Nidos con maderas reutilizadas para pájaros vallisoletanos

Juan Antonio Medina coloca uno de los refugios en el islote del Palero./ RAMÓN GÓMEZ
Juan Antonio Medina coloca uno de los refugios en el islote del Palero. / RAMÓN GÓMEZ

Colocan cien refugios para aves fabricados con los restos de tablones desechados en carpinterías en colegios, huertos vecinales y la isla del Palero

Víctor Vela
VÍCTOR VELAVALLADOLID

Los restos de un tablero, las migajas de la mesilla de noche, los retales de una balda, el sobrante de un estante. Toda madera incapaz de hallar destino en la carpintería es buena para que anide un carbonero, para que el gorrión encuentre casa, para el refugio de los murciélagos. Valladolid ha intensificado durante esta semana la instalación de cobijos para aves en patios de colegios, huertos vecinales y el islote del Palero. La empresa Buteo, en una iniciativa respaldada por el programa de Economía Circular del Ayuntamiento y la Agencia de Innovación, y con la colaboración de diversos centros educativos, ha afianzado desde el lunes el tramo final del programa Madera que revive, que busca aprovechar los excedentes de este material para convertirlos en nidos para pájaros y hoteles para insectos.

Juan Antonio Medina sube los peldaños de la escalera que, apoyada en uno de los chopos del islote del Palero, permite alcanzar una de las ramas más altas del árbol. Allí, coloca uno de los nidos construidos durante las últimas semanas. En total, se han fabricado cien refugios en cinco modelos diferentes con los residuos del sector de la madera. Buteo, empresa sobre turismo y naturaleza fundada en 2013, entró en contacto con sesenta talleres de carpintería y grandes fabricantes de madera con el objetivo de que les cedieran los residuos para darles un nuevo uso. No valía cualquier tipo de madera.

«Apenas había excedentes de las maderas de buena calidad, ya que se aprovechan al máximo. Y el resto suelen tener barnices o productos químicos que no son aconsejables para este uso», explica Medina, responsable de Buteo. Al final, lograron el apoyo de Leroy Merlin para suministrar el material y la colaboración de Fundación Personas y Aspaym para fabricar los refugios. «El diseño no es casual, sino que se han pensado diversos modelos en función de las especies que los pueden utilizar». Hay tres variedades de refugios para pájaros. Uno con el agujero más pequeño (para el carbonero, el herrerillo, el chochín…), otro con un orificio mayor (para el gorrión o el trepador azul, que puede adaptar el hueco a sus necesidades con un poco de barro) y otro con balconcillo para el petirrojo, el colirrojo tizón o la lavandera blanca. Especies, todas ellas, que sobrevuelan los cielos de Valladolid. También se fabricaron espacios para murciélagos y otros para insectos.

«El intento en todo momento es imitar los materiales naturales, con un diseño que se camufle con el entorno y que no sea visible por los depredadores», indica Celia García Asenjo, también promotora de la iniciativa. ¿Por qué fabricar refugios artificiales? «Hay especies que cada vez tienen más difícil encontrar espacios donde hacer sus nidos. Los árboles secos están menos presentes en los parques. Se retiran por cuestiones estéticas o de seguridad. Ahora se retejan los tejados mucho más que antes, por lo que ahí también lo tienen más difícil», explica Medina, quien defiende que esta acción tiene varias vías de intervención: facilitar la nidificación de aves, reciclar la madera e implicar a diversos colectivos en un programa de educación ambiental.

Durante toda esta semana, Buteo ha presentado la iniciativa en centros educativos (Antonio Tovar, Galileo, Cristóbal Colón, Isabel la Católica y Ponce de León), el Espacio Joven, el edificio Lucía de la Universidad huertos urbanos y, ayer, en el Museo de la Ciencia. Allí, en el islote del Pisuerga, instalaron varios de estos refugios. José Antonio García es el biólogo del Museo de la Ciencia y ayudó a colocar los futuros hogares de los pájaros. «Esta isla es uno de los espacios con más diversidad del entorno urbano», asegura García con rotundidad. El islote, de unos 400 metros cuadrados, es desde su recuperación hace once años por grupos de voluntarios, un espacio para la organización de actividades educativas y científicas, una estación biológica y laboratorio para invitar a los escolares al cuidado de la naturaleza. Aquí hay chopos, álamos, sauces, fresnos, alisos y arbustos de ribera, como zarzamoras, rosales silvestres o espino albar. «Hay garzas, cormoranes, martín pescados y se han visto nutrias y ginetas», explica García.

El espacio ya contaba con cajas nido (para el carbonero común, herrerillos, estorninos y gorriones), pero ahora, con esta iniciativa, incrementa su espíritu de refugio animal, también con hogares para murciélagos. «El murciélago es una especie muy poco conocida, que da un poco de repelús a la gente, pero que es muy beneficioso. Come insectos y mejora la diversidad del entorno y el equilibrio de la naturaleza», indica García.