Las lluvias de septiembre invitan a la mejor campaña de setas desde 2015 en Valladolid

Cesta con níscalos. /ANTONIO DE TORRE
Cesta con níscalos. / ANTONIO DE TORRE

La provincia estrenará nuevas señales en los montes y pinares acotados, y los permisos se emitirán desde el 15 de octubre

Víctor Vela
VÍCTOR VELAValladolid

Ya hay níscalos en la provincia. Pocos, en zonas muy limitadas (es todavía pronto) y de la variedad menos habitual por estas tierras (los 'de sangre'). Pero ya hay recolectores que, con cesta y navaja, recorren los pinares vallisoletanos. Lo dice Aurelio García, presidente de la Asociación Vallisoletana de Micología, mientras pasea a buen ritmo por el Pinar de Antequera. «El suelo de esta zona, del entorno de Simancas, está perfecto. Con una reserva de humedad muy importante. Las lluvias caídas durante el mes de septiembre han sido muy buenas, las perspectivas auguran una campaña estupenda... pero todo depende de lo que ocurra en octubre», asegura García. Y octubre, de entrada, con sus previsiones de pocas lluvias, no ofrece su mejor cara para la micología. «Lo bueno sería que lloviera al menos un par de días durante las próximas dos semanas. Eso serviría para mantener la humedad en el terreno y que, para Los Santos, el campo explotara», asegura el presidente de un colectivo que en Valladolid reúne a 220 socios.

Montserrat Ganado, técnico de Micocyl (el proyecto que reúne a la Junta, diputaciones y ayuntamientos para mejorar la gestión micológica)abunda en la idea: «La próxima campaña pinta bien, porque ya hay una precipitación acumulada considerable en muchas zonas. A poco que siga lloviendo hará que se den buenas floradas de níscalos. Pero todo dependerá de lo que llueva ahora y de las temperaturas que tengamos en los próximos días». Lo ideal es que los termómetros no bajen tanto como para provocar las primeras heladas.

En cualquier caso, las condiciones actuales apuntan a un otoño de setas que será, sin duda, el mejor de los últimos cuatro años. Porque las temporadas anteriores han sido «nefastas», con muy poca producción. La última campaña de níscalos (a finales de noviembre del año pasado) vino retrasada y estuvo muy localizada entre los montes de Portillo y Montemayor de Pililla, ya que estas zonas concentraron varias tormentas en agosto. En el resto de la provincia, la presencia de níscalos fue «escasa o casi nula», apunta Ganado.

Con poca seta en los pinares, los vallisoletanos no se animaron a solicitar permisos para recogerlas. El año pasado se expidieron 4.899 licencias:una cifra que mejoró las de 2017(el peor año en dos decenios, con 266 permisos) y 2016 (3.581), pero se quedó lejos de los 7.772 de 2015 (el último gran año de los níscalos) o 2013, cuando se despacharon 10.059. Los permisos son obligatorios para recolectar setas en alguno de los terrenos acotados en la provincia. La superficie regulada aumentó el año pasado en 385,36 hectáreas hasta las 27.388,25, con la incorporación de Bocigas y Olivares de Duero. Ahora, hay implicados 62 montes de 38 municipios. Las entidades propietarias de estos terrenos se reunieron a mediados de septiembre para planificar una campaña que arrancará de forma oficial en torno al próximo 15 de octubre, cuando los ayuntamientos comiencen la expedición de los permisos.

Este año se mantienen las tarifas, modalidades y condiciones del pasado, con precios que van desde los tres euros por temporada para los residentes en el municipio implicado y los 240 para quienes quieren recoger setas con fines comerciales en una localidad ajena. El dinero obtenido con la emisión de estas licencias (el año pasado fueron 21.196 euros) sirve para editar guías (siete mil ejemplares en Valladolid), contratar guardas micológicos (en 2018 vigilaron los montes durante 73 jornadas) y, durante esta campaña, colocar la nueva señalización, para adaptarse al decreto de la Junta que regula el recurso en Castilla y León. Además, está prevista la realización de un curso que forme a guías micológicos.