Fallece de un infarto nueve horas después de la muerte de su hermano

Los hermanos Jesús y José María Pelaz, en una imagen reciente. /EL NORTE
Los hermanos Jesús y José María Pelaz, en una imagen reciente. / EL NORTE

«No ha habido dos hermanos más unidos que ellos, siempre estaban pendiente el uno del otro», explican sus hijos

Laura Negro
LAURA NEGROPEÑAFLOR DE HORNIJA

Dicen que no hay otro amor como el amor de un hermano. José María y Jesús Pelaz Pajares hacen verdad este dicho. Estos dos hermanos de 83 y 81 años, naturales de Peñaflor de Hornija, tenían una conexión tan especial, que ni la muerte ha logrado separarlos. Ambos fallecieron el mismo día, con horas de diferencia.

José María, el mayor, falleció a las 1:30 horas de la madrugada del pasado jueves 22, a consecuencia de una enfermedad que llevaba tiempo arrastrando. Jesús fue informado de la triste noticia a primera hora de la mañana. Poco después, sufría un infarto y fallecía a las 10.00 horas, mientras se preparaba para ir al velatorio de su hermano. Al parecer, «su corazón no pudo soportar la pena», cuentan sus allegados.

Sin duda, ha sido un duro golpe para esta familia peñaflorina que, pese a la tristeza por las dos pérdidas, les queda el consuelo «de que se han ido juntos, tal y como les hubiera gustado. Su unión les ha hecho superar muchos baches de la vida y no han querido separarse ni al morir», explicaban emocionados José María y Rosa, hijos de José María, tras el entierro de su padre y su tío. «Para nosotros ha sido un varapalo muy fuerte, pero creemos que lo mucho que se querían ha hecho que uno muera por el otro», añadían.

Toda la vida juntos. Hasta el final. Los coches fúnebres fueron a la par camino del cementerio, no en fila. Se llevaban tan solo dos años, lo que hizo que su unión fuera muy estrecha desde pequeños. Compartieron amistades, juegos, confidencias, trabajo y muchas aficiones. Ocupaban el segundo y tercer puesto en una larga familia de nueve hermanos. Al tener tantas bocas que alimentar, su padre, pastor de profesión, desde bien pequeños les enseñó el oficio para que pudieran aportar algo en casa.

Jesús continuó la tradición familiar y trabajó toda su vida como ganadero. José María, con los años, se hizo carnicero y también trabajó como operario en una fábrica. Ambos han llevado una vida tranquila, dedicada a su trabajo y a los suyos y les gustaba disfrutar de su pasión por el campo. Y siempre juntos.

«No ha habido hermanos más unidos que ellos. Siempre estaban pendientes el uno del otro. Nunca quedaban, pero siempre coincidían en el paseo. Era como si siempre tuvieran que estar juntos. Se parecían mucho físicamente y también en la forma de ser y en los gestos. Ambos eran testarudos, pero lo que más les caracterizaba era su gran nobleza», cuentan Javier y María Jesús, los hijos de Jesús.

Los dos octogenarios eran muy apreciados en Peñaflor de Hornija. El alcalde, Juan Antonio Gutiérrez, lamentaba su pérdida asegurando que «eran personas muy queridas y se les va a echar mucho en falta». Las exequias fúnebres por sus almas se celebraron el viernes en la iglesia parroquial de Santa María de Peñaflor de Hornija, donde acudió un gran número de vecinos, testigos todos ellos de este amor fraternal que mantuvo unidos a Jesús y José María hasta el final.

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