozos de la Comisaría de la Policía Nacional, de vuelta a Benidorm, donde permanece a la espera de pasar a disposición judicial en las próximas horas. Allí, ante el juez, si está en condiciones, deberá explicar los pormenores de lo ocurrido horas antes de su intento autolítico en el domicilio de la capital vallisoletana, a la que será trasladado presumiblemente a continuación al tratarse de un crimen registrado en su ciudad natal e investigado por un juzgado de Instrucción local, en concreto, el número 2.

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