Los expertos ya advirtieron en 2013 de que «volvería a violar»

Pedro Luis Gallego sale de prisión en el año 2013. / EFE/Luca Piergiovanni

«Es como una silla o una papelera. Tiene carencia absoluta de afectividad y no se arrepienten de nada»

A. CORBILLÓNValladolid

«Cuando hablo con él no deja de repetirme 'va a matar a otra joven y otra familia volverá a llorar'». Él es Pablo Lebrato, padre de Leticia Lebrato, la joven vallisoletana violada y asesinada por Pedro Luis Gallego Fernández en 1992. Expresó así sus temores a Blanca Ruiz, presidenta de la Asociación Clara Campoamor, que defiende por toda España a familias víctimas de delitos sexuales, después de que Gallego Fernández fuera liberado. Y es verdad que, otra vez, varias familias habrán llorado por la repetición de los delitos sexuales de este preso reincidente. Pablo Lebrato lanzó sus temores desde el principio. En 1994 escribió al presidente del Tribunal Constitucional: «Al que firma una libertad condicional le deberían castañear los dientes pensando cuántas niñas y mujeres pueden caer esta vez. Pero no, la Administración penitenciaria es la culpable, por no tomar las garantías necesarias, Y debe resultarle más barato soltar que pagar».

El lamento de la familia Lebrato está avalado por las opiniones de los criminólogos. Cuando 'el violador del ascensor' salió de la prisión de Alcalá Meco (Madrid) el 14 de noviembre de 2013 después de cumplir apenas 20 de sus 273 años de condena, hubo consenso general. «Volverá a violar». «Es como trabajar con una silla o una papelera. Da igual que nazcan o se hagan. Tienen carencia absoluta de afectividad y no se arrepienten de nada. Ese plus de violencia les hace sentirse por encima de todo y de todos». Lo dijo una psicóloga penitenciaria que lleva 25 años en los programas de tratamiento y que reclama anonimato para no perjudicar su labor. En contra de la opinión de la calle, el 80% de los violadores no son reincidentes y responden razonablemente bien a los tratamientos en prisión. Hay programas específicos para ellos desde 1998. Pero no es el caso del agresor vallisoletano. Él estuvo integrado en esos grupos de apoyo cuando cumplia condena en Herrera de la Mancha. Pero abandonó pronto el tratamiento para acudir a un equipo externo. «Buscaba manipular a los psicólogos y eso en la cárcel es más difícil», concluyó la experta.

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Santiago Redondo, profesor de la Universidad de Barcelona y autor del primer informe en España sobre la evolución de los criminales sexuales tras su paso por la cárcel, insistió en que Gallego Fernández pertenece al 5% de «los casos irrecuperables». En sus estudios sobre la evolución de estos criminales sitúa el margen de riesgo en un 20%, aunque admite que «parece más fácil identificar aquellos casos que probablemente no reincidirán que aquellos que sí lo harán». En ese cupo también estaba fuera Pedro Luis Gallego.

Ante el regreso del agresor a la cruda realidad del delito, los expertos se acuerdan de las palabras del actual ministro de Justicia, Rafael Catalá, sobre la necesidad de recuperar la figura de la 'sentencia permanente revisable' en casos como éstos. El primero en situarla en el debate jurídico fue el entonces ministro Alberto Ruíz-Gallardón. «Empezamos a darnos cuenta de que la condena permanente revisable comienza a no ser una mala opción. Ajustar la condena a la evolución del interno es lo más lógico», coincidieron el criminólogo y la psicóloga penitenciaria cuando salió de la cárcel aquel 14 de noviembre de 2013.

Ya entonces se habían descartado en el debate abierto 'globos sonda' como la castración química, los programas de control con GPS o la libertad vigilada por agentes (modelo americano). Pero peor que todo esto es «llevarse las manos a la cabeza cuando ya no hay remedio», concluyeron.