Hace ya un año

Carta del director de El Norte de Castilla, Ángel Ortiz

Redacción de El Norte de Castilla. /El Norte
Redacción de El Norte de Castilla. / El Norte
Ángel Ortiz
ÁNGEL ORTIZ

Los fines de semana salgo a andar en bici con el grupo Amistad de Valladolid. A él pertenecen Baraja, Agustín, Zabaleta, Chema, Porfirio, Galván, Jaime, Jorge, Javi, Carlos… Son muchos. Aún no los conozco a todos. Dependiendo del día, de la fuerza del viento, del rutómetro y sus desniveles, nos juntamos hasta cuarenta para darle al pedal y medirnos en un largo pulso matinal contra la ley de la gravedad. Aunque sea a rastras. O atados a un gancho. Lugar de salida, siempre el bar Benito de La Rondilla.

Cuando llegué a El Norte hace un año y me instalé en la ciudad, me advirtieron de dos problemas. Uno, que aquí se pasa frío. Las nieblas se suceden a veces durante semanas en invierno. Hace mal tiempo. Y el otro, que la gente es un poco distante, especialmente al principio. O sea, castellana. O sea, recia. ¡Pues será la que no anda en bici!, pensé. Los primeros meses me hospedé en una habitación del Enara, en Plaza de España, y lo cierto es que al personal del hotel podría describirlo con muchos adjetivos: profesional, acogedor, amable, atento. Nada que ver con ninguna sequedad de ánimo. Así es que no entendía nada, no veía las pegas, si les soy sincero. A mí lo único que me preocupaba es que mi familia estuviese bien, cómoda, tranquila, y encontrar buena compañía con la que hacer carretera, como el grupo Amistad. Porque lo primero, mi mujer y mi hijo, me sitúan en el mundo. Y lo segundo, mi Orbea, me ayuda a escapar de él. Conseguido lo cual, ¿a quién le importa el frío, la niebla y otras asperezas del paisaje? Digo yo.

Desde entonces, desde hace ya un año, disfruto del incomparable privilegio de dirigir la cabecera decana de la prensa diaria española. En ella, en El Norte de Castilla, nos importa por encima de todo el periodismo y todo lo que se puede construir a partir de él, que es mucho y muy valioso. Pocas cosas nos fascinan más que una buena historia, una de verdad. Después de estos meses, seguimos haciendo mucho periodismo. Del bueno. Del incómodo. Del comprometido. Incluso hemos recibido algún premio por ello. Uno más de tantos que acumulan 165 años de historia. Como con la bici, en periodismo cuenta el equipo, cuenta la verdad, cuenta el corazón y cuenta la constancia. Pocas situaciones ponen a alguien en su sitio como la bici o el buen periodismo. Y luego están las piernas, siempre las piernas. En El Norte nos fiamos de las nuestras para llegar allí donde ocurren las noticias.

En las próximas semanas, en El Norte de Castilla haremos nuevos avances en la misma dirección, la única, la que apunta al periodismo honesto, útil, cercano, accesible y de calidad. Lo haremos mejorando nuestro servicio digital, poniendo en valor dos especialidades principales: la de adaptarnos obsesivamente a las necesidades de suscriptores, lectores y anunciantes, y la de hacerlo sin perder nunca la obligación de contar noticias y dar la cara por los lectores, para que la opinión pública pueda diferenciar la verdad de la mentira, lo relevante de lo anecdótico. La tecnología y las redes han inundado la actualidad de ruido, paja y bisutería. El papel que juegan periódicos como El Norte en sus sociedades de influencia es crucial, pues aclara su horizonte colectivo, baliza con valores el camino hacia la verdad y defiende a ultranza el interés general. Nuestros únicos motores son la credibilidad, la ética, el civismo. Si cometemos errores, los reconocemos y corregimos.

Castilla y León puede sentirse afortunada como comunidad de disponer de un periódico como El Norte. Valladolid es una gran ciudad. Cuajada de encanto, alma y atractivos. Algunos tan espectaculares como su oferta escénica, festiva, gastronómica o museística. Otros tan singulares como algunos escaparates de sus comercios de toda la vida. ¿No es maravilloso encontrarse, entre cientos de útiles, una trompeta de pregonero en el de la ferretería de la Plaza Mayor? Pero es que además en Valladolid hay chalados que dedican las mañanas de los sábados y domingos a rodar carreteras camino de Cigales, Zaratán, Mojados o Trigueros… Espero seguir teniéndoles a ustedes, lectores fieles, suscriptores exigentes, anunciantes que saben lo que funciona. Para seguir contando lo que haya que contar, cuando haya que contarlo y como debemos hacerlo. Gracias por tan generosa hospitalidad. Y tan recia.