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José de la Cruz posa en su carnicería de la calle Embajadores, que bajará la persiana en diciembre. Carlos Espeso/El Norte

Valladolid

Se jubila José, el carnicero que tallaba y decoraba jamones en Delicias

Carnicería Trini, que gestiona junto a su mujer, Amparo Romo, bajará definitivamente su persiana de la calle Embajadores en diciembre después de cuarenta años

Eva Esteban

Valladolid

Sábado, 8 de noviembre 2025, 08:16

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Se llamaba Gregoria, aunque todos en el barrio la conocían como señora Goya. Hace ahora cuarenta años, a finales de 1985, iba caminando por la calle Embajadores cuando le llamó la atención una carnicería en lo que hoy es el número 98 de esta arteria de Delicias. Así que decidió cambiar de acera y entrar en este local, recién inaugurado por José de la Cruz y Amparo Romo, un matrimonio de veinteañeros que acababa de tener un hijo en común y se embarcó en el negocio para sacar adelante a la familia que habían formado. Aquella mañana, Goya, ya fallecida, se gastó 39 pesetas -lo que equivaldría a 23 céntimos- en un hueso de jamón.

No lo sabía, pero se acababa de convertir en la primera clienta de carnicería Trini, un negocio con solera que en apenas dos meses bajará su persiana definitivamente por la jubilación de sus dueños. «Fue clienta nuestra hasta que falleció; ahora viene su hija, los nietos... A la señora Goya le gustaba el producto, y es el reflejo de lo que hemos intentado durante todos estos años, ofrecer calidad y a precios que pudiera acceder todo el mundo», revela este carnicero, que tiene sentimientos encontrados ante la etapa que van a dejar atrás. «Es una pena, llevamos aquí metidos más de media vida, pero bueno, hemos llegado hasta aquí, nos ha llegado la hora de disfrutar y nos dedicaremos a dar paseos y a estar con la familia», admite.

Llegaron, como él mismo dice, siendo «unos críos, con mucha ilusión y valentía» para sacar adelante un establecimiento que ha visto evolucionar y avanzar a este barrio obrero, tanto a nivel de crecimiento o estructura urbana (por ejemplo, cuando arrancaron no existía la cercana comisaría de la Policía Nacional en la calle Gerona) como de gustos y tendencias. «Cuando empezamos casi todos eran trabajadores de Renault o de fábricas con tres, cuatro o cinco hijos y la mujer estaba en casa y no trabajaba. Se vendía de todo, sobre todo carne para guisar, y se vendía muy bien. Ahora ha cambiado, son parejas jóvenes que muchas tienen el gato y nada más, y vendemos más elaborados como cachopos, filetes rusos... Cosas fáciles de preparar», comenta.

Tampoco ha animado a sus hijos a continuar con una tradición familiar que pusieron en marcha los padres de José -pusieron el nombre de Trini para 'aprovechar' el tirón de que era una marca conocida en la ciudad, ya que la de Embajadores era la segunda tienda- porque, dice, «no se ve futuro». «Es complicado, a los pequeñitos no nos apoyan», lamenta este carnicero, quien augura que con el pequeño comercio «pasará como con la España vaciada, pero todo vaciado de locales de toda la vida».

«Es complicado, no se ve futuro; a los pequeñitos no nos apoyan»

Sus sabrosas chuletas gozan de fama en Delicias. También sus filetes, solomillos, embutidos y demás productos cárnicos. Pero si hay algo por lo que José es conocido es por su arte para dar colorido y un toque distinto a unos jamones que, además, son «de gran calidad». Desde el dibujo del escudo de la ciudad de Valladolid sobre la corteza hasta un Cristo -con su corona de espinas incluida-, pasando por un diestro toreando a un astado. Nada se le ha resistido a este carnicero, que hizo de las partes externas de los jamones su mejor aliado para exhibir su pasión y personalizar el producto. «Me gusta el dibujo y tallar, así que un día dije ¿por qué no puedo tallar un jamón? Si se talla la madera, también podré con esto. Y así empecé, poco a poco», revela De la Cruz, al tiempo que añade que incluso ha llegado a recibir pedidos de empresas que le han encargado jamones por Navidad con el logotipo de sus marcas. «Les he cobrado un poco más porque está personalizado y ya está», agrega.

Pero no solo eso. Cuando se aproxima el día de los enamorados, sus entrecots se reconvierten en corazones. En Semana Santa, la carne picada se transforma en capuchones. Y así, sucesivamente, con cada fecha destacada en el calendario. «Lleva tiempo, pero es curioso y creo que merece la pena», apostilla De la Cruz, que este año participará por última vez en el concurso de escaparates navideños.

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