La explosiva mezcla de urgencia social, propaganda y marginalidad

Las 180 viviendas del barrio de Las Viudas, llamado en realidad Grupo Francisco Franco, se inauguraron en mayo de 1962 como promoción de renta limitada; muy pronto emergieron graves deficiencias materiales que empañaron su imagen

Vecinos del barrio de Las Viudas a principios de los 90./EL NORTE DE CASTILLA
Vecinos del barrio de Las Viudas a principios de los 90. / EL NORTE DE CASTILLA
Enrique Berzal
ENRIQUE BERZALValladolid

Presenta una suciedad alarmante, un saneamiento muy deficiente, sin arquetas y con emanaciones periódicas al exterior, unos tejados claramente destrozados, más de 30 árboles secos, que no se han repuesto este año, habiendo estado a cinco metros del lugar repoblado, alumbrado escasísimo o nulo, etc.». Esta amarga descripción del popularmente llamado barrio de Las Viudas, publicada en El Norte de Castilla el 2 de septiembre de 1983, quería ser también una llamada de atención a las autoridades municipales. Y es que ya entonces, su fisonomía de zona marginal, colmada de necesidades y desamparada por los poderes públicos, la habían convertido en uno de los lugares más inquietantes de la ciudad.

Con más de medio siglo de historia, Las Viudas concentra los ingredientes básicos de los barrios degradados de extrarradio. Su construcción, en 1962, obedeció a la urgente necesidad de satisfacer, con tanta celeridad propagandística como precariedad material, la acuciante carencia de viviendas que sufría la población más necesitada. En el caso de Las Delicias, este hecho era especialmente sangrante a finales de los 50, época en que se consolida su condición de barrio obrero en un Valladolid en plena expansión industrial. La explosión demográfica de la zona y el peligro que para el orden público suponía la presencia de una masa social insatisfecha aceleraron la construcción oficial de viviendas.

El barrio de Las Viudas se llamaba en realidad Grupo Francisco Franco y fue promovido por la Jefatura Provincial del Movimiento, conforme a la Ley de Viviendas de Renta Limitada de julio de 1954. Sus 180 viviendas se inauguraron el 6 de mayo de 1962. Como ese día también se celebraba el 25 aniversario de la unificación de Falange Española de las JONS y la Comunión Tradicionalista, el acto revistió un marcado carácter propagandístico. No solo por los inflamados discursos de las autoridades, que vendieron la promoción de viviendas como la demostración de que la Falange y Franco, triunfadores en la Guerra Civil, también estaban «ganando la paz», sino por las palabras del famoso párroco de las Delicias, Mariano Miguel López, quien no dudó en calificar al jefe del Estado de hombre «enviado por Dios». Como era costumbre, el acto terminó con la bendición de las casas y el reparto de los títulos a los beneficiarios, los cuales, como muestra la foto publicada por este periódico, eran en su mayoría viudas de «caídos» en la Guerra Civil; de ahí la denominación popular de «barrio o casas de las viudas».

Imagen del barrio de las Viudas en los años 70.
Imagen del barrio de las Viudas en los años 70. / Archivo Municipal

Finalizaba la crónica periodística señalando que «el señor Ruiz-Ocaña y restantes Jerarquías visitaron varias de las viviendas entregadas, recorriendo las habitaciones, y quedando muy complacidos», frase laudatoria de rigor que se compadecía mal con la realidad: las viviendas no solo presentaban un espacio más que reducido, con una superficie útil de 38 metros cuadrados, sino que la disposición de su interior, con cuatro habitaciones, cocina y baño, no tardaría en hacerse asfixiante.

Pero lo peor era lo que no se veía. Como ha escrito José Antonio Fernández en el libro 'Promoción oficial de viviendas y crecimiento urbano: el caso de Valladolid', la mala calidad de la edificación comenzaba por su débil cimentación, pues los bloques se construyeron mediante la excavación de una zanja que se rellenaba simplemente con zahorra; además, las tuberías eran de pésima calidad y la cámara de aire de las paredes terminaba rellena de cascotes y del cemento que se escurría por los tabiques, lo que, pasado el tiempo, provocaría la rotura del puente térmico y, en consecuencia, la anulación de su aislamiento. De ahí el cúmulo de humedades y filtraciones que han tenido que soportar los vecinos desde finales de los años sesenta, a lo que sumaba la falta de remodelación de muchos espacios y la existencia, todavía a mediados de los ochenta, de varias calles sin asfaltar.

Realojos

A medida que pasaron los años los inquilinos de Las Viudas fueron cambiando, mezclándose las ocupaciones ilegales de pisos con la estancia legalmente establecida, hasta que en 1993 se regularizó la situación de las 180 viviendas. El predominio de población gitana, evidente desde principios de los ochenta, se vio favorecido por los realojos de familias que vivían en chabolas cercanas, e incluso, según datos aportados por el 'Colectivo de Igual a Igual-Delicias', de otras procedentes de Barcelona, cuyas autoridades decidieron reubicarlas en 1992 para no «empañar» la imagen olímpica de la ciudad.

Luego vendría el aluvión de inmigrantes de Marruecos, Rumanía, Bulgaria, República Dominicana y Ecuador, fundamentalmente, sin olvidar la presencia de personas de avanzada edad con problemas de dependencia. En un estudio elaborado por el Centro Cívico de Delicias, Ángeles González de la Paz destaca el crecimiento poblacional del barrio en los últimos 30 años, lo que contrasta con el declive demográfico de Las Delicias en el mismo periodo. Así, los 13.765 moradores de la zona Caamaño-Las Viudas en 1986 ya eran 15.118 en enero de 2017. Los últimos datos conocidos aportan la cifra a 15.090 habitantes, de los que 1.303 (el 8,7%) son inmigrantes procedentes, mayoritariamente, de Marruecos, Rumanía, Bulgaria, República Dominicana y China.

La condición de barrio marginal y degradado de Las Viudas se explica por factores como el deterioro material de sus edificaciones –en lo que también ha incidido el uso indebido por parte de la población residente–, que no cumplen condiciones de accesibilidad y habitabilidad, la presencia de población marginal, la más que escasa inclusión intercultural de los colectivos que lo integran, y una aguda problemática social, que se ha traducido en enfrentamientos entre sus moradores y varios casos de delincuencia asociados, en ocasiones, al consumo y tráfico de droga a pequeña escala. De ahí que, tristemente, acontecimientos como los de la pasada nochevieja ya no sorprendan a casi nadie.