Jóvenes voluntarias de la Asociación Trechel ayudan en un hospital de Hungría

Las voluntarias de la Asociación Trechel. /EL NORTE
Las voluntarias de la Asociación Trechel. / EL NORTE

Han compartido el verano con niños abandonados, madres solteras de corta edad y mayores

EL NORTEVALLADOLID

Varias jóvenes voluntarias de la Asociación Trechel de Valladolid, junto con otras de Castilla y León y Asturias, han colaborado este verano con el centro hospitalario Reménysugar Otton en la ciudad húngara de Lalassagyarma. Mencía Calleja es una de las participantes en esta enriquecedora experiencia, que ha encadenado durante dos años.

En este lugar viven niños huérfanos o abandonados, madres solteras de corta edad y más de ochenta enfermos muy mayores en unas condiciones «duras», que ellas intentan paliar con su cercanía y cariño.

«El primer año pasé la mayor parte del tiempo con los niños pequeños; me impactó mucho la llegada a este hospital. Allí, a través de juegos, canciones y bailes, procuraba hacerles felices», relata esta joven. Con los mayores iba «tropezándose» por los pasillos del hospital y las sonrisas que se daban al cruzarse le sirvieron para coger confianza en sí misma y empezar a tratarlos uno a uno. La famosa 'sala 400', donde estaban estos enfermos, pasó a ser un lugar visitado por Mencía. «Allí redescubrí de nuevo el valor y la dignidad de cada ser humano», destaca la joven.

Agradables encuentros

Este verano ha sido para ella muy emocionante, ya que al llegar ha podido saludar a muchos enfermos de la 'sala 400'. Por ejemplo, a Evelyn, una de las personas que el verano pasado estaba muy enferma, con el cuerpo llagado. Las enfermeras les habían dicho a todas que le quedaba poco tiempo de vida, así que al verla de nuevo sintió una alegría inmensa. Otro de los enfermos, Zsölti, cuenta Mencía, al verla entrar en la habitación pegó un grito de alegría. Le agarró la mano y se le quedó sonriendo un buen rato para demostrarle así su cariño.

Historias hay muchas, según subraya Mencía, quien explica el día a día de las voluntarias. Por las mañanas, una parte del tiempo lo dedicaban a labores domésticas, desde limpiar cristales a ordenar salas o arreglar el jardín. Luego llegaban las actividades lúdicas con las personas ingresadas: juegos, canciones, bailes…. El festival final que las voluntarias preparan para ellos este año ha sido correspondido con la preparación por parte de los enfermos de un montaje decorativo del jardín con guirnaldas, banderillas y globos con los colores de la bandera española. En este voluntariado, recalca Mencía, también afianza la amistad entre las voluntarias, que aprovechan los ratos libres para hacer excursiones o salir por Budapest.

¿Y qué se trae en esta joven maleta de vuelta? «Agradecimiento, porque esas personas me han vuelto a recordar que el valor de las cosas materiales no es lo más importante. Y también a valorar lo que tengo, una familia que me quiere y se preocupa por mí, aunque a veces me parezca que mis padres me exigen demasiado», apostilla.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos