La Overuela recupera la esencia del lavadero

Presentación del parque de las Lavanderas en La Overuela./Henar Sastre
Presentación del parque de las Lavanderas en La Overuela. / Henar Sastre

El barrio dedica el nombre del parque donde se encontraban los pilones para lavar la ropa a las mujeres que lo utilizaban

Álvaro Gómez
ÁLVARO GÓMEZValladolid

Fregaban, planchaban, cocinaban, cosían y también remendaban. Cuidaban de los niños, administraban el dinero e iban al mercado a hacer la compra. Un día a día ajetreado a lo que había que sumar acudir al lavadero, pues la falta de agua corriente impedía lavar la ropa en las casas. En La Overuela hace menos de medio siglo se veía a sus vecinas desfilar por la calle con un barreño lleno de ropa, a veces con el niño de la mano, camino del rincón del barrio regentado por la señora Eulalia. «Venía a lavar con mi madre porque éramos muchos hermanos y la tenía que ayudar. Yo trabajaba, pero tenía dos meses de vacaciones y le acompañaba casi todos los días», explica Mercedes, una de las lavanderas que ayer fueron homenajeadas durante la presentación de la nueva zona verde remodelada gracias a los presupuestos participativos.

A partir de ahora se llamará Parque de las Lavanderas, un lugar que servirá a los vecinos de nexo con el pasado. Donde ayer jugaban y se divertían los más pequeños, hace décadas era el punto de encuentro principal para las mujeres del barrio que pasaban horas y horas lavando. Aunque entre tanto trabajo, este momento del día les servía en cierto modo para desconectar. «Escuchábamos novelas en la radio, hablábamos de todo y nos llevábamos muy bien», asegura Mercedes. Lo corroboran sus compañeras, como Mari Carmen, quien al salir del colegio iba con su hermana o su amiga Mila al lavadero, a pesar de tenerlo prohibido por ser demasiado pequeñas. «Nosotras nos lo pasábamos tan bien que nos colábamos», cuenta entre risas.

Carmina también guarda recuerdos muy gratos, «menos aquel día que llevaba un barreño de barro, me di un tropezón y se rompió con toda la ropa ya limpia». Con alegría recordaron las mejores anécdotas de tantos años en este punto del barrio, donde ahora hay un pilón que rememora a las mujeres trabajadoras de La Overuela. En este mismo punto, la Asociación de Vecinos La Isla representó durante el acto una escena de cómo era la vida para estas vecinas. Con los cubos y barreños llenos de ropa llegaban hasta el abrevadero, donde se arrodillaban para usar las tablas de lavar y el jabón casero elaborado con sosa y grasa de cerdo.

En compañía de sus vecinas, se encargaban cada una de la ropa de su casa, que en muchas ocasiones era de hasta diez o doce personas. Entre confesiones, charlas y alguna que otra canción pasaban el día, aunque a veces alguna se llevaba un susto. «Recuerdo que una vez se metió una vaca en el pilón, me asusté y cerré la puerta. A veces venían animales a beber», explica Isabel, quien recuerda que en aquella ocasión fue la señora Eulalia quien solventó el problema.

Durante la presentación del parque solo hubo buenas palabras para la encargada del lavadero. Algunas recuerdan que ella les enseñó a hacer ganchillo. Otras remarcan que «era una mujer más limpia que nadie» y que siempre usaba tacones. «Era una señora. Nos apreciaba y nos quería. Además, tenía todo muy limpio y el agua era clara y cristalina», recuerda María.

Con nostalgia comentaron sus recuerdos María Jesús, Carmen, Vicenta, Dolores, María Callejas, Crucitas, Felipa, Mila, Mari Carmen Buena, Mercedes, Eva, Begoña, Marta, Justina, Isabel, Concepción, Araceli, Mari Carmen Negro, Sebastiana, Isabel Negro y Carmen Maestro. Entre tantas historias no faltó el recuerdo a las que ya no están con la suelta de varios globos blancos al cielo de La Overuela. Todas ellas recibieron un obsequio acompañado de una foto recuperada del Archivo Municipal de cómo era el antiguo lavandero y una poesía que solían recitar las vecinas. La mejor manera para recordar que, aunque haya pasado el tiempo, la esencia del parque es aún de las lavanderas.