El ingreso en prisión del delincuente más prolífico de Pajarillos no logra frenar los robos en el barrio vallisoletano

Un cristalero mide el cristal de la Frutería Soraya por el que intentó entrar el ladrón el miércoles. /J. S.
Un cristalero mide el cristal de la Frutería Soraya por el que intentó entrar el ladrón el miércoles. / J. S.

Antonio L. M., que suma doce arrestos en cinco meses, dormía en el calabozo cuando dos ladrones reventaron la luna del bar Pelícano

J. SANZ Valladolid

«Este hombre ha desvalijado medio barrio y la verdad es que solo por la reiteración debería ingresar en prisión para que podamos dormir un poco más tranquilos», aseguraba al mediodía un veterano quiosquero de la calle Cigüeña, al que el delincuente más prolífico de los últimos meses en la ciudad, Antonio L. M., de 47 años y con más de una treintena de antecedentes a sus espaldas, intentó desvalijar su negocio el viernes de la semana pasada. Aquel día fue detenido por undécima vez en los últimos cinco meses. Tardó cuatro días en volver a ser arrestado con las manos literalmente en la masa o, mejor dicho, con la cabeza, ya que fue sorprendido el miércoles con medio cuerpo dentro de una frutería de la calle Gallo, a la que intentaba acceder por un ­boquete de tan solo 23 centímetros de ancho que había abierto a martillazos. Este jueves duerme en los calabozos por duodécima vez y a primera hora de la tarde, por fin, el juez acordó enviarle a la prisión provincial.

Su vuelta a la cárcel, que abandonó precisamente en septiembre, cuando comenzó su rosario de detenciones, no consiguió frenar los robos que vienen sufriendo en los últimos meses los comerciantes y hosteleros de Pajarillos. Y no fue el eterno sospechoso, que vive en el barrio, ya que estaba pasando la noche en los calabozos cuando dos individuos la emprendieron a porrazos contra la luna del bar Pelícano, situado en la calle del mismo nombre. Eso ocurrió a las cuatro de la mañana del jueves. «Consiguieron abrir un boquete enorme en el cristal, pero el ruido de los porrazos sacó de la cama a varios vecinos y consiguieron hacerles huir a gritos ­desde sus casas antes de que llegaran a entrar», relataba el hostelero antes de lamentar que las primeras patrullas no llegaron a tiempo de capturarles.

De los coches a los comercios y de vuelta a la cárcel

Antonio L. M., de 47 años, ha pasado prácticamente los últimos quince de su vida entre rejas para cumplir distintas condenas, en su mayoría, por robos. En septiembre salió de la cárcel, donde pasó cuatro años, y enseguida comenzó a sumar detenciones. La primera fue por desvalijar un coche y luego llegaron los asaltos a tiendas y bares e, incluso, a la nave de Estación Gourmet. De este último escenario se llevó un alijo de quesos que intentó vender en Pajarillos, su barrio, donde fue sorprendido por los agentes. Y así fue sumando arrestos a manos de los policías nacionales (diez) y locales (dos), y puestas en libertad al día siguiente, hasta alcanzar los doce el miércoles.Ayer, por fin, el juez acordó enviarle a prisión a la espera de enfrentarse a un rosario de juicios.

El intento de robo se sumó a los registrados los días 11 (viernes) y 16 (miércoles) en el quiosco La Cigüeña, situado en la calle del mismo nombre, frente al colegio Cristóbal Colón, y en la frutería Soraya, que hace esquina entre las calles Gallo y Flamenco. En estos dos escenarios de Pajarillos sí fue sorprendido por la Policía Nacional Antonio L.M. cuando intentaba acceder a los locales a golpe de piqueta (los agentes le intervinieron la contundente herramienta). «A mi me reventó la verja y la luna del escaparate», recordaba ayer el quiosquero. Cerca de allí, en la calle Gallo, el dueño de la frutería Soraya relataba prácticamente lo mismo: «Abrió un boquete en el cristal de la puerta y le sorprendieron con la cabeza dentro gracias a los ­vecinos».

Otros negocios del barrio (bares, ferreterías...) han vivido episodios similares en los últimos meses coincidiendo con la salida de prisión de Antonio L. M., que está afincado allí, después de cumplir cuatro años de condena por otra oleada de robos similar cometida durante el año 2013.