Tauromaquia y vino, la conjunción de la mejor materia prima y el arte y oficio de los mejores creadores

Cecilio Lera, Belén Sanz, Nieves Caballero, Lourdes Sánchez Capellán, Luis Sanz y su hijo Iván. / Rodrigo Jiménez

El bodeguero Luis Sanz destacó que el vino debe tener «coraje» para que llegue a buen término su crianza

Agapito Ojosnegros Lázaro
AGAPITO OJOSNEGROS LÁZAROValladolid

Establecer analogías entre el mundo del toro y del vino y ensamblarlas no resulta difícil, empezando por el origen de ambos: el campo. Un hábitat en el que crean paisaje y paisanaje a través de un tejido económico, social y cultural que apuntala al mundo rural. Otra semejanza sería que ambos necesitan de creadores, de artistas, de gentes con oficio y también de un público que sepa paladear el resultado final, ya sea servido en cristal o sobre el albero. Un lienzo de mil matices, de disfrute efímero para los sentidos pero eterno en la memoria.

Y por supuesto la materia prima también es fundamental en sendos ámbitos, como se concluyó en la tertulia Vinos y Toros que ayer brindó El Norte de Castilla en el patio del hotel Meliá Recoletos maridada con el vino Dehesa de los Canónigos 2016.

Materia prima que, como certificó la terna de ponentes, ha de ser cuidada con esmero, en la viña o en la dehesa, seleccionando los mejores encastes, el trapío, la mejor uva. Con todo ello bien armado a partir de ahí la suerte está echada, siendo los bodegueros y los toreros los que han de poner el resto.

Conducido por la periodista Nieves Caballero, el debate aportó interesantes opiniones que, como lances que se dibujan en el redondel, o como pequeños sorbos, fueron entrelazando el restaurador Cecilio Lera; Lourdes Sánchez Capellán, aficionada hasta la médula; y la familia de Dehesa de los Canónigos: Luis Sanz y sus hijos Belén e Iván Sanz Cid.

No faltó el debate del mal que aqueja a la fiesta: los espectadores, que no la afición, «porque la afición en España está ahí; los antitaurinos no nos van quitar la afición, creo que es más cuestión de gestión empresarial», señaló Lera. Un maletilla del público, en el turno de preguntas, incisivo, afirmó «que la fiesta está perdiendo su autenticidad».

Pero la lidia no iba por ese tercio, así que Caballero la llevó a su terreno, a la suerte natural de la tertulia, preguntado a Belén Sanz, enóloga, por cómo templa los nervios cuando sale al ruedo con una nueva añada, como la que saca ahora al mercado, Dehesa de los Canónigos 2016. Pues, «sin el riesgo de los toreros, pero al igual que ellos, los nervios se templan con confianza», confianza «en tu vino, en que vas a salir airosa y a que va a obtener el triunfo», respondió Belén. Para tal culminación, su progenitor, Luis Sanz, señaló que «al igual que el torero tiene que tener coraje, al vino hay que hacer que tenga coraje para que llegue a término una buena crianza».

«Valladolid es 'poncista'», aseveró Sánchez Capellán recordando cuando fue testigo de la puerta grande «por la que salió Ponce junto a Manolo Sánchez en Valladolid en el debut del vallisoletano». Y en cuanto a Ponce, tal y como explicó Iván Sanz, «es un persona con valores, como la solidaridad; que ama el campo y ama el vino». Valores como el sacrificio y el gusto por la faena bien ejecutada, cualidades en las que se mira la bodega y por las cuales nombró al diestro valenciano vendimiador de honor de la cosecha 2012, dedicando una partida de vino para una causa solidaria que eligió el torero. Se le esperaba pero no pudo ser. El maestro Ponce no llegó a la tertulia y excusó su ausencia. Venía con el tiempo justo y por la tarde se vestía de luces para hacer el paseíllo en el coso de Zorrilla.