Óscar Puente: «Yo estoy en política sin red; en el PP ya piden un colchón por si se la pegan»

Puente, en el balcón de la Casa Consistorial. / Gabriel Villamil

«Decirles a los vallisoletanos que el soterramiento es posible es populismo puro y duro»

J. Asua
J. ASUA

Está bregado en la pelea política –«desde hace muchos años todo me lo he tenido que sudar yo solito», recalca– y, por eso, la cita de mayo no le asusta. Convencido de que revalidará su cargo de alcalde, Óscar Puente (Valladolid, 1968) afronta la pugna electoral con optimismo y deja claro que sus aspiraciones se colman aquí, en una ciudad que quiere que «pite».

–Ya vemos que aquí sigue, no ha dimitido como le exigía el PP.

–¿Por qué iba a dimitir? Hay que tomárselo a broma. Está bien que empecemos la entrevista con humor.

–Llega una batalla electoral muy dura. ¿Cómo está de ánimo?

–Mejor que hace cuatro años. Entonces estaba en la oposición, con un escenario difícil, con encuestas que me daban cinco concejales. Si ahora me asusto por lo que viene, es que no he avanzado mucho.

–La oposición ya le ha puesto mote. El «alcalde de la nada» repiten.

–Nada de dejar a la ciudad a la altura del betún en toda España, nada de mirar a los ciudadanos por encima del hombro... De eso, nada de nada. De lo demás, hay mucho. De trabajo social, de apertura de Valladolid, de otras formas democráticas. Quizá para ellos sea nada abrir los comedores escolares, un nuevo centro cívico, dos centros de mayores, dos escuelas infantiles... La gente lo tiene muy claro. Y es verdad que no ha habido nada de soberbia y de altivez por parte del alcalde.

–La obra de la Plaza Mayor marca el mandato como proyecto urbanístico. ¿Qué otros logros le han llenado?

–El listado es grande. Las prioridades han sido otras. Cuando llegué me puse a invertir en los colegios, en los centros de mayores... Pero lo fundamental, el objetivo con el que yo venía a la Alcaldía, era llenar de vida esta ciudad y lo hemos conseguido. Ahí están los datos del turismo. Valladolid está creciendo económicamente. Estamos ya en la liga de las ciudades del País Vasco, de Navarra... Y eso es parte del trabajo de dinamización que hemos hecho con el plan de empleo, con los acuerdos con comerciantes y empresarios. Abrir la ciudad y venderla fuera . Mejorar su posicionamiento nacional e internacional.

«El alcalde de la nada, sí, nada de dejar a la ciudad a la altura del betún, nada de soberbia, ni de altivez»

–Que soterren en Murcia o en Vitoria y aquí no, siendo usted miembro de la federal e íntimo de Pedro Sánchez, ¿no le deja en mal lugar?

–Esos soterramientos, en general, están en la misma situación que ha estado el de Valladolid durante muchos años. Se están vendiendo cosas a futuro. El soterramiento aquí no lo financia nadie, cuesta 1.200 millones adicionales a los 400 de deuda y ningún gobierno está dispuesto a ponerlos. Hay que optar por lo realista y eso es una integración del tren en superficie. No podemos seguir con el túnel de Labradores como está y con pasos de peatones en una situación lamentable.

–¿Le pasará factura electoral? Los barrios del este no tragan con pasarelas y túneles.

–Sinceramente, no lo creo. Cuando lleguen las elecciones se verá. ¿Quién va a ofrecerles el soterramiento?, ¿el que no lo ha hecho durante veinte años? ¿el que pertenece al mismo partido que gobierna la Junta y que gobernaba España y que nos dijo 'no' a poner 1.200 millones de euros más para financiarlo? ¿Quién coge esa bandera con legitimidad y con credibilidad? Hemos perdido mucho tiempo en una historia que estaba muerta hace años. Si hubiéramos tenido más dosis de realismo, nos hubiéramos ahorrado muchos disgustos y alguno se habría ahorrado pasar por el banquillo. Los ciudadanos no soportan más que les digan mentiras. Muchos partidos que acusan a otros de populistas ejercen el populismo militante. Decirles a los vallisoletanos que el soterramiento es posible es populismo puro y duro.

–VOX irrumpe con fuerza. ¿Teme un «tripartito de perdedores» centro-extrema derecha que le pueda desalojar?

–No. Mi preocupación es que mi electorado salga a votar, que valore el esfuerzo de tolerancia que se ha hecho en estos cuatro años. No hemos pisado los callos a nadie. Hemos respetado las tradiciones y hemos sido un gobierno de mano tendida. No veo un caldo de cultivo para ese voto de cabreo que puede haber en otros territorios.

«El soterramiento aquí no lo financia nadie, cuesta 1.200 millones adicionales a los 400 de deuda»

–¿Le aprietan sus socios para que retire la Laureada del escudo o el crucifijo del salón de plenos?

–No me aprietan, pero, en todo caso, no voy a tomar decisiones que no se centren en lo importante. Estoy aquí para cambiar la vida de los que lo están pasando peor, para que la ciudad pite, para que sea reconocida en España y en el mundo, para que se viva mejor en ella. Ese es mi trabajo. Hay mucha gente que las está pasando canutas y tengo que luchar por ellos. No estoy aquí para cambiar la Navidad, ni la Semana Santa, ni los crucifijos, ni las laureadas.

–PP: Pilar del Olmo, Bermejo o Carnero. ¿Quién le puede hacer más daño?

–Me da igual. Que pongan al que quieran. Son parecidos. El PP lleva tres años y medio en los que no ha sido capaz de cuajar un referente. La salida esta semana del exalcalde como precandidato ya avisa. Que se ofrezca alguien que está fuera de juego indica que el PP está muy malito.

–Para mantener el bastón de mando, ¿tendrá que volver a pactar o tiene encuestas que le dan mayoría absoluta?

–Estoy convencido de que el PSOE va a ser la lista más votada.

Confluencia con Podemos

–De ocho concejales a...

–Veremos. Somos optimistas, pero no nos engañemos, pasar de ocho concejales a catorce o quince no es sencillo en un mandato. Es posible que sea necesario pactar, pero espero hacerlo en unas condiciones mejores, con más concejales y solidez.

–Toma la Palabra ya se está arrimando al árbol de Podemos, ese que usted no le recomendó. En Andalucía la alianza ha salido rana. ¿Aquí?

–No veo una suma muy clara. Abrir el abanico es mejor. Así los electores tienen más opciones. Toma la Palabra es una marca local, con un candidato prestigioso, con un discurso de Valladolid. Tienen una idea de ciudad, que la están desarrollando desde el gobierno. Creo que no ganan nada uniéndose a otros.

–Vino Echenique, el segundo de Podemos, y apenas acudieron cincuenta personas. ¿El chalé de Iglesias en Galapagar puede haber marcado un antes y un después?

–Hay una clara tendencia a la baja en Podemos. La casa, ese tipo de cosas, al final lo que vienen es a hacer una foto de un movimiento que tuvo una aspiración máxima y que, poco a poco, ha ido transformándose e integrándose en el sistema. Han pasado de querer conquistar el cielo a ser un poco más realistas y eso puede haber desinflado a una parte de su electorado. Creo que es más complejo que resumirlo con lo del chalé.

«Creo que Toma la Palabra no va a ganar nada uniéndose a otros»

–A usted le atacan con su «pisazo» y con el golf en horas lectivas.

–Ahora me han dejado tranquilo. Me compré mi casa en 2013. Ni era alcalde, ni portavoz del PSOE, ni soñaba con llegar a serlo. Es ridículo. Yo juego al golf veinte veces al año y elijo los días que puedo. Trabajo la mayor parte de los sábados y los domingos. Mi agenda es pública y sabéis cada paso que doy. Forma parte de una estrategia de desgaste que produce el resultado contrario al que pretende.

–También mueven fotos con el coche eléctrico en el que se desplaza mal aparcado debajo de su casa.

–El otro [por León de la Riva] iba con chófer, los escoltas detrás y los tenía en la parada de taxi de la Plaza de Zorrilla todo el día. Salía a las doce de la noche al balcón y les decía graciosamente con la mano 'marchaos a casa, que ya he dejado de ver la tele'... Yo no llevo chófer, no llevo escolta... Voy como un perro a mi casa a cambiarme de ropa, porque tenía un acto a media mañana y hay un tonto que me saca la foto y la exhibe como una actitud de un alcalde por encima de la ley. Me hace reír y demuestra hasta qué punto la derecha está desnortada. ¿Eso tienen contra mí? Pues lo siento, aquí hay un alcalde honrado, decente, que curra muchas horas, que va a cuerpo limpio que puede mirar a los ojos a los ciudadanos, porque no ha hecho nada deshonesto. Eso, por desgracia, no lo pueden decir otros.

–Saravia confesó en una carta a los suyos que ha presentado tres veces la dimisión durante el mandato. ¿Cómo valora ese desamparo que dice haber sentido?

–La política merece personas como Manolo. Es un hombre sensible, la crítica le afecta, se echa encima una cantidad de responsabilidad enorme, cada cosa que no sale del todo bien le machaca. Es muy honrado y muy honesto y eso es necesario. Es bueno que Manolo haya tomado la decisión de seguir adelante, a pesar de las dificultades y, sobre todo, de la incomprensión que él ha sentido de sus apoyos más cercanos. Aquí hemos estado veinte años esperando para gobernar la ciudad y hay algunos que da la sensación de que vivían mejor contra León de la Riva. Entiendo que haya estado mosca. Yo tengo otro carácter. A mí eso me anima más, pero a él le daña.

–¿Le ha decepcionado ese sector crítico de la izquierda?

–Yo miro al conjunto y me trasladan un mensaje muy bueno. Voy por la calle solo, nadie me insulta ni me increpa, al revés me saludan con educación. La gente te da su opinión y está contenta. Ves un buen ambiente en la ciudad. Me quedo con eso. Que luego hay un sector que no entiende lo que ha pasado con el soterramiento, que no acaba de razonar... Chico, así es la vida y la política. Llevo muchas plazas toreadas.

–¿Qué pensó cuando vio la foto de los vecinos atravesando el Puente Mayor en fila india y agarrados a la barandilla para no resbalarse?

–Muchísimo disgusto, porque se trabaja para que las cosas salgan bien. Esa foto no me gustó nada. Se opta por un pavimento que el técnico dijo que era antideslizante. El otro era ginecólogo y yo de pavimentos sé lo justo. Para eso hay un arquitecto que hace el proyecto y que, coño, se supone que sabe lo que hace. No hay puente en esta ciudad que no haya acabado teniendo un problema. Veinte años sin hacer nada en ese puente, la gente demandaba esa obra y apostamos por algo funcional, no estético, que parece que tampoco ha gustado. Lo único que puedo hacer es pedir disculpas. Vamos a intentar solucionarlo y asumimos nuestra responsabilidad.

A la oposición no vuelve

–Sabemos de su optimismo, pero si no repite, ¿se quedará en la oposición o le tiene el PSOE preparado un puesto bálsamo en Madrid?

–Estoy en política sin red. Todo me lo he tenido que sudar yo solito. Me he currado mis primarias y si estoy en alguna posición en el ámbito nacional desde luego no es por haber sido amarreta o lamerón con nadie, ha sido por ser valiente. No me veo en la oposición. Estuve ocho años en ella, llevo cuatro de alcalde. No tendría mucho sentido que volviera a esa etapa. Pero tampoco tengo nada. Nadie me ha ofrecido nada. Sí me han contado que algún candidato o candidata del PP ha pedido una red por si las moscas, un colchoncito por si se la pega... Yo voy a por la Alcaldía y si no hay Alcaldía, pues sin red, veremos lo que me depara la vida o me vuelvo a mi despacho.

«El otro era ginecólogo y yo de pavimentos sé lo justo. Para eso hay un arquitecto que hace el proyecto y que, coño, se supone que sabe lo que hace»

–¿Se refiere a Pilar del Olmo? Los rumores apuntan que aceptaría la candidatura si le aseguran un puesto en el Senado.

–No voy a decir quién, eso lo sabéis mejor vosotros, pero fíjate con qué ánimo van.

–O sea, que no tiene aspiraciones fuera de Valladolid.

–Ninguna y creo que me he ganado el derecho a que me crean. Me he podido ir al Gobierno y no he querido hacerlo. Algunos decían que estaba para promocionarme. Como estaba pegado a Pedro Sánchez iba a salir tarifando a la primera oportunidad. Y ha sido que no. Voy seguir de alcalde cuatro años si me votan y seré el candidato del PSOE en 2023.

–Saca pecho por los buenos datos económicos de Valladolid y, en cierta medida, se los atribuye a la labor del equipo de gobierno. ¿No es un poco pretencioso?

–Si hay algo en lo que hemos trabajado es en que la ciudad se moviera, que tuviera chispa. A mí me viene un empresario con una inversión y pierdo el culo para que tenga licencia lo antes posible. Estamos creciendo por encima de la media y no coyunturalmente, es la tónica. Reivindico el papel activo de mi gobierno, que podría haberse dedicado a limpiar la ciudad, a hacer las fiestas, a los autobuses y con eso hemos cumplido. El principal agente dinamizador en materia de empleo tiene que ser el Ayuntamiento y los resultados ahí están.

–En los últimos meses se le ve más difuminado como portavoz de la federal del PSOE.

–Difuminado no, desaparecido completamente. Cuando un partido gobierna, el partido pasa a un segundo o tercer plano. La comunicación la hace el Ejecutivo. Ábalos ha asumido ese doble papel. Por otro lado, yo tengo mi Ayuntamiento y he entrado en modo municipal 100%. A mí me hacen un favor. Lo acepté porque Pedro me lo pidió, pero no tenía esa ambición. Con estar en la federal y tener capacidad para influir me vale. Traerme una cumbre a Valladolid, intentar acelerar el traslado de los talleres...

–Igual hasta le viene bien, teniendo en cuenta la debilidad del Gobierno de Sánchez y los bandazos que está pegando.

–Yo no voy a hacer como los barones. He apoyado a Pedro y estoy convencido de que he hecho lo correcto. Este es un Gobierno que está en una situación complicada, porque el país está en una situación complicada. Cualquiera lo estaría pasando mal, como lo pasó Rajoy o ahora Macron en Francia, al que le votaron el 65% de los franceses y al que las encuestas ahora le dan un 20% y tiene al país en la calle. Los gobiernos tienen que gestionar momentos muy convulsos y este es un país, sobre todo por la situación de Cataluña, que está en un momento muy difícil. No voy a dar bandazos, tengo muy claro dónde estoy y lo que he apoyado, pero la ciudad sabe que tengo mi cabeza y mi cuerpo cien por cien aquí.

«Cuando un partido gobierna, el partido pasa a un segundo o tercer plano. La comunicación la hace el Ejecutivo»

–¿Tiene que aguantar Pedro Sánchez todo lo que pueda o sería conveniente un adelanto electoral?

–He sido partidario desde el principio de que agotase la legislatura, pero las circunstancias pueden variar y creo que los independentistas no tienen ninguna voluntad de diálogo. Si uno llama a una puerta y te dan en las narices muchas veces... Hay que agradecer la buena voluntad de este Gobierno de abrir un espacio de diálogo a ver si se encauzaba esto de una maldita vez. Pero la respuesta está siendo sorprendentemente absurda. ¿A dónde van? Se están cerrando todas las puertas de una posible entente cordial con el resto de España y creo que es una estrategia suicida.

–De momento se han mandado cartas de advertencia, pero la oposición exige la intervención, el 155.

–El Gobierno sabe que si toma esa determinación, las opciones de diálogo en el corto y medio plazo quedarían eliminadas. Lo que está haciendo es cargarse de razones para dejar en la responsabilidad de los independentistas una decisión que acabe con la intervención de la autonomía catalana. Creo que quiere aparecer a los ojos de los españoles y de los catalanes como el Gobierno que lo intentó y eso me parece digno de elogio. Ojalá lo consiga, pero no oculto que soy pesimista. El presidente de la Generalitat no es una persona que esté a la altura de la responsabilidad que ocupa.

–¿Los resultados de Andalucía son una señal de alarma para el PSOE en general y para usted en particular?

–Hay dos cosas. Por un lado, una movilización de un electorado de derechas, en parte por la cuestión catalana. Y, por otro, una desmovilización de un electorado de izquierdas muy grande y esa, lo siento mucho, pero se la imputo a Susana Díaz. Ella pudo gobernar con la izquierda y lo hizo con Ciudadanos. Pudo quedarse en su tierra y se embarcó en la aventura de la secretaría general del partido después de una maniobra de infausto recuerdo, que lo que pretendía era darle el Gobierno a Rajoy en primera instancia y después hacerse con la secretaría. Y encima le salió mal. A ver quién retorna con eso a su tierra. Las elecciones las convocó ella. Quería demostrar que era un activo. Y ahí está el resultado. Ese electorado se ha quedado en casa porque no le convencía la candidata, porque no le gustaba lo que había hecho, porque el PSOE llevaba 38 años gobernando y no había estado a la altura de los retos que tenía esa sociedad. El mío no se va a quedar en casa.

–Si usted revalida, ¿el siguiente mandato será el del corte del centro al tráfico?

–No. Creo que hemos demostrado que somos partidarios de que los cambios sean graduales, se entiendan y se compartan. Hemos peatonalizado Regalado, porque nos lo han pedido los comerciantes. Si la Plaza Mayor deja de tener tráfico, parece lógico que la zona de Santa Ana pueda ser peatonal, como han sugerido los propios comerciantes. Dejemos que las cosas vayan por su cauce natural. Cuando un partido gobierna, el partido pasa a un segundo o tercer plano. La comunicación la hace el Ejecutivo, con cabeza y con consenso como hasta ahora.

–¿Ya está preparando la lista de su candidatura?, ¿repetirán todos?

–Hasta febrero o marzo no haré la lista, pero estoy muy contento con mi equipo. En principio, no tengo grandes intenciones de cambiar.

–La oposición se ha centrado mucho, y más que lo va a hacer, en la, a su juicio, deficiente limpieza.

–Bueno... La veo mejorable, como mejorable es el servicio de autobús. Como consecuencia de los años de congelación de las plantillas los recursos humanos están justos. Estamos afrontando una reorganización, hemos contratado un nuevo director y estamos comprando maquinaria. Pero exagerar con esto es injusto. Lo primero que destacan los visitantes cuando vienen es que es una ciudad limpia, segura y bonita.

«Cuando un partido gobierna, el partido pasa a un segundo o tercer plano. La comunicación la hace el Ejecutivo»

–¿El suelo para la Ciudad de la Justicia estará en manos municipales antes de que acabe el mandato?

–El del Río Hortega, sí, porque hay acuerdo, y el de El Salvador, por la aplicación del planeamiento, espero que también. Si alguien quiere correr mucho y llevárselo a Girón es legítimo, pero que lo digan y así sabremos a qué juega cada uno. Luego que no digan los comerciantes del centro que la derecha les defiende mucho; no les defiende nada.

–¿Qué proyecto le gustaría ver como alcalde?

La reforma del estadio, que lo transformará por completo, o la integración ferroviaria. Solo el paso de Labradores, con una plaza encima, es un cambio brutal. Me gustaría ver los talleres trasladados y la transformación de la zona... Pero de a poquitos. Quiero que sea una ciudad grande en calidad de vida, en cohesión social, en cultura... Eso es lo importante. No nos volvamos locos con los proyectos icónicos. Sin nada de eso llevamos siendo tres años la ciudad que más crece en turismo. Generemos actividad para que la gente joven se quede, para que haya oportunidades. Ese es el reto y para eso trabajamos.

«León de la Riva está equivocado, soy cero reconcoroso y él, poco elegante»

–Le tiraron atrás la rebaja del sueldo de ediles rasos cuando el PP le hizo reducirse su salario, ahora la libre absolución de su predecesor, la Audiencia le ordena abrir expediente a Gato y el TSJ le tumba el blindaje del suelo de Lauki. León de la Riva era ginecólogo, pero es que usted es letrado.

–Solo la sentencia del caso Zambrana fueron 20 millones de euros. Por no entrar en el caso de los áticos, con tres millones y pico. ¿Qué coste han tenido esos cuatro pleitos para Valladolid? Cero. Que se pierden asuntos judiciales, claro, pero recuerdo que la bajada del sueldo de los concejales fue un acuerdo de pleno, no un decreto del alcalde. Con Lauki intentamos blindar ese suelo para evitar que se pirara e intentase especular. Ahora, incluso, creo que hasta nos viene bien, porque está claro que eso no iba a ser una industria láctea. Hicimos lo que teníamos que hacer con el aval de la Junta y de otros organismos.

–¿Y lo de su antecesor?

–El fiscal pedía nueve años de cárcel y yo no he recurrido la sentencia, la ha recurrido el ministerio público. Se ha librado, en parte, por prescripción del delito. Yo no perseguía la condena, lo que tenía muy claro es que tenía que defender los cien millones del Ayuntamiento.

–Él ve ensañamiento.

–A mí este tema no me ha gustado. Está equivocado. El que me conoce sabe que soy cero rencoroso. Si él fuera una persona normal y dijera eso desde una posición auténtica, yo lo sentiría e intentaría un acercamiento. Pero respira por la herida de la pérdida del gobierno y no ha tenido un mínimo gesto de elegancia. Habló del traspaso de poderes con Bolaños. Con nosotros no hubo ninguno, aquí lo que funcionó fue la máquina trituradora de papel, ni siquiera se sentó a hablar conmigo cinco minutos. He actuado en defensa del interés público. Le expliqué lo que íbamos a hacer, que no me quedaba más remedio. ¿Qué hizo él? Irse al notario a otorgar separación de bienes. ¿Qué disculpas le voy a pedir a una persona que estaba tranquila con su conciencia y lo primero que hace es poner a un buen recaudo el 50% del patrimonio que tenía?

 

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