«Por aquel entonces, si eras mujer y te casabas, tenías que dejar de trabajar»

Ascensión Tomillo, junto a su hijo Quique, sujeta los documentos de trabajadora de la Seguridad Social/Rodrigo Jiménez
Ascensión Tomillo, junto a su hijo Quique, sujeta los documentos de trabajadora de la Seguridad Social / Rodrigo Jiménez

Ascensión Tomillo ha sido testigo de la evolución del Instituto Nacional de la Seguridad Social, que cumple 40 años

LUCÍA CARRERAVALLADOLID

Ascensión Tomillo Modrovejo nació en Valladolid hace 90 años. Hablar con ella es entrar en la cápsula del tiempo de una España ya lejana y muy distinta a la que vivimos en la actualidad. Fue una adelantada a su época y, seguramente, uno de los reflejos de cómo las mujeres han conseguido, en menos de un siglo, recorrer una larga distancia para acercarse a la igualdad con pasos firmes.

Ascensión comenzó a trabajar como funcionaria interina en el antiguo Instituto Nacional de Previsión, predecesor del actual Instituto Nacional de la Seguridad Social, en el año 1945, con 17 años. Dos años después, conseguía su plaza fija y entraba a formar parte del cuerpo de funcionarios de la Administración Pública española que, desde 1918, con el Estatuto de Murillo, gozan de inamovilidad para proteger su imparcialidad e independencia frente a cualquier presión exterior.

En el año 1957, contrajo matrimonio con un compañero de el Instituto Nacional de Previsión y, como dictaba La Ley de reglamentaciones de 1942, tuvo que abandonar su puesto porque, «por aquel entonces, la mujer al casarse tenía que dejar de trabajar».

En 1961 se recogió el principio de igualdad de derechos laborales para ambos sexos, por lo que Ascensión podría haberse incorporado de nuevo a la Administración. Sin embargo, explica que «no fue hasta dieciséis años después cuando nos dejaron volver, a mi y a las compañeras que también se habían casado».

«Nos examinaron de nuevo en Madrid, tuve que estudiar de nuevo porque todo había cambiado. En los años que perdí, habían ascendido todos los funcionarios que empezaron conmigo», cuenta. Aunque también asegura que siempre realizó las mismas tareas que los hombres que estaban a su alrededor y nunca sintió que nadie dudara de su capacidad para realizar sus funciones como cualquier otro trabajador.

Ascensión sacó la plaza de lo que hoy sería técnico de la Seguridad Social. Explica que algunas de las mujeres que sacaron la plaza a la vez que ella y se casaron no volvieron a trabajar, del mismo modo que hubo mujeres que renunciaron a casarse y a formar una familia para no perder la independencia económica que les aportaba el empleo.

Ella volvió de nuevo porque tuvo cinco hijos que «estudiaban en colegios privados. Si queríamos que siguieran yendo a esos colegios, yo tenía que ponerme a trbajar. Era la única manera de la que nos lo podíamos permitir». Admite con contundencia que «la educación de mis hijos era lo primero y, gracias a que yo trabajé, todos mis hijos pudieron estudiar y han salido adelante». En la sociedad de aquellos tiempos, no fue fácil convencer a su marido para volver a su puesto, «tuvimos algunas discusiones y lo llevaba un poco mal, porque además yo ganaba más que él».

Del lápiz tinta al ordenador

La Administración española, el país en sí mismo y el mundo entero han sido testigos de un cambio tecnológico de grandes magnitudes. Ascensión pasó del lápiz tinta, cuando entró a su puesto, a la máquina de escribir y, poco antes de 1993, año en el que se jubiló, fue testigo de la implantación de los ordenadores, aunque «no quise aprender a usarlos y me arrepiento. No sabía lo importantes que se volverían».

La Seguridad Social de ayer

La situación de la Seguridad Social en la actualidad difiere mucho de aquella incipiente en la que empezó Ascensión Tomillo, basada sobre todo en medidas proteccionistas para aquellos con menos recursos y que no ganaran más de lo que establecía la ley. Su trabajo era denso, «nosotros llevábamos todo: los hospitales, las nóminas de los médicos, lo relativo a medicamentos. Es decir, absolutamente todo».

La transición y el paso del Instituto Nacional de Previsión al actual Instituto Nacional de la Seguridad Social, que hace cuarenta años de su implantación en 1978, no se vivió con brusquedad. «No notamos la transición con demasiada intensidad. Se produjeron cambios, eso sí, pero en mi día a día laboral no se notaron demasiado», recuerda Ascensión.