Una cita ineludible con la gastronomía de toda España

Una cita ineludible con la gastronomía de toda España
Ricardo Otazo

Las casetas regionales regresan al Real de la Feria convertidas en un punto de encuentro en el que disfrutar del ambiente y la buena comida

CÉSAR R. CABRILO

Las fiestas de Valladolid ofrecen multitud de cosas: quien quiere fiesta, solo tiene acercarse a la playa de Las Moreras o por los bares de la ciudad; a quien le gusta la música puede asomarse a la Plaza Mayor y disfrutar de los variados conciertos organizados por el Ayuntamiento y a aquellos que tienen gusto por la gastronomía pueden elegir entre ir a las casetas de la Feria de Día o bien acercarse a los aledaños del Estadio José Zorrilla para visitar las casetas regionales.

Pero lo bueno de estas casetas es que tienen algo mágico. En apenas unos segundos, uno puede transportarse de Valladolid a Andalucía o Galicia dando unos pocos pasos, que son los que separan una casa de otra. En unos escasos metros cuadrados se produce una fusión de tierras y sabores casi irrepetible.

Según te vas acercando al recinto, empiezas a percibir los olores de las 16 casas regionales que dan servicio este año. Una vez que llegas allí, los sentidos quedan hipnotizados y cuesta decidirse si ir a la Casa de Salamanca a por una pieza de hornazo por 2,5 euros o satisfacer sus papilas gustativas con un sabroso plato de migas aragonesas por 4,5 euros. Es tanta la variedad existente que se hace más que complicado decidir el aperitivo, la comida o la cena que puede degustarse en el recinto gastronómico.

Muchos son los que coinciden en que lo mejor para abrir boca es tomar una caña de cerveza y comprar unas patatas revolconas en la Casa de Ávila o unas papas ‘arrugás’ en la Casa de Canarias.

Al igual que en su día la Feria de Muestras, las casetas regionales se han convertido en un punto de encuentro en el que disfrutar del ambiente y la buena comida.

Diego Alonso, un vallisoletano que reside en Francia y se ha acercado a orillas del Pisuerga para disfrutar de las fiestas junto a sus más allegados, quedó en las casetas con sus amigos, a quienes hacía tiempo que no veía, para comer bien y compartir sus últimas experiencias.

Las casetas abrieron ayer, a la una de la tarde, y desde esa hora comenzó a haber un goteo constante de gente ansiosa por probar la diversidad gastronómica. La buena temperatura, sin un calor asfixiante, animaba a compartir mantel bajo las carpas, bien en el suelo, de pie o, los más previsores, en las sillas de camping. Para los vallisoletanos es ya casi una cita ineludible y para el resto, ya saben: quien guste, mesa puesta, porque para perder los kilos ganados durante el verano todavía se puede esperar una semana más.

 

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