Orar pero sin resignarse en Malí

Las religiosas Pilar González (Burgos) y Mercedes Cuadrado (Palencia). / J. M.

Dos religiosas de Castilla y León impulsan un centro sanitario que atiende a mil malienses a la semana

Jorge Moreno
JORGE MORENOBarmako (Malí)

Dos religiosas originarias de Castilla y León, Mercedes y Piedad, pertenecientes a la orden Los Ángeles de la Guardia, de origen francés, han sido testigos de la evolución que ha registrado uno de los países más pobres del mundo. De la estabilidad política al enfrentamiento territorial y la división, con presencia militar exterior.

«Antes te podías pasear tranquila de día y de noche, sin miedo a que te pasase nada. Las puertas siempre estaban abiertas, y ahora es necesario poner seguridad. Siempre hemos tenido una convivencia fraternal entre culturas, sin problema ninguno. Es difícil determinar las razones, pero está claro que todo viene de fuera del país. La muerte de Gadafi ha generado una inestabilidad no solo en Libia, sino en las zonas de su entorno a partir del 2012», explican las dos misioneras asentadas en Malí.

El Sahel, al sur de Argelia, arde en combates diarios contra las tropas francesas, principalmente, no siempre conocidos en Europa. Hasta que se producen muertes, como las de los dos soldados galos el pasado 10 de mayo, cuando trataban de rescatar a cuatro rehenes en poder de los yihadistas.

Así que no les falta razón. La semana pasada un Observatorio Sueco sobre migraciones estimó que los desplazados en Malí, por motivos de violencia y hambruna, alcanzaban en lo que va de año las 123.000 personas.

La capital, Bamako, con 1,8 millones, ha acogido a muchos de ellos, que se hacinan en barracones de bloques de hormigón, maderas y chapas, sin agua corriente ni saneamiento básico.

La OMS considera esta parte del mundo un área de riesgo sanitario por malaria, fiebre amarilla, hepatitis o paludismo. Hasta los soldados españoles y de la ONU, destinados en misión semestral, toman los comprimidos de Malorone diariamente, para evitar los efectos de las picaduras de los mosquitos infectados.

Pacientes musulmanes

Y en este contexto sin olvidar la oración, las misioneras castellanas decidieron impulsar la creación de un centro sanitario que dispone de ocho médicos y seis enfermeros.

Ellas le llaman Centro de Salud Parroquial, y al mismo acuden por decenas los pacientes, en su mayoría musulmanes. «Solo somos un 3% los cristianos presentes en Malí», apostillan.

La semana pasada, en una mañana, se atendieron a 188 enfermos a los que se cobra un poco «porque pretendemos ser autosuficientes», dice Piedad, que añade que «tanto los médicos como los enfermeros están contratados legalmente».

«Todos son de Malí, y aquí formados. No hemos tenido petición de médicos españoles para venir aquí, puesto que además del francés es necesario conocer otras lenguas del país, como el bambara», recuerda Mercedes Cuadrado Gutiérrez (Villasarracino, Palencia) que salió de su pueblo en 1967.

Entonces este municipio, situado en la ruta Jacobea, que pasa por Carrión de los Condes, tenía los mil habitantes. Ahora su censo dice que son 143. Y en esa Castilla que iniciaba el éxodo rural a las capitales, cuando esta mujer, asegura, que tuvo claro que quería ser misionera para ayudar a los demás.

La hermana Mercedes, que recuerda que su nombre de bautismo es Consuelo, «ya que cuando entré en la congregación nos cambiamos el nombre», dice que los médicos españoles son más cooperadores con los países de América que con África. Médicos del Ejército de Tierra español han colaborado con poblaciones próximas a la base de Koulikoro, pero la capital, Bamako, se queda lejos de esta asistencia sanitaria.

Taller de costura en Bamako

Le puntualiza sobre su estancia de cinco décadas en Malí, su compañera de hábitos más joven, Piedad González de la Serna, natural de Palacios de Río Pisuerga (Burgos), un municipio situado cerca de Melgar de Fernamental, a 50 kilómetros de la capital burgalesa, y de donde partió con 15 años.

«Ahora tiene muy pocos habitantes», dice con tristeza sin contrariar a la estadística, que fija las 24 personas.

El tenitente coronel Jesús Serrano, burgalés, con las religiosas.
El tenitente coronel Jesús Serrano, burgalés, con las religiosas.

Ambas religiosas pertenecen a la orden de las Hermanas de los Ángeles de la Guardia y han conseguido mantener no solo su confianza en su fe sino en el país que las acogió hace 45 años. «Estuve en Burkina Faso tres meses, pero me vine aquí, y aquí sigo. Malí ha sufrido una gran evolución, que nos apena más por lo que está pasando».

El barrio de Bamako donde residen, el de Korofina Norte, está considerado como muy pobre. Basta observar sus calles y ver cómo sus residentes pasan el tiempo tratando de vender algún producto en pequeños puestos, o parando a los conductores malienses que por allí pasan.

Por este motivo, las dos religiosas castellanas han asumido que no solo con la religiosidad , y predicando la fe, se puede sobrevivir en África. Han buscado para ello alternativas para las mujeres de la capital.

«Pretendemos preparar a las monitoras para que luego éstas enseñen a poder ganarse la vida con algunas de las formaciones que impartimos», explica la monja palentina, sobre su segundo proyecto puesto en marcha con destino a la población femenina. Las dos misioneras no se dieron por satisfechas y hace unos años establecieron también en su sede de Bamako este Centro de Costura.

«Aquí las mujeres aprenden corte, confección y el bordado. Este año pasado hemos contado con 80 mujeres, solo cinco cristianas, el resto musulmanas. A ellas se les ofrece una oportunidad para salir de la situación en la que se encuentran por falta de medios. Trabajamos por el bien del pueblo respetando cada creencia», explica Mercedes Cuadrado.

El perfil de las participantes que acuden a solicitar apoyo de la congregación son jóvenes, de menos de 18 años en algunos casos, que han tenido abandonar la escolarización «porque en Malí no funciona bien» por la situación que atraviesa el país. «En Malí llegamos a ser una veintena de misioneras españolas. Muy poquitas ahora», dicen al unísono.

Aunque oyen las noticias sobre los misioneros españoles y los ataques a centros católicos, las dos religiosas no temen por su vida.

Es conocido entre los militares españoles que regularmente se acercan a la sede de la congregación el bizcocho que estas hermanas preparan. Y en un trueque africano, traen medicinas y otros objetos, y a cambio las hermanas les ofrecen probar ese bollo esponjoso del que casi todos repiten.

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