Festival dj en Valladolid: Y el estribillo pa' cuándo

El dj anima desde el escenario a los asistentes a la Plaza Mayor. /Alberto Mingueza
El dj anima desde el escenario a los asistentes a la Plaza Mayor. / Alberto Mingueza

La Plaza Mayor se convierte un año más en una gigantesca pista de baile, con una colección de dj's desde el escenario

Víctor Vela
VÍCTOR VELA

No hay estrofa, interludio, prolegómeno o preparativo. No hay felpudo que te de la bienvenida. No hay entrante, aperitivo, no hay prólogo o presentación. No hay rodeos. No hay suburbios. No hay tráiler ni telonero. Aquí solo hay estribillo. El puro estribillo. El imperio del estribillo. Si la x del tesoro es estribillo, el resto de la canción es quincalla y bisutería. En una fiesta como esta, en una noche así (ventosa ya de sudadera), no hay que perder el tiempo con acercamientos ni aproximaciones… de cabeza al estribillo, tú.

Parece la mesa de mezclas de un dj, cómo decirlo, el mostrador de una charcutería. Al aire, las vísceras todas de una canción. Los acordes son mollejas; las estrofas, gallinejas; son las melodías, zarajos y callos, mmm, el puente musical. Y ante ese espectáculo de casquería, se queda el dj con el estribillo, que como bien dice la rima es el solomillo de la canción. Eso lo adereza con una base molona, bien de graves, su puntito acelerado y su remezcla también. Y con eso, ale,ya está preparado el plato para servir a estos miles de jóvenes que bailan, gritan y fiestean en la Plaza Mayor. Desde las ocho, festival dj con el Conde Ansúrez in da house. A las 22:00 horas, la sesión se bautiza World Dance Music. A la medianoche, Máxima Puceladance. Y el fiestón se alarga hasta bien entrada la madrugada, aunque hoy no sea fiesta. Si hay algún vecino del centro que esta mañana se queja del ruido, que piense que al menos el miércoles C.Tangana fue un tipo considerado y a las once y cuarto ya había recogido bafles y voces pregrabadas. Para que luego digan.

El paisaje, en fin, parecidísimo al de años pasados. Más riñoneras cruzadas sobre el pecho, eso sí. Menos tobillos con calcetines. Más globos con luces led (son sensación este año). Mismas bolsas de súper con cola zero y alcohol (aunque este año haya que pagar el plástico).

En el emporio del estribillo, esta Valladolid de jóvenes guapos y estudiantes a punto de volver a serlo baila para despedir un verano que tan fugaz pasó. Adiós piscina, adiós playita, adiós terraza. Snif. Qué rápido lo bueno se acabó.

Sin tiempo que perder, ahí vamos todos, como ratitas al estribillo de Hamelín. No hay ganas de hacer cola, no hay paciencia para el 'escribiendo...' del wasap, no hay espera en la búsqueda de google. Este es el dominio del aquí y ahora, del lo quiero cuanto antes, del para qué voy a esperar (y el anillo pa' cuando). Si la vida es efímera, no perderé el tiempo aguardando lo que tal vez no llegue nunca. Se ha colado ese espíritu en la música y ya hay canciones que parecen todo estribillo. Escuchas quince segundos (uy quince) de una pista en Spotify y si no te gusta, adiós muy buenas, next. Los dj lo saben, por eso empalman estribillos. Por eso ofrecen colección de hitazos donde nunca suena completa la canción. Hay que apostar por la frase ganadora, el coro coreable, esa melodía pegadiza que todo el mundo querrá gritar. Todo está preparado para ese éxito musical. El punto g de la clave de sol. Si hay interludio, es cortito. Bases en bucle y, cada cierto tiempo, ritmo acelerado, un abismo de silencio, un precipicio en mitad de la sesión, apenas segundo y medio de vacío que funciona como señal para detenerse un instante. Y entonces… ¡llega el momento deseado! La parte chula, conocida, el momento indicado (porque todo parece pautado) en el que hay que levantar las manos y cantar, pegar botes con zapatos de calimocho y gritar. En tiempos fugaces y líquidos, este es el momento eterno del compartido lololó. Porque si el verano (que es el estribillo del calendario) está a punto de pegar portazo y se acabó, lo mejor es exprimirlo hasta la última corchea.

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