Laguna muestra este verano la riqueza y el patrimonio ambiental de su entorno

Laguna muestra este verano la riqueza y el patrimonio ambiental de su entorno

Los pinares, la acequia, el lago, el canal y el Duero albergan zorros, liebres, ardillas y nutrias

Jesús Nieto
JESÚS NIETOLaguna de Duero

A veces lo evidente es lo más difícil de ver. Frente al esfuerzo del gobierno local por atraer empresas que generen puestos de trabajo, de crear riqueza para que los laguneros vivan mejor, hay otra riqueza, de la que muy poco se habla, pero que hace de Laguna de Duero un municipio rico, muy rico, a pesar de estar tan cerca de una capital y ser ella la segunda localidad más poblada de la provincia. Nos referimos a la riqueza medioambiental.

Y aunque la Concejalía de Turismo editó el pasado año un folleto que tiene como autor al lagunero Pablo Perucha, en el que resaltaba ese patrimonio natural, pocos son los que la valoran en su justo término. Por citar algunos ejemplos, los árboles cubren aproximadamente un tercio del municipio, llegando algunos a alcanzar los 25 metros de altura, o las riberas del río Duero están incluidas en la Red Natura 2000 como lugar de interés comunitario.

Ahora que el verano acaba de llegar, son muchos los laguneros y vallisoletanos, así como residentes de municipios del entorno, que buscan nuevos lugares para pasear y disfrutar de una naturaleza que el invierno a veces esconde. Y en eso, Laguna tiene de qué presumir. Por ejemplo, si nos adentramos en los pinares que rodean el casco urbano, podemos encontrar zorros, tejones, liebres, conejos, ardillas, musarañas, ratones de campo y erizos.

Pero es que tampoco sería extraño tropezarse con otras especies de mayor volumen y que han comenzado a ser frecuentes en las últimas décadas, como el jabalí y, sobre todo, el corzo, que en alguna ocasión se ha adentrado hasta el casco urbano. Y ahora que ha llegado el verano, el milano negro y el águila calzada se acercan hasta el municipio y se suman al ratonero para criar en los pinares junto con azores y gavilanes.

Por supuesto, no se pueden pasar por alto las pequeñas aves forestales. Destacan el pico picapinos; emitiendo su típico tamborilero, la abubilla; con su cabeza coronada en cresta, y el rabilargo; con sus llamativas alas azules desplazándose en bandadas ruidosas y que solo se localiza en la península ibérica y en Asia oriental. Otras aves son los carboneros, garrapinos, agateadores, herrerillos capuchinos, trepadores azules, currucas carrasqueñas y reyezuelos.

Acequia.
Acequia.

Pero si hay algo que caracteriza a Laguna de Duero y de lo que se sienten orgullosos sus vecinos es de esos ecosistemas que se desarrollan a orillas de los cursos de agua: la acequia, muy paseada a diario por vecinos de todas las edades, el Canal del Duero y la ribera del Duero. La vegetación que se desarrolla en estos ecosistemas ribereños es muy variable en cuanto a composición comenzando con las saucedas, usadas tradicionalmente para cestería, y de forma más escasa los alisos.

Las especies de la acequia

La vecina de Laguna Eva Rodríguez asegura que la acequia es «probablemente uno de los mejores lugares de la región para pasear». La acequia de Laguna de Duero constituye un bonito entorno natural, que recorre gran parte del término municipal, concretamente la zona sur. Tiene cuatro kilómetros y medio y une el canal del Duero, con el río Duero.

En servicio desde 1904, fue construida para abastecer de agua a las tierras colindantes, convirtiendo cerca de 800 hectáreas en tierras de regadío. A ambos márgenes encontramos varias especies arbustivas como chopos, pinos, sauces, falsas acacias y algunos árboles frutales, entremezclados con otras especies vegetales como majuelos, zarzamoras, rosales silvestres, torviscos o esparragueras.

Cuando se camina por ella, el silencio, la paz y el sonido del agua, hacen del paseo la mejor terapia para el relax y el bienestar. Aquí el estrés desaparece y las preocupaciones se relativizan. Una ardilla juguetona salta entre los árboles, baja a la senda cuando no hay nadie y corre hasta otro tronco que trepa velozmente.

Y mientras se pasea, se pueden contemplar infinidad de especies arbóreas y arbustivas: espárrago silvestre, avellano, ciprés, higuera, fresno, acacia, hiedra, nogal, manzano, pino, peral, chopo, cerezo, encina, zarzamora, olmo, parra… o setas escondidas entre los troncos. Y es que en verano, las sendas de la acequia no conocen ni el sol ni el calor, y al ruido de la corriente del agua se une el piar de los pájaros.

Barbo común, boga del Duero, bordallo o cacho de gobio representan las especies autóctonas, que podemos encontrar bajo el agua del Duero, a las que se ha sumado a lo largo de los años algunas especies invasoras como la carpa, el alburno, percasol y la gambusia. Y fuera del agua, pero no lejos de ella, se pueden ver anfibios como el tritón jaspeado y la rana común. Ambos actúan como indicadores biológicos, señalando con su presencia una buena salud del hábitat donde se encuentran. Entre los reptiles, destacan la culebra de collar y la culebra viperina, especies muy llamativas que pueden alcanzar el metro de longitud, pero totalmente inofensivas para el ser humano.

Otras especies que contribuyen a engrandecer la riqueza medioambiental son las aves como el martín pescador, muy esquivo pese a su vivo colorido; la garza real, fácil de reconocer en vuelo por su cuello encogido; el pito real, pájaro carpintero de plumaje verde y manchas rojas en la cabeza, y el cormorán grande, especie más propia de ecosistemas marinos pero que visita Laguna cada vez más asiduamente durante el invierno. Además, oropéndolas, ruiseñores comunes y bastardos, zarceros comunes, mosquiteros, currucas, capirotadas, petirrojos, mirlos, lavanderas, mitos, carboneros comunes y herrerillos, también forman parte de las aves asociadas a los cauces. Y no podemos olvidarnos de la nutria, un mustélido que se alimenta de peces, cangrejos y anfibios.

El mayor tesoro

Y puestos a destacar y ensalzar el patrimonio natural, no se podía obviar el emblema del municipio: el lago. Está integrado en el casco urbano, un área de expansión, y ahora es aprovechado también como un enclave único para manifestaciones culturales como conciertos o exposiciones.

El lago es un ecosistema natural de altísimo valor ecológico. La laguna, de origen salino, llegó a tener una superficie de unas sesenta hectáreas. La antigua laguna se desecó en 1972 y actualmente queda un lago seminatural con la típica vegetación palustre compuesta por carrizos, eneas y juncos. Tiene un gran interés ecológico ya que fija las orillas, sirve de refugio a la fauna, ayuda a filtrar las aguas depurando contaminantes. Además vive en ella diversa fauna silvestre como por ejemplo fochas comunes, pollas de agua, carriceros comunes, pájaros moscones, garzas reales, rascones, ruiseñores, bastardos, zarceros, carricerines y en invierno no es extraño observar alguna gaviota reidora.

Pero siguiendo con la riqueza medioambiental, tampoco podemos pasar por alto la Laguna agrícola, con 1200 hectáreas de tierra de cultivo, 800 de cereal y 400 de riego. Si no hace tantos años fueron famosos los melones laguneros, ahora son las patatas, los guisantes, las habas, el maíz o la remolacha las que pueden verse en sus campos.

Y de la misma manera que cambia el mercado, también cambia el campo lagunero. Lo que eran huertas familiares ahora son parcelas más grandes y cultivos unitarios: parcelas más extensas para una explotación más intensiva. Los productos no varían mucho: lechuga, calabaza, patata… pero no como una explotación hortelana, sino como una explotación más industrial.

 

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