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Valladolid
La histórica azucarera Santa Victoria vuelve a abrir sus peligrosas tripas a grafiteros y vándalosUn boquete abierto a mazazos facilita el acceso a una nave del parque de Las Norias que alberga un cementerio de palomas sobre un lecho de excrementos y cascotes
Un cementerio de palomas sobre manto de sus excrementos y cascotes caídos desde la destartalada cubierta reciben al visitante a una de las naves que ... conforman el vasto y maltrecho complejo fabril del siglo XIX de la antigua azucarera Santa Victoria que preside el parque de Las Norias. A su peligroso interior, tanto por una mera cuestión de salubridad como por el evidente riego de desprendimientos, se puede acceder ahora con relativa facilitad a través de un enorme boquete abierto a porrazos en las últimas semanas en una de sus centenarias paredes.
Y, ¿para qué? Pues todo apunta a que el agujero, que comenzó hace apenas un mes siendo un tímido boquete de unos centímetros y que ahora, en la última semana, ha crecido hasta superar el metro y medio de altura y uno de ancho, ha sido abierto por vándalos y grafiteros para entrar sin más a dicha nave, situada en un lateral de la azucarera y, por fortuna, sin acceso al cuerpo principal -su estado de conservación es mucho más deficiente aún-, para hacer botellón o estampar pintadas y dibujos más elaborados en sus muros.
El agujero se abrió hace un mes sobre una 'O' pintada en una ventana tapiada y se ha ampliado para facilitar la entrada en los últimos días
Las latas de cerveza vacías y los aerosoles de pintura tirados en el suelo delatan la finalidad de la vía de entrada a la centenaria, y catalogada, nave del ala sur del complejo, situada del lado opuesto a la fachada principal que da a la recién renombrada, aunque aún sin placa, plaza Antonio Piedra, dedicada al poeta que dirige precisamente la Fundación Jorge Guillén, cuya sede se encuentra desde 2010 en uno de los chalés situados ante la azucarera Santa Victoria.
El punto de entrada al inmueble ahora vandalizado, o revandalizado, ya que el paso de gamberros y de 'artistas' del garabato ha sido una constante desde poco después que se inaugurara el parque de Las Norias, en un lejano 31 de marzo de 2007, se encuentra en cualquier caso a la vista de cualquiera que pasee por este enclave verde de 4,3 hectáreas situado entre la vía férrea y la recién desmantelada vía de Ariza, entre la Ciudad de la Comunicación y el polígono de Argales.
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Los autores eligieron uno de los puntos débiles del inmueble, como es el vano tapiado con ladrillo de las ventanas de la planta baja, para abrir el hueco a marrazos. Es, según reconocen fuentes municipales, una «constante» tanto en este edificio como en los aledaños, incluido el cuerpo principal. Y es que desde dos años después de que se inaugurara el parque, y se cubriera con enormes trampantojos decorativos la abandonada azucarera decimonónica (estuvo en uso entre 1899 y 1997), comenzaron a sucederse las aperturas de boquetes en sus muros para acceder a un interior que desde un principio presentaba un avanzado estado de deterioro que ha ido empeorando con el paso de los años.
Y a boquete abierto llegaba su posterior tapiado a cargo de operarios municipales en un interminable juego del ratón y el gato que no tiene visos de concluir, ni a corto ni a medio plazo, a expensas de que salga adelante alguno de los proyectos municipales destinado a devolver a la vida este muerto urbanístico de 8.200 metros cuadrados, dotado de la máxima catalogación, pero que en la práctica carece del más mínimo mantenimiento. El último, una vez descartada la construcción de pisos protegidos para jóvenes por su «elevado coste», pasa por sacar adelante con la colaboración privada una suerte de «contenedor cultural» con salas para la música o el cine (como plató)», según desveló unos días atrás el concejal de urbanismo, Ignacio Zarandona.
Pero, ¿qué pasa con la azucarera hasta que el proyecto cuaje? Pues la realidad evidencia que esta joya arquitectónica, que lo es, de finales del siglo XIX continuará languideciendo y siendo el blanco fácil, sobre todo, de grafiteros y gamberros, cuando no de algún oportunista ladrón de chatarra, como ya ha ocurrido en numerosas ocasiones en el pasado.
La historia de la azucera Santa Victoria
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1899-1997 La azucarera Santa Victoria, construida un año antes, abre sus puertas en 1899 de la mano de la Sociedad Industrial Castellana. A mediados del siglo XXI pasaría a ser gestionada por Ebro, que la cerró a la producción en 1997.
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2002 El cierre y posterior derribo de las oficinas de Ebro, situadas en la entrada de la azucarera, clausura definitivamente la actividad de las instalaciones.
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2007 El alcalde, Francisco Javier León de la Riva, inaugura el 31 de marzo de 2007 el parque urbano de Las Norias de Santa Victoria con un multitudinario concierto de los Lunnis, que gira en torno a la azucarera Santa Victoria sobre una superficie de 4,3 hectáreas. En su construcción se invirtieron 8,7 millones de euros. Un viejo depósito se habilita como rocódromo y un almacén separado del cuerpo principal de la azucarera acoge pistas de pádel.
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2009 Comienza el vandalismo y los robos en los edificios vacíos de la azucarera y en el propio parque, que se llena de pintadas dentro y fuera de los inmuebles.
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2010 La Fundación Jorge Guillén rehabilita y abre su sede en uno de los chalés de ingenieros de la entrada principal de la azucarera.
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2017 El parque, de titularidad municipal, languidece fruto del vandalismo.
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2024 El Ayuntamiento descarta la reconversión de la azucarera en viviendas protegidas para jóvenes. El fuego devora en marzo el antiguo quiosco, destinado a bar y que nunca llegó a utilizarse, cuando cuatro indigentes dormían en su interior (salieron ilesos).
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2025 El Consistorio anuncia su intención de impulsar la creación de un complejo cultural en la azucarera y anuncia la rehabilitación del segundo chalé de la entrada para albergar un centro de poesía gestionado por la Fundación Jorge Guillén. Al director de esta última, el poeta Antonio Piedra, le dedican la plazoleta de la entrada.
La azucarera Santa Victoria, de momento, vuelve a estar abierta de par en par a la espera del correspondiente tapiado, el enésimo, a cargo de los empleados del Ayuntamiento, titular del inmueble y de su mantenimiento y conservación.
Al edificio del ala sur se accede por el citado boquete abierto en un lateral en la tercera, por la izquierda, de sus cuatro ventanas tapiada con ladrillo y cemento y precisamente sobre una enorme 'O' que conformaba un grafiti de cuatro letras sobre cada una de los vanos formando la palabra 'STOP'.
Así que la 'O' la forma ahora un boquete de su mismo tamaño por el que se puede saltar sin muchas dificultades al peligroso interior del inmueble. Y allí, entre pintadas más antiguas, que han ido perdiendo el color con el paso de los años, destaca entre las demás una recién dibujada que muestra una media naranja de vivos colores de la que sale un pequeño 'bocadillo' en el que se lee: 'Pulpa'.
Hay algunos garabatos más de nueva factura por su laberinto de muros de una planta baja en la que llama la atención, de entrada, la inmensa cantidad de palomas muertas diseminadas por la alfombra de palomina y cascotes del suelo. Algunos de los cuerpos de las aves están literalmente petrificados por el paso del tiempo y otros, bastantes, aún están 'frescos' y denotan su reciente muerte. Eso en plena alerta sanitaria por la expansión de la gripe aviar, que también puede afectar a las palomas, y en un momento en el que los cadáveres de estas aves se han encontrado también en numerosas vías públicas de la capital.
Allí, en la azucarera del parque de Las Norias, cuyos boquetes y tejados a cielo abierto de la mayoría de sus edificaciones la han convertido en los últimos lustros en un gigantesco palomar, se concentran ahora por decenas los restos de aves muertas sobre toneladas de excrementos, con el evidente riesgo para la salud de los visitantes del inmueble ahora frecuentado por grafiteros y vándalos o por jóvenes sin más para hacer botellón.
El otro riesgo que ofrece el inmueble, y puede que más peligroso aún, viene provocado por el mal estado de sus muros y de las tejas que penden de su cubierta, que presenta numerosos boquetes, de los que se han caído cientos de cascotes, ladrillos incluidos, con el consiguiente riesgo para la integridad de quien acceda a su interior. En él, al menos, la ausencia de escaleras impide subir a día de hoy a una primera planta más peligrosa aún por el mal estado del firme.
Tanto este ala del complejo fabril como el resto, incluido el cuerpo principal, han sido objeto de aperturas de boquetes con más periodicidad de la deseable desde 2009, cuando comenzó el vandalismo salvaje en el parque. Y así lo muestran, a la vista desde el exterior a través de sus muros parcialmente derruidos, las pintadas que embadurnan sus paredes interiores.
Adiós a los trampantojos decorativos
2025
2007
El exterior de la azucarera Santa Victoria y de cada de sus catalogados elementos -el gran horno metálico de cal, sus norias, el singular aparcamiento de bicicletas o los restos del bar que nunca llegó a abrirse y que se quemó el año pasado- también están repletos de pintadas que cubren sus muros a pie de calle. Por encima, colgando de sus destartalados tejados, cuelgan mallas de obra que han sido recauchutadas mil veces que evitan que los cascotes que se desprenden del interior caigan sobre el parque público.
Poco o nada queda ya de aquellos enormes trampantojos decorativos, que simulaba ventanas y siluetas de personas asomadas, que ocultaban las tripas, hoy al descubierto, del edificio del siglo XIX cuando se inauguró el 31 de marzo de 2007, con un multitudinario concierto de los Lunnis, un parque que llegó a ser bautizado por el Ayuntamiento, que encabezaba entonces Francisco Javier León de la Riva (PP), como el 'central park' del sur de la capital.
De los edificios que se salvaron de la piqueta durante la construcción del parque de Las Norias, que se ejecutó entre 2005 y 2007 con una inversión de 8,7 millones de euros, solo un antiguo depósito (habilitado como rocódromo) y una de sus naves independientes del cuerpo central (acoge pistas de pádel) encontraron inquilinos desde el principio. Y ya en 2010 se rehabilitó el primero de los dos chalés de ingenieros de la entrada principal, que acoge desde entonces la sede de la Fundación Jorge Guillén. El segundo, situado justo a su lado, también lo recuperará esta fundación para albergar el Centro Francisco Pino de Poesía Experimental. Esto último ocurrirá, en principio, a corto plazo.
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