Los operarios de Limpieza trabajan con escolta policial en Las Viudas para evitar amenazas

Los operarios limpian Las Viudas escoltados por una patrulla./J. S.
Los operarios limpian Las Viudas escoltados por una patrulla. / J. S.

Los trabajadores, que utilizan maquinaria por la acumulación de porquería, amagaron en julio con negarse a entrar en la barriada

J. Sanz
J. SANZValladolid

La laberíntica barriada de Las Viudas parece «un campo de batalla» a las pocas horas de que los operarios municipales del Servicio de Limpieza peinen sus callejuelas. Bolsas de basura, escombros, muebles, tablas y todo tipo de desperdicios forman una tupida alfombra que obliga a los funcionarios a emplear maquinaria (barredoras y cañones de aire) cuando acuden al núcleo duro del polígono de viviendas enclavado entre la calle Ebro, el paseo de Juan Carlos I y la avenida de Segovia. Su presencia, pese a ser evidentemente necesaria para evitar un problema aún mayor de insalubridad, llegó a molestar a algunos inquilinos por el ruido que generaban y estos comenzaron a «insultar, increpar y amenazar» a los trabajadores.

La situación llegó hasta el punto de que los destinatarios de la ira de los vecinos amagaron meses atrás con negarse a entrar en la conflictiva barriada de Delicias. Así que desde el pasado mes de julio solo limpian estas calles tres días a la semana (lunes, miércoles y viernes) y en horario fijo de 8:00 a 13:00 bajo vigilancia policial para garantizar su seguridad.

Este dispositivo inédito en la historia reciente de la capital, al menos, desde la desaparición del poblado de La Esperanza hace quince años, obliga a una patrulla con dos agentes de la Policía Municipal a vigilar las calles por las que pasan los operarios de Limpieza durante las cinco horas que emplean en adecentar el núcleo duro de este polígono conformado por 780 viviendas y en el que residen más de cuatro mil personas.

Un dispositivo inédito

La atípica presencia de las patrullas, al menos, permite a los trabajadores realizar su labor «con normalidad», aunque a sabiendas de que la limpieza resulta un tanto efímera. «Los lunes, sobre todo, el barrio amanece llenó de porquería», reconocen fuentes municipales. Pero es que también en días como este miércoles, cuando tocaba el repaso general, los funcionarios se encontraron con escombros de obra tirados en una de las plazoletas, un montón de tablones y bolsas de basura tiradas junto a unos contenedores vacíos. Eso al margen de la tradicional alfombra de envoltorios, latas y otros desperdicios tirados por cada una de sus calles.

«No hay otra forma de limpiar esto si no es con cañones de aire y barredoras, a mayores del cepillo y el cubo tradicionales», apuntan las fuentes consultadas antes de recordar que los operarios «recibían todo tipo de lindezas de los vecinos cada vez que empleaban sus herramientas de trabajo».

Así que los policías locales, que también han sido el blanco habitual de la ira de algunos residentes –cinco agentes han resultado heridos en este mismo escenario en el último mes y medio después de multar a dos vecinos–, acuden puntuales cada lunes, miércoles y viernes a su cita con los trabajadores del Servicio de Limpieza. «Estamos intentando pacificar el barrio y hemos sacado un compromiso firme de muchos vecinos de evitar confrontaciones, pero lo cierto es que necesitamos más medios para continuar con una labor imprescindible de educación y sensibilización», lamentan los mediadores de la comunidad gitana, mayoritaria en Las Viudas. Pero es que su propia sede, enclavada en el corazón de la barriada, es también objeto de pintadas e, incluso, su cubierta está repleta de todo tipo de desperdicios arrojados desde la calle.

A la derecha, pintadas en el centro social Segundo Montes.
A la derecha, pintadas en el centro social Segundo Montes. / J. S.
Los barrenderos solo acceden al barrio con la escolta policial.
Los barrenderos solo acceden al barrio con la escolta policial. / J. S.

El maltrecho polígono de viviendas, que en realidad son dos, Las Viudas y Francisco Aramburu, situada a ambos lados de la avenida de Segovia, está pendiente (desde 2001) de la materialización de un programa municipal (urbanístico y social) de regeneración de sus 130 bloques, inaugurados entre los años 1962 y 1963 y que hoy presentan un estado lamentable fruto, por un lado, de evidentes deficiencias de construcción y, por otro, de la falta de mantenimiento y el vandalismo por parte de muchos de sus propios vecinos.

Los enganches ilegales de la luz disparan el consumo y llegan a saturar el transformador

«Es el juego del gato y el ratón. Los operarios de la compañía eléctrica acuden al piso de turno a cortar el suministro enganchado ilegalmente y los vecinos vuelven a puentear los cables en cuando se van», apuntan fuentes policiales para referirse a la singular situación que se vive en los maltrechos bloques de viviendas de la barriada de Las Viudas, donde decenas de pisos, y no es una exageración, «carecen directamente de contadores» y muestran en el rellano los cables pelados y conectados para garantizarse el suministro eléctrico gratis.

Y el problema no es menor si se tiene en cuenta que estás viviendas, hiperventiladas en muchos bloques por la ausencia de puertas y ventanas en las zonas comunes y con gravísimos problemas de humedades y falta de aislamiento, carecen también de sistema alguno de calefacción, salvo contadas excepciones, lo que obliga a calentarlas con calefactores eléctricos. Y su uso abusivo, especialmente en el caso de los pisos que carecen de contador, «ha llegado a disparar la potencia del transformador subterráneo que da a servicio al barrio y ha obligado a modificarlo» con el fin de evitar posibles apagones, apuntan fuentes policiales, que inciden en que las denuncias contra los vecinos que piratean la luz «con continuas».

Esta ilegalidad está recogida en el Código Penal (artículo 255) como un delito de defraudación del fluido eléctrico, que se castiga con penas menores de multa (no de prisión) de tres a doce meses si la cuantía de lo defraudado excede de los cuatrocientos euros. El importe es aún menor por debajo de esa cantidad.

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