Contra el modelo de macrópolis y desiertos rurales

Los geógrafos españoles alertan en Valladolid de que la despoblación es un problema de Estado que amenaza con extenderse al resto de Europa

Contra el modelo de macrópolis y desiertos rurales
Rodrigo Jiménez
Antonio G. Encinas
ANTONIO G. ENCINASValladolid

A un lado, Madrid, un agujero negro que engulle y aglutina esas ciudades dormitorio con las que casi comparte ya aceras, de tanto expandirse. Al otro, el desierto que se extiende por una Castilla y León que pierde densidad de población hasta conformar un paisaje de municipios deficitarios de servicios. Ambos casos conviven. Ambos son, cada uno a su modo, insostenibles.

Así lo aseveró ayer Ignacio Molina, asesor de la Comisionada del Gobierno frente al Reto Demográfico y profesor de la Universidad de Valladolid, cuando se le preguntó si puede haber puntos de no retorno en zonas como Zamora, que pierde en torno 3.000 habitantes anuales desde hace casi una década. «Con la independencia de la población que haya hay que darle unos servicios y garantizar sus derechos y su igualdad de oportunidades. No podemos decir que a partir de un umbral un territorio esté desahuciado. Si garantizamos esos servicios es más probable que la población permanezca y que llegue a ser más atractivo. Si planteamos el territorio de esta manera habría que ver cuál es el umbral de no retorno, porque en lo que llevamos de década 35 de 50 capitales de provincia pierden población. Acabaríamos concentrando en macrópolis cada vez más insostenibles y con un territorio rural también insostenibles. Por razones diferentes, pero todos insostenibles», señalaba Molina antes de la lectura de un manifiesto que han elaborado la Asociación de Geógrafos Españoles y el Colegio de Geógrafos de España.

«Las cosas no se van a solucionar en un breve periodo de tiempo, pero hay que empezar a tomar decisiones ahora», emplazó Molina, que añadió que «lo que plantean todos los análisis es que esto es una cuestión de Estado, de cohesión territorial, de vertebración entre los espacios urbanos y los espacios rurales».

[Evolución de la población de Castilla y León entre 2000 y 2017]

Estaba el experto en consonancia con lo que refleja el manifiesto presentado ayer en la Universidad de Valladolid. En él, tras un análisis del progresivo e inexorable proceso de despoblación en grandes zonas del país, se advierte de que esto tiene consecuencias, por ejemplo, «en el incremento de incendios forestales, entre otros riesgos asociados».

Aunque no hay una batería de medidas concretas, que dependen mucho de las peculiaridades socioeconómicas de cada territorio, se incide, por ejemplo, en que «es prioritario acabar con la brecha digital que todavía afecta a muchas zonas rurales».

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1.301.776 habitantes ha crecido la comunidad de Madrid entre 2000 y 2017. Solo la capital ha aumentado su población en 300.121 habitantes, el equivalente a la ciudad de Valladolid.

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Castilla y León ha reducido su población en 53.317 habitantes desde el año 2000 hasta 2017. Una capital como Zamora ha perdido 2.837 ciudadanos y su provincia pierde casi tres mil personas al año desde hace una década.

Y eso lleva, también, a un punto que parece advertir de que ya se sabe desde hace tiempo lo que hay que hacer, pero no se ha emprendido el camino. «Han de aplicarse decididamente las medidas formuladas en muchos de los planes y estrategias ya diseñados», exige el escrito.

«Urge asumir los retos derivados del cambio demográfico como una prioridad por parte de la ciudadanía, gestores y políticos», insta el manifiesto. Y apunta no solo a España, sino a Europa. El propio Ignacio Molina señaló al mismo sitio. «España no deja de ser un elemento primario, pero los problemas de despoblación en el medio rural van a seguir afectando a todos los territorios de la UE si no se toman medidas».

En este sentido, hizo hincapié en que el reto demográfico se refiere también al envejecimiento de la población, un problema palpable en Castilla y León pero también en Europa. «La despoblación no es un problema que afecte solo a España. No hablamos solo de despoblación, sino de reto demográfico, porque se hace referencia al envejecimiento. Y en el caso de España y Portugal, justo en ese ámbito [el de la Raya, que se trató en la última cumbre hispanolusa], hay que tomar medidas conjuntas. Y la UE lo tiene que plantear así».

 

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