El expolicía afiliado a Ciudadanos alega que los agentes le persiguieron por su condición política

El militante de Ciudadanos, Félix Manjarrés (de espaldas), durante el juicio celebrado este miércoles./J. Sanz
El militante de Ciudadanos, Félix Manjarrés (de espaldas), durante el juicio celebrado este miércoles. / J. Sanz

La fiscal pide seis meses de cárcel para el militante que se presentó como «asesor de seguridad» del partido en Valladolid en una visita de Pilar Vicente a la Policía Local

J. Sanz
J. SANZValladolid

«Soy un simple afiliado y me han montado el pollo por eso», ha alegado esta mañana ante el juez, sin ser preguntado por ello, el militante de Ciudadanos y expolicía nacional (está jubilado) Félix Manjarrés, que se ha sentado en el banquillo del Juzgado de lo Penal número 4 acusado de la comisión de dos delitos contra la seguridad vial (negarse a realizar la prueba de alcoholemia y conducir bajo los efectos del alcohol).

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El «militante», que el 24 de enero acompañó a Pilar Vicente (concejala y lider de Ciudadanos en Valladolid) en una visita formal a la Comisaría de la Policía Local de Delicias y que se presentó a los mandos policiales como «asesor de seguridad» del partido, ha negado hoy que ostente cargo alguno en la formación -tampoco ha sido preguntado por ello- y ha defendido su inocencia justificando que no pudo realizar la prueba con el etilómetro debido a que padece asma. Su abogado ha pedido también su absolución dejando caer ante la sala que la denuncia obedeció a un «ánimo sospechoso» de los agentes y el propio acusado ha defendido que se trata de un «juicio injusto».

Dos antecedentes por positivos

La fiscal ha pedido para él una pena de seis meses de prisión, una multa de 1.629 euros y la retirada del carné por un periodo de tres año, seis meses y un día con la agravante de reincidencia, ya que en su historial constan dos positivos por alcoholemia. El último, computable a efectos de reincidencia, tuvo lugar en 2016. La acusación pública considera probado que el exagente se negó a soplar en el etilómetro evidencial a partir de la 1:30 horas del día 6 de febrero, cuando una patrulla paró al hoy acusado en la calle General Shelly después de observarle «circulando haciendo zig zag».

Los agentes confirman que «desprendía un fuerte olor a alcohol» cuando le pararon

Los propios agentes han declarado que desprendía «un fuerte olor a alcohol», además de presentar otros síntomas (habla pastosa, ojos enrojecidos, desequilibrios al caminar...), y por eso solicitaron la presencia del equipo de Atestados. Sus compañeros de dicho equipo han explicado que tuvieron que ventilar la furgoneta al saltar el «etilómetro por el alcohol en el ambiente -cuando el conductor estaba dentro-» y que sí llegó a soplar en una ocasión, con un resultado de 0,82 miligramos por litro de aire espirado. Después, han añadido, «sopló sin fuerzas o tiró la boquilla» en lo que han considerado como «una negativa evidente a realizar la prueba».

El conductor, en ese momento, llegó a solicitar la realización de análisis de sangre. Y así lo han reconocido los policías, si bien han aclarado que la extracción de sangre es una prueba de contraste que solo se puede pedir y realizar cuando se concluye la prueba con el etilómetro, que requiere de dos pruebas para ser válida y se anota como oficial el resultado de la segunda.

La defensa pide su absolución y considera que la denuncia obedeció a un «ánimo sospechoso»

El expolicía, y «afiliado» de Ciudadanos, que llegó a formar parte de las listas municipales en las elecciones de 2015, ha alegado que explicó a los agentes aquella noche que padecía asma -su abogado ha presentado un informe médico con ese diagnóstico- y que, por eso, no pudo soplar con la suficiente fuerza en la segunda prueba. Los agentes lo han negado y han incidido en que «se negó a colaborar y soplar por segunda vez después de explicarle veinte veces que si no iba a ser denunciado».

El juicio rápido ha quedado visto para sentencia.

Una misión secreta o una versión que luego desapareció

El atestado policial sobre el incidente protagonizado el 6 de febrero por el «afiliado» de Ciudadanos Félix Manjarrés recoge que se identificó como policía nacional jubilado, que lo es, antes de alegar que «esa noche estaba en misión secreta en un bar (de Delicias) donde estaba investigando la venta de drogas para informar a sus compañeros –ha ejercido toda su carrera como inspector en el País Vasco– y que debía beber para integrarse en el ambiente». Después, incluso, criticó a los agentes que le pararon al volante de su coche por «ir a coger al único blanco de todos los negros –por los clientes del bar–». Y esta versión, omitiendo la referencia racista, la repitió después ante el juez de instrucción, según recordó ayer la fiscal que solicita ahora penas de cárcel para el conductor por dos delitos contra la seguridad vial (negarse a realizar la prueba de alcoholemia y conducción bajo los efectos del alcohol). El sospechoso solo reconoció ayer que estuvo en el bar en cuestión y que se tomó «una cerveza». Ni palabra de aquella rocambolesca versión inicial.